Estupideces y desafÃos
04 de abril de 2026
Javier Milei y Donald Trump: dos emergentes de este tiempo. Ambos son el botón de muestra del modelo de sociedad occidental que depara la época y que descarta voluntariamente la capacidad de pensar. Un planteo concreto sobre la necesidad de romper con el ciclo actual de retroceso humano y el desafÃo de proyectar un destino de felicidad en nuestra Patria.
En un mensaje anunciado y publicitado durante horas, Donald Trump aseguró que la guerra con Irán estaba llegando a su fin, en razón de estar próximos a concretar “un cambio de régimen” que jusitificaba la agresión militar con la que iniciaron la guerra.
Horas después, Irán derribaba un avión F15 sobre espacio aéreo iranà y un A-10 Warthog en el estrecho de Ormuz. Dos helicópteros UH 60 Blackhawk estadounidenses que se aproximaron en misión de rescate, también fueron derribados por las fuerzas iranÃes. Trump aseguró que, pese a dichos eventos, el diálogo para el cambio de régimen se encontraba en plena vigencia.
Unos dÃas atrás, en una cumbre de las fuerzas republicanas que conduce y ante la prensa estadounidense, el presidente estadounidense dijo que Irán se encontraba en una desesperación tan profunda que “me ofrecieron ser su lÃder supremo”.
En los albores de esta semana santa, con motivo de un encuentro en la Casa Blanca, la pastora y telepredicadora Paula White, responsable de la “Oficina de la Fe” designada por Trump, lo comparó con Jesus, señanando que “Jesús nos mostró que un gran liderazgo y que una gran transformación requiere de grandes sacrificios. Y, señor presidente, nadie ha pagado un precio como el que tú has pagado. Casi te cuesta la vida. Fuiste traicionado, y arrestado, y falsamente acusado. (...) El tercer dÃa se levantó, derrotó al mal y venció a la muerte junto al sepulcro. Y gracias a que se levantó, todos nosotros sabemos que nos podemos levantar. Y gracias a su Resurrección tú te levantaste. Gracias a que él resultó victorioso, tú resultaste victorioso. Y, gracias a su victoria, tú vencerás en todo aquello en lo que pongas tus manos”.
El propio Trump, en dicho evento, sostuvo: “el Domingo de Ramos, Jesús entró en Jerusalén mientras las multitudes lo recibÃan con alabanzas, honrándolo como a un rey. Ahora me llaman rey a mÃ. ¿Lo podés creer?”.
“Las tonterÃas de Trump no merecen atención” replicó Irán como contestación oficial en reiteradas oportunidades.
Sucede que si uno proyecta la mirada un poco mas allá de la propaganda que asfixia el debate público en el mal llamado “Occidente”, lo que pasa en éste rincón del planeta resulta absolutamente inexplicable en términos de racionalidad.
La imbecilidad flagrante en las clases dominantes, la prepotencia anti-ilustración de las corporaciones tecnológicas que concentran la atención humana en este rincón del planeta, el antiintelectualismo que vulgariza el sentido común, son la exteriorización del ocaso imperial que pretende arrastrar un destino civilizatorio más profundo que su propia historia.
Todo imperio atraviesa su tiempo de emergencia, su consolidación y su declino hasta el colapso. Estados Unidos, carente de órden interno, con las formas de organización polÃtica mundial auto transgredidas y un declino cultural pocas veces visto, ha perdido su rol de hegemón mundial y transita dÃas aciagos para consolidar su influencia en el territorio donde antes florecÃan colonias.
En nuestra Patria, tristemente, aún se proyecta una imagen de un Estados Unidos que ha dejado de existir a la mirada de la mayorÃa del mundo. La subordinación polÃtica asumida por las clases dominantes que se favorecen mientras la presidencia de Javier Milei logra mantenerse a flote, contrasta en forma notable con la salud polÃtica, económica, social, militar y cultural de un Estados Unidos en franco colapso.
La idiotez ha logrado hegemonizar la producción polÃtica en un contexto de democracia liberal atrofiada de participación popular y elitizada en sus prerrogativas. Y en nuestra Patria, quizás, se exhiba esta realidad en forma despiadada.
Posverdad y estupidez
“La pobreza bajó al 28%” sostuvo el gobierno en base al último emergente estadÃstico del Instituto Nacional de EstadÃstica y Censos.
En efecto, el INDEC informó este martes que, en el segundo semestre de 2025, la pobreza fue del 28,2% y la indigencia marcó un 6,3%, los datos más bajos para cada uno de los Ãndices desde 2018.
Si el retroceso en el empleo registrado, los niveles escandalosos de endeudamiento familiar, la caÃda del consumo, el retroceso de la industria y el comercio, la pérdida de salarios en el sector registrado y el empleo público hacen entrar en duda las afirmaciones sobre la baja de la pobreza, la respuesta de época es que, dicho indicador, se asienta en el gran crecimiento salarial que han tenido los que hacen changas, aquellos que trabajan en negro o los que sobreviven inventandose un ingreso cotidano.
El relato de la baja de la pobreza contrasta con la realidad de la enorme mayorÃa, pero la alquimia estadÃstica, autoriza la reproducción de la noticia en forma mediática, la exageración virtual de la secta de subnormales que acompañan al presidente y con ello, en esta democracia de la idiotez, logran consolidar un clima de apabullante disociación social de los pobrlemas que se enfrentan de la dinámica de producción polÃtica del paÃs.
Un tiempo para recordar que "Idiota", del griego idiotés, significaba en la Grecia clásica aquel que se desentiende de los asuntos de la comunidad, el que vela por sus intereses particulares y cree que lo público no le afecta.
Según esa misma concepción griega, el hombre es un animal polÃtico porque tiene palabra para manifestar lo justo y lo injusto, y "la participación comunitaria de esas cosas constituye la casa y la ciudad". Quien se niega a ese intercambio, quien prefiere pastar en su propio prado en lugar de conversar, ese es el idiota. No es que no pueda entender; es que elige no hacerlo.
Hoy Occidente ha perfeccionado esta figura. No solo la tolera: la celebra, la multiplica y la eleva a arquetipo ciudadano. La democracia liberal contemporánea, en su versión más degradada, ha logrado que las sociedades descarten la inteligencia, desprecien la producción de conocimiento y relativicen la propia verdad. Asimilamos contradicciones que hasta un idiota del siglo V a.C. podrÃa reconocer como tales. Y dos emergentes de este tiempo, Javier Milei y Donald Trump, actúan como espejos deformantes pero fieles de esa mutación.
Los griegos argumentaban que la democracia no era solo un sistema de votación, sino un modo de vida basado en la palabra compartida. Por eso el idiota era un peligro público: no porque fuera estúpido, sino porque su indiferencia corroÃa el tejido que permitÃa distinguir lo justo de lo injusto. Hoy hemos invertido los términos. El idiota es el modelo de ciudadano: el que no lee, el que no contrasta, el que consume información como quien pace en el mismo prado sin levantar la vista. Y los lÃderes que emergen de esta cultura no son otra cosa que idiotas mayores, idiotas con micrófono, que han convertido la estupidez en método y la contradicción en carisma.
Occidente logró asà lo que ninguna tiranÃa habÃa conseguido: que las sociedades descarten voluntariamente su capacidad de pensar.
Rupturas indispensables
Es absolutamente necesario romper con este ciclo de retroceso humano que caracteriza el tiempo que se atraviesa en nuestro paÃs.
Vivimos un tiempo pletórico de oportunidades para volver a pensar nuestra Patria, proyectar un futuro de grandeza y edificar un destino de felicidad para nuestro pueblo.
En definitiva, mas allá de la estupidez de Donald Trump y de Javier Milei, hay un mundo disputando una nueva forma de organizar los destinos de sus formas de producción polÃtica.
En tiempos en que la segunda Guerra Mundial abrÃa paso a una nueva forma de organizar el mundo, nuestra Patria, el sentido de nuestro nacionalismo y las urgencias populares gestadas en tiempos de infamia, hicieron parir al peronismo y una forma de producción polÃtica que ponÃa la felicidad de nuestro pueblo y la grandeza de nuestra nación en el centro de los objetivos estratégicos.
Una forma de ver el mundo desde nuestros porpios zapatos, una forma de reivindicar la dignidad desde el paradigma de la Justicia Social, una forma de enfrentar a las minorÃas desde una mayorÃa convocada a una épica.
Y un mito fundante, aquel 17 de octubre de 1945, nacido desde la respuesta de un subsuelo de la Patria que se sublevaba ante el encarcelamiento del catalizador de aquel momento histórico, Juan Domingo Perón.
Hay tiempos en que asomar la mirada al mundo se transforma en un actividad peligrosa, decÃamos al comenzar a dar los primeros pasos de este editorial. Peligrosa, pero necesaria. Indispensable, si además le sumamos el tiempo de oportunidades que nos ofrece la dinámica de nuestra coyuntura.
Es un tiempo en que las ofensivas que recibe nuestro pueblo, debiera ser una oportunidad para resistir, reorganizarse y acumular poder, encausar debates con perspectiva de futuro y romper con la inercia que acompaña la apatÃa polÃtica que caracteriza éste tiempo de ocaso de la democracia liberal.
No alcanza con la nostalgia de la reivindicación de un pasado que parece atrapado en la añoranza de aquellos que atestiguan las conquistas acontecidas hace más de una década.
No alcanza con la catarsis sobre los personajes inimaginables que acompañan al circo de subnormales que acompañal al presidente, ni atribuirles una autoridad de la que carecen o la responsabilidad por actos de los que sólo ofician de catalizadores. Es tiempo de análisis, de diagnóstico profundo sobre la extranjerización de nuestra economÃa, sobre la hegemonÃa de los grupos económicos sobre el desarrollo nacional y de la parasitación de los especuladores sobre nuestra riqueza futura.
Este tiempo de emergencias, nos impone la urgencia de pensar la refundación de nuestra Patria, la gestación de una nueva independencia. Obliga a la militancia a pensar un sistema que reemplace a la institucionalidad viciada que caracteriza la actual democracia liberal, algo que el mundo viene procesando sin temores ni subordinaciones.
Es tiempo de obligarnos a pensar el futuro en forma desafiante.


