La ofensiva colonial y el fin de la metáfora
13 de diciembre de 2025
Se terminaron los esfuerzos por enmascarar las pretensiones norteamericanas en la nueva ofensiva regional. Doctrina Monroe actualizada, saqueo explÃcito que autoriza a las élites económicas locales a apropiarse de parte de ese excedente y un horizonte que aparece con la urgencia de construir una alternativa que desafÃe estos niveles de colonialismo y extranjerización; que sea capaz de recuperar la capacidad del Estado y poner en el centro las necesidades de un Pueblo diezmado.
El 6 de enero de 2025 la recientemente galardonada con el Nobel de la Paz, MarÃa Corina Machado, presentó ante el entorno de Donald Trump la tesis que ubicaba a Nicolás Maduro como lÃder del Tren de Aragua, una presunta banda dedicada al narcotráfico.
La narrativa fue abrazada por el gobierno de Estados Unidos, quien designó a la organización como terrorista, fabricó luego la hipótesis de un “cártel de los soles”, en el que Trump ubica miembros de distintos rincones de Nuestra América de acuerdo a la oposición que presenten ante los planes colonialistas yanquis.
Con esta pueril excusa, Estados Unidos mantiene militarizado el Mar Caribe, ataca pescadores en aguas internacionales, asesina ciudadanos extranjeros en nombre de un combate al narcotráfico que no resiste el menor análisis y lo explica con argumentos que insultarÃan a la racionalidad mÃnima con la que se edificarÃa el sentido común si no hubiera sido derrotado en la guerra cognitiva librada contra los pueblos de Nuestra América.
“Vamos a privatizar toda nuestra industria. OlvÃdense de Arabia SaudÃ, tenemos más petróleo. Vamos a abrir muchos mercados” decÃa MarÃa Corina Machado en perfecto inglés ante un entrevistador yanqui hace algunos meses.
El comentario no sólo expone el cipayismo de la entrevistada, también desnuda su interpelación directa a los intereses norteamericanos, que contabilizan entre sus reservas energéticas a Vaca Muerta y precisan avanzar en la captura de las reservas venezolanas para poder construir equivalencias con una OPEP que determina precios con independencia de las pretensiones yanquis.
La metáfora de llevar guerra para asegurar la libertad y la democracia ha perdido terreno en esta modernidad en la que pensar parece una jactancia intelectual.
Estados Unidos enmarca esta ofensiva con la publicación de su Estrategia de Seguridad Nacional, en la que toma decisiones que involucran al conjunto del “hemisferio” como ellos denominan a Nuestra América, y exponen una actualización vulgar de la Doctrina Monroe con la que en 1823 James Monroe estableció que América les pertencÃa.
Sin pretensión de esconder nada, Donald Trump señala en el documento presentado hace una semana que “después de años de negligencia, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preminencia estadounidense en el hemisferio occidental y para proteger a nuestra patria y nuestro acceso a sus geografÃas a través de la región”.
Esta reafirmación incluye negar “a competidores no hemisféricos la habilidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de adueñarse o estratégicamente controlar bienes vitales en nuestro hemisferio”, lo cual se presenta como un “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe, el cual supone “una restauración de sentido común potente del poder estadunidense y sus prioridades, consistente con nuestros intereses de seguridad”.
El uso del concepto “Corolario Trump”, trae al recuerdo el “Corolario de Roosvelt” con el que se conoció la polÃtica del “Gran Garrote” con el que se actualizaba aquella Doctrina Monroe.
No existe el más mÃnimo esfuerzo en enmascarar las pretensiones de esta nueva ofensiva regional, en la que se utiliza la amenaza de invasión o la manipulación de los sufragios a los que limitaron la idea de la democracia que lograron exportar, como armas para el condicionamiento geopolÃtico de una Patria Grande infinitamente más rica y con mayores potencialidades en clave de construcción de un polo de poder polÃtico independiente de la decadencia norteamericana.
La estrategia de Estados Unidos para enfrentar el avance de los polos de poder que condensan el emergente ruso y la actualidad china, es asumir como estrategia prioritaria la captura de los Estados Nación al sur del RÃo Bravo.
Han abandonado la prioridad de construir consensos locales con los emergentes polÃticos que durante décadas cultivaron en cada uno de nuestros paÃses y que conforman la dinámica de funcionamiento de un sistema polÃtico que sigue abrazado a la farsa democrática como motor constitutivo de su propio sentido.
La única zanahoria con la que acompañan el garrote, es autorizar a las élites económicas locales que se subordinan a sus cadenas de suministro, a apropiarse con más o menos violencia del excedente que produce el saqueo que llevan adelante.
En ese contexto se inscribe la ofensiva local que pretende funcionalizar el sistema polÃtico argentino para asegurar una reforma laboral que atienda a las demandas históricas de las grandes patronales que multiplican rentabilidad en sus balances a expensas del sacrificio de sus trabajadores; la ofensiva por conquistar impunidad para la evasión impositiva y la fuga de capitales; la ofensiva por desmantelar el Estado para capturar en las finanzas los impactos presupuestarios, la ofensiva por roformar un Código Penal para asegurar el ultrapunitivismo en la defensa de los privilegios y las asimetrÃas.
La ofensiva norteamericana sobre nuestra tierra y la prepotencia del poder económico sobre nuestro pueblo, nos exige doblegar el esfuerzo por construir niveles crecientes de resistencia popular frente al avance del saqueo.
En el horizonte cercano, aparece la tarea de comenzar a edificar la respuesta polÃtica a la altura del saqueo se nos ofrece como iniciativa sistémica. La movilización popular precisa volver a exhibirse como herramienta para catalizar los miles de conflictos que van naciendo al calor del ajuste y el saqueo. La calle, naturalmente, es el punto de encuentro para edificar un programa a la altura de las responsabilidades históricas para el movimiento popular. Sin dudas, la movilización a Plaza de Mayo del pasado cinco de diciembre, es un sÃntoma saludable entre tanta atomización y parálisis.
En el horizonte mediato, al calor de la calle, debe consolidarse un programa que desafÃe la extranjerización de nuestra economÃa, que recupere la capacidad del Estado de planificar la economÃa, que diseñe estrategias de producción popular para poner las necesidades comunitarias como eje central de la inversión pública, que recupere el control de los recuros estratégicos para diseñar el desarrollo industrial nacional a la medida de las necesidades de nuestra Patria y no del extranjero.
Abrir una cerradura al futuro, que nos permita mirar más allá de este tiempo plagado de horrores presentados como postales de un año tremendo.


