Persecución y desafÃos
14 de junio de 2025
La Corte Suprema de Justicia, sin sorpresas, ajustó un poco más la precaria vida institucional de la Argentina. Una situación que exhibe con claridad la revancha polÃtica de una élite que no tolera el ciclo de conquistas edificado en la salida de la crisis neoliberal. La reacción de la dirigencia polÃtica y los desafÃos que, necesariamente, habrá que atravesar hacia adelante.
La Corte Suprema, sin sorpresa para nadie, terminó de garabatear el epilogo de la persecución polÃtica sobre Cristina Fernández de Kirchner. Sin grandes esfuerzos, y con el tono precario de esta época, tradujeron en sentencia el esforzado camino de convertir la mentira en axioma moral.
Sin esconder sus vergüenzas, en un fallo que los reduce a actores secundarios en el reparto de la farsa institucional, cumplieron con el mandato vociferado por los grupos económicos y sus estructuras empresarias de la comunicación y confirmaron una condena bochornosa que deja a la dos veces presidenta al borde de ser intimada a comenzar a ejecutar una pena de prisión.
A las apuradas, también, confirmaron la pena de inhabilitación que establece la proscripción de la presidenta del partido Justicialista, que no llevaba una semana aún de anunciada su candidatura para el próximo capÃtulo electoral.
Una situación de extrema excepcionalidad irrumpe en plena coyuntura polÃtica, exhibiendo que la dinámica institucional en nuestro paÃs está al servicio de la revancha polÃtica de una élite económica que no tolera, siquiera, el ciclo de conquistas edificado en la salida de la crisis neoliberal por los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.
Y aún asÃ, la producción polÃtica de la clase dirigente que empuja al peronismo a la moderación y la disciplina institucional con una democracia raquitizada, no puede aprovechar la oportunidad que significa este nuevo capÃtulo de la persecución, para resignificar el sentido histórico de un movimiento nacional que hace una década no encuentra el tono adecuado para dialogar en clave representativa con nuestro Pueblo.
El fallo que sà salió
Hace poco más de dos años le pusieron una pistola en la cabeza a Cristina Kirchner. Dos veces presidenta, conducción del movimiento polÃtico que hegemonizó la dinámica de gobierno argentino de los últimos 20 años. La que dejó la presidencia rodeada de Pueblo en una Plaza de Mayo inédita, que cedió el mando bajo los estrictos protocolos de una democracia formalizada, pero que rige la dinámica de los asuntos polÃticos del paÃs, y retornó al Poder Ejecutivo -cuatro años después- como vicepresidenta de un gobierno votado por la mayorÃa de los que pisan este suelo.
Una tarde del arranque de septiembre de 2022, alguien puso su dedo en el gatillo y apretó. La bala no salió, y apenas atenuó la dimensión del impacto.
“La bala que no salió y el fallo que sà saldrá” publicó el grupo ClarÃn difrazado de columna de opinión apenas consumado el intento de magnicidio.
Dos años pasaron de aquella amenaza que no encontró la respuesta adecuada, ni en el liderazgo polÃtico atacado, ni en el diezmado entramado militante que sublimó la acción polÃtica a las necesidades de los dirigentes que los representan.
Dos años y meses desde aquel preludio de esta coyuntura, momento en que dejamos al desnudo nuestros lÃmites y debilidades. Que exhibió que aquel nervio militante que pensábamos con capacidad de respuesta a la dimensión de los acontecimientos, no pudo sortear sus propios amarres a una sobreinstitucionalización de sus actos. Un ciclo de producción polÃtica con muchas más denuncias que acciones. Focalizando preocupaciones en los asuntos de acomode electoral. Dos años de arrastre de moderación y mesura, poniendo en riesgo legitimidad y representación polÃtica.
Defender la democracia ¿qué democracia?
“En defensa de la democracia” se construye como consigna y como tono de respuesta ante la ofensiva proscriptiva contra nuestro pueblo y la condena a prisión que sufre el liderazgo que expone 20 años de acumulado polÃtico.
¿No serÃa pertinente discutir qué democracia se torna necesario defender? En algún punto hay que alcanzar la madurez polÃtica suficiente para concluir que la institucionalidad democrática que se pretende defender es la misma que promedia sus cuarenta años con Cristina proscripta y presa. Es esa institucionalidad democrática, y no otra, la que autorizó este camino recorrido hasta acá.
Es la democracia limitada y encerrada al mero acto del sufragio que caracterizó gran parte de las últimas decadas la que nos trajo a esta Corte Suprema de Justicia de la Nación, diezmada en cantidad de miembros, con personajes que se pertrecharon en sus funciones luego de estar dispuestos a jurar y hacer jurar a miembros en franca violación del fundamento constitucional del cargo que ejercen. Que conducen un Poder Judicial que funciona como estudio jurÃdico de los grupos económicos y como garante de la seguridad jurÃdica de las inversiones extranjeras.
La que forjó un Congreso vacÃo de representación popular genuina, reproductor de la estética de una dirigencia que desde un rincón de la historia, funciona como escribanÃa de intereses geopolÃticos de Estados Unidos y el poder económico que le tributa y, desde otro rincón, finge preocupación sobre las consecuencias sociales de una democracia tutelada y aborda la superficie de los problemas sin ánimo de cuestionar la dependencia económica en que está sumergida nuestra Patria.
La que terminó con un Poder Ejecutivo en manos de una persona con severos signos de estar padeciendo una enfermedad mental y una integración orgánica que responde más a los think thank al servicio del poder económico extranjero y sus agencias que a las demandas sectoriales que cada rincón del Estado está llamada a proteger.
Una democracia tutelada, encerrada en el sufragio como placebo para satisfacer las ansiedades de los dirigentes y vaciada de mecanismos directos de genuina participación y protagonismo popular y comunitario.
Esa democracia fue la que le arrebató al peronismo su sentido y esencia. La que autorizó que Menem argumentara su violenta traición al comentario de “si decÃa lo que iba a hacer, no me votaba nadie”. Defender esa producción institucional, es defender los mecanismos que nos llevaron a padecer proscripción y pena de prisión para los liderazgos que se pudieron forjar.
Una Patria que avanza inexorablemente a una crisis fundante
La economÃa nacional está sostenida en un ciclo brutal de endeudamiento externo, atada a los lineamientos de un FMI que condiciona mas allá de las finanzas y exige que la riqueza nacional esté al servicio de los intereses geopolÃticos de sus patrones occidentales, en el marco de un alineamiento obsceno con potencias en franco retroceso o en manos de supremacismos, como la entidad infanticida sionista que auguran poner en riesgo la integridad nacional en guerras ajenas.
La subordinación económica del desarrollo económico nacional contaminó a los resortes del Estado y hegemonizó todo proceso productivo local que emparenta sus intereses a necesidades foráneas. Una economÃa dependiente y una administración colonial de los dispositivos institucionales que ubican la soberanÃa polÃtica y la independencia económica en debates marginales de la producción polÃtica nacional.
Un pueblo sometido a las consecuencias notables de una guerra cognitiva, con elementos que exhiben una desintegración comunitaria preocupante. Desaprensión por los procesos históricos y polÃticos y atravesado por una crisis de representación que desborda a los dirigentes e inunda la dinámica del sufragio en que se encerró a la democracia.
La crisis que no desaparece por indicadores económicos fraguados, relatos de crueldad que se pretenden imponer como sentido común y amenazan con castigar la situación social de una inmensa mayorÃa de conmpatriotas. Urgencias y emergencias sociales que no se traducen en conflictos, pero permanecen latentes en el dolor social que respira todo ámbito comunitario que aún resiste.
Crisis cultural, social, económica y polÃtica que se agiganta en el horizonte de nuestra Patria, amenaza tener la profundidad de esas tragedias que la historia repara con procesos fundantes de ciclos de grandes transformaciones polÃticas.
En éste contexto, la única victoria que puede construir el peronismo ante la ofensiva que lo atraviesa, es aprovechar la oportunidad histórica de recuperar su naturaleza ansiosa de poder, su convicción profunda de apego doctrinario a los elementos constitutivos de la liberación nacional y social y su sentido revolucionario para poner las banderas históricas en su correcto lugar.
Peronismo con vocación de futuro
No hay futuro sin militancia capaz de pensar en clave revolucionaria el tiempo de crisis que se avecina. Militancia que diseñe un sistema de reemplazo para ésta institucionalidad propia de una democracia tutelada, capaz de protagonizar comunidades organizadas que disputen protagonismo en el diseño polÃtico, social y cultural de nuestra Patria.
El encarcelamiento de Juan Domingo Perón, sublevó el subsuelo de la Patria y transformó en potencia revolucionaria la crisis que rodeaba cada rincón de una época convulsa. Aquel mito fundante del 17 de octubre, invocado como relato vacÃo para fraguar las ineptitudes que rodean las respuestas actuales ante la coyuntura de ofensiva contra Cristina, es aún enseñanza genuina para entender roles ante los desafÃos inevitables de un futuro que exige poner las cosas en su justo sentido y en clave de justicia para los que tanto han sufrido.