Más que un partido
13 de julio de 2026
Argentina e Inglaterra se medirán este miércoles 15 de julio a las 16 horas en Atlanta, Georgia, por la semifinal del Mundial 2026. Un duelo que desempolva la vieja historia entre ambos paÃses después de 24 años sin cruzarse.
Debemos construir una trinchera simbólica para la argentinidad. No se trata únicamente de once frente a once, ni de tácticas dibujadas en una pizarra; se trata de plantar una bandera firme contra las viejas y renovadas prácticas del colonialismo y contra los sectores hegemónicos que han operado históricamente como un Estado pirata, despojando y saqueando naciones enteras en nombre de intereses mezquinos.
A lo largo de nuestra historia, hemos enfrentado a ese poderÃo con dignidad y coraje, incluso en las condiciones más adversas. La resistencia durante las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807 demostró que el pueblo organizado puede doblegar a la armada más temible cuando defiende su tierra. Más tarde, en la heroica Vuelta de Obligado (1845), plantó un cerrojo al avance sobre el Paraná, defendiendo la soberanÃa fluvial a cañonazos, con hombres que prefirieron el sacrificio antes que la entrega.
En el Mundial de Inglaterra del 66, nuestro lÃder Antonio Ubaldo RattÃn, el "Patrón" de la selección, fue expulsado sin que existiera aún la tarjeta roja. En un acto de rebeldÃa sin precedentes, el capitán argentino tomó el banderÃn de la esquina —bandera inglesa— y lo estrujó con sus manos, desafiando a la potencia local en su propio templo futbolÃstico. Luego, en lugar de retirarse, se sentó sobre la alfombra roja de la reina; desde allÃ, cruzó insultos con los hinchas ingleses, convirtiendo su expulsión en una leyenda de dignidad criolla.
Ya en el convulsionado siglo XX, el conflicto del Atlántico Sur, con la gesta de Malvinas, nos dejó la dolorosa pero indeleble marca de un reclamo que no prescribe: nuestras islas fueron, son y serán argentinas, y la sangre derramada de nuestros combatientes exige memoria y justicia perpetua.
En ese legado de lucha se inscribe también la épica deportiva de 1986, cuando Diego Armando Maradona, con su talento desbordante y esos dos golpes magistrales ante los mismos británicos, devolvió por un instante la ilusión de una justicia simbólica en el terreno de juego. Aquel 22 de junio no fue solo fútbol; fue una reivindicación popular que traspasó fronteras, un acto de reparación histórica que el pueblo argentino atesora en su memoria afectiva.
Ahora, nuevamente en este cruce generacional, la selección nacional tiene la oportunidad perfecta para reivindicar nuestra soberanÃa integral, oponiendo resistencia frontal a las lógicas del imperialismo, la exclusión social y el saqueo sistemático de los recursos estratégicos de nuestra Patria.
La pelota comenzará a rodar sobre el césped y el resultado será incierto: quizá entre, quizá no; esa es la magia y la incertidumbre del deporte. Pero más allá de si atraviesa o no la lÃnea de gol, la tarea impostergable que debemos volcar en estos dÃas consiste en ejercitar la memoria activa y la conciencia colectiva. Necesitamos que el ruido del enemigo no opaque el eco de nuestra historia. Que el silbato final no borre la identidad nacional, y que el gesto de afirmación y el grito de soberanÃa perduren en el corazón de cada argentino. ¡Patria o Muerte!


