El boludo de ocasión
13 de junio de 2026
Mientras el foco sigue puesto en Adorni, los mercados celebran una baja del riesgo paÃs, los bonos soberanos de nuestro paÃs mejoran rendimientos, el endeudamiento externo vuelve a asomar y el FMI renueva demandas que intentan poner en jaque la economÃa cotidiana de millones de compatriotas.
El sainete que rodea el golpe de suerte de Manuel Adorni parece obstinado en seguir ocupando el centro de gravedad de las consideraciones políticas de la Argentina.
Hace tres meses que se insiste en la zonza idea de andar dandole vueltas a las tropelías de un zonzo. Decíamos en marzo de este año que “Manuel Adorni quedó a un estornudo de tener que ser formado en una escuela de educación especial. El insulto a la racionalidad nacional es que, con sus inocultables dificultades, sea el jefe de gabinete de ministros de la Nación.”
Y aún así, el sistema político y la circulación mediática de la narrativa de las tensiones políticas de nuestro país, han decidido poner el centro de gravedad de las discusiones, en las zonzeras de un zonzo, exponiendo el subsuelo de racionalidad en el que se encuentra paralizado el dabate político en la Argentina.”
Diputados piden interpelación, senadores anuncian moción de censura. Desde las filas del autoproclamado peronismo, afirman la necesidad de “reivindicar las instituciones”. Todo el sistema político argentino, una vez más, se pone en movimiento. Como queriendo ocupar la escena. No para cambiar el rumbo del país, sino para perseverar en la tarea de no discutir nada que afecte el funcionamiento de la colonia.
Mientras el foco se deposita en Adorni, los mercados celebran una baja del riesgo país, los bonos soberanos de nuestro país mejoran rendimientos en el extranjero y el endeudamiento externo vuelve a asomar en el reflejo de los colmillos del poder económico financiero, mientras el FMI renueva demandas que intentan poner en jaque la economía cotidiana de millones de compatriotas.
La democracia que el liberalismo nos legó como tabla inquebrantable para sostener una caricaturesca República, es capaz de retorcerse hasta el paroxismo de esta distopía orwelliana. Un modelo donde el tonto del pueblo —con perdón, pero hay que nombrarlo— logra ser reconocido como emergente válido para liderar los destinos políticos y económicos de esta, nuestra Patria. Al menos en la ficción del sufragio, en la impostura de las instituciones, en el simulacro de los atributos.
Javier Milei no gobierna la Argentina. Apenas la preside. Aprovecha la atención que su cargo genera para profetizar una ideología extremista, añeja y sin cotejo empírico en ningún rincón del planeta. Encubre sus enfermedades psiquiátricas detrás de un muro levantado por un sistema corporativo mediático que lo critica por las formas, sin jamás cuestionar su salud mental. Los grupos económicos que responden a los intereses geopolíticos de Estados Unidos simulan que Milei es una autoridad política, le cumplen las pleitesías que los atributos demandan y aprovechan este tiempo para elaborar y ejecutar, al detalle, un programa planificado de decisiones que no tienen un corno que ver con la ideología delirante que el presidente expone, pero que sirven para radicalizar el saqueo de la riqueza de nuestra Patria.
La prueba más reciente de este divague místico la dio el propio Milei en el CCK, durante un homenaje al Rebe de Lubavitch organizado por Jabad Argentina. Allí, con una convicción que asusta por lo poco que se parece a la cordura, el presidente sostuvo que "el capitalismo de libre empresa es el sistema que Dios preparó a través de su ley para que, después de la caída, el trabajo continuara". Y profundizó: "No lo inventó el hombre, el hombre lo descubrió al obedecerlo. Está escrito en los diez mandamientos, en el orden moral que el creador estableció antes que cualquier otra cosa".
Por si alguien se atreviera a interpretarlo como una metáfora, aclaró sin vueltas: "Esto no es una metáfora ni una analogía. Es una correspondencia estructural que quiero destacar". "Las condiciones que el capitalismo necesita para funcionar están escritas en los 10 mandamientos". Y coronó: "La libertad no es una conquista humana, es un don divino".
Un delirante ocupando los atributos del gobierno de un país, unos oportunistas asaltando la cosa pública y un puñado de perfectos desconocidos, planificando milimétricamente la implementación de un estatuto legal del coloniaje, que el sistema político en su conjunto no puede procesar más allá del escándalo, el trending topic, o la boludez que lo enajene de toda discusión seria.
Y todo facilitado por el funcionamiento eficaz de un sistema democrático liberal al que absolutamente nadie se anima a firmarle su certificado de defunción.
En el medio de todo este desaguisado, la inocultable crisis política de un desgobierno que pretende ser resuelta con la producción sistémica de una respuesta en el plano de la ética institucional, con el objetivo de asegurar la continuidad del funcionamiento del sistema de administración colonial.
Y ocultada por cada nueva bobada de los bobos, una situación social que se desmorona a espaldas -incluso- de los que padecen un tiempo de oprobios y carencias.
En definitiva, como sostuvo el filósofo Miguel Barreiro, orbita en este nuevo tiempo una “pedagogía del desinterés” que se construye “en los feeds personalizados, en los algoritmos que jerarquizan emociones, en los titulares que seleccionan qué muertes importan y cuáles no”, por que en definitiva “las élites digitales han comprendido que un ciudadano distraído, saturado y emocionalmente anestesiado es mucho más fácil de gobernar. La sobreexposición a imágenes, datos, estímulos y urgencias fragmentadas no educa: entorpece, entumece, desgasta. Y esa insensibilidad se transmite sin que lo notemos.”
Crisis y distopías
Hay una porción cada vez mas importante de humanidad que se acostumbró peligrosamente a vivir sin autonomía.
Agarran el teléfono en cada segundo de vacío que los rodea. Consultan el mismo feed una y otra vez sin saber muy bien por qué, hasta que en medio del scroll infinito, se sorprenden porque hay algo en ese teléfono que sabe mejor mucho mejor que ellos mismos, lo que esa persona necesita escuchar, comprar, creer u opinar.
Facebook te recuerda cosas que no recordaba, Instagram te muestra lo que no sabías que necesitabas, TikTok repite hasta el cansancio que si no volves a mirar ese video, compartirlo con otros y volver a mirarlo para volver a comentarlo, seguramente te asalte el aburrimiento y la ansiedad.
Twitter/X te muestra selectivamente a quién tenés que odiar. Y en quien te tenés que apoyar, para odiar mejor al que tenes que odiar.
Las dudas te las saca google, y si sos una persona formada, la inteligencia artificial.
Y si te querés escapar del laberinto, intentás razonar con otra persona que vio los mismos reels, consultó diez veces el feed, se peleó con las mismas personas en twitter/x y compró lo que necesitaba tras ver una tienda muy bien diseñada en Instagram.
Y cada dato, milimetricamente calculado, cuidadosamente procesado por alguna IA, nutre los algoritmos que diseña una maniobra descomunal de ingeniería social para moldear las voluntades individuales y colectivas de las sociedades occidentales, para satisfacer las extravagancias filosóficas de un Peter Thiel, que para peor de los males, se mudó a la Argentina.
Una porción muy grande de humanidad, ha sacrificado formación intelectual, salud mental y autonomía de la voluntad, en el altar algorítmico de un puñado de multimillonarios que transformaron toneladas de dólares de inversión pública en desarrollo tecnológico, en una bomba de rentabilidad privada que financia el desarrollo económico, político y filosófico de aquellos que se pretenden la superación del sistema que los hizo nacer y alimentarse.
La tecnología que se pensaba para hacer más fácil la vida de la humanidad, se pretende instrumento para sustituir primero, y suprimir luego, la variable disonante de este negocio. La humanidad.
Esto que puso en discusión el Papa León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas, tendría que haber sido puesto en tensión por los sistemas políticos víctimas de ésta dependencia brutal. El periodista español Eduardo Infante sostuvo en relación a ésta que “La política, que debería ser el espacio institucional de esa deliberación, ha capitulado ante el paradigma temporal que la encíclica critica. Los ciclos electorales han colonizado el tiempo del pensamiento político: hoy se gobierna en modo reactivo, respondiendo a la última encuesta, al último escándalo, al último trending topic. La demora —ese espacio entre el estímulo y la respuesta donde ocurre el juicio— ha sido expulsada de la vida política. Nadie escucha. Nadie se hace cargo de lo que dice.”
Una Patria que avanza inexorablemente hacia una crisis fundante
La economía nacional está sostenida en un ciclo brutal de endeudamiento externo, atada a los lineamientos de un FMI que condiciona más allá de las finanzas y exige que la riqueza nacional esté al servicio de los intereses geopolíticos de sus patrones occidentales. Todo ello en el marco de un alineamiento obsceno con potencias en franco retroceso —o secuestradas por supremacismos como el de la entidad infanticida sionista— que auguran poner en riesgo la integridad nacional en guerras ajenas.
La subordinación ha contaminado los resortes del Estado y hegemonizado todo proceso productivo local. Una economía dependiente y una administración colonial de los dispositivos institucionales ubican la soberanía política y la independencia económica en los márgenes irrelevantes del debate público.
Mientras tanto, un pueblo sometido a las consecuencias notables de una guerra cognitiva exhibe una desintegración comunitaria preocupante. Desafección por los procesos históricos, crisis de representación que desborda a los dirigentes, y una democracia reducida al ritual vacío del sufragio. La crisis no desaparece por indicadores fraguados ni por relatos de crueldad que se pretenden imponer como sentido común. Urgencias y emergencias sociales que no siempre se traducen en conflictos visibles, pero que permanecen latentes en el dolor que respira todo ámbito comunitario que aún resiste.
Crisis cultural, social, económica y política. Se agiganta en el horizonte de nuestra Patria con la profundidad de esas tragedias que la historia repara mediante procesos fundantes, ciclos de grandes transformaciones.
En este contexto, la única victoria que puede construir el peronismo ante la ofensiva que lo atraviesa es aprovechar la oportunidad histórica de recuperar su naturaleza ansiosa de poder, su convicción profunda de apego doctrinario a los elementos constitutivos de la liberación nacional y social, y su sentido revolucionario para poner las banderas históricas en su correcto lugar.
Porque, digámoslo sin vueltas: el pelotudo de Adorni no es el problema. Es apenas la excusa para profundizar la disfuncionalidad de un sistema, para organizar la indignación selectiva y permitirle alegremente a la oposición autoproclamada peronista, transitar con denuncias abstractas el desierto ideológico que la atraviesa.


