Independencias, contrastes y desafÃos
04 de julio de 2026
En vÃsperas de un nuevo 9 de Julio, atravesada la Patria por un programa de miseria planificada y sumergida en una cultura de colonialismo explÃcito que asusta y asombra, es necesario reconstruir la matriz nacionalista que nos permita edificar nuestro futuro.
"Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad" enseñó Simón Bolivar en tiempos de guerra por la independencia en nuestra Patria Grande.
Más de dos siglos después, Estados Unidos se encuentra en pleno ciclo de reivindicación de aquella prepotencia colonialista de antaño y busca restaurar “la edad de oro” de sus pretensiones hegemónicas, según la retórica del cavernÃcola gobierno de Donald Trump.
En esta tierra, por primera vez en la historia, la persona que cumple funciones de presidente concurrió a los festejos en la embajada de Estados Unidos, para conmemorar la independencia de una potencia extranjera que percibe nuestra tierra como su “patio trasero”.
El presidente Javier Milei concurrió a la embajada de Estados Unidos a celebrar el 4 de julio, dÃa de la Independencia de la potencia que disciplina geopolÃticamente a nuestro paÃs. No fue un acto protocolar. Fue un gesto polÃtico de la más profunda subordinación. Un brindis por la libertad de una nación que, paradójicamente, ha hecho de la dominación de las demás su principal negocio.
Mientras los fuegos artificiales iluminaban la residencia del embajador, afuera, en la Argentina real, se consumaba el saqueo más acelerado de nuestra historia. Porque el 4 de julio que celebra Milei no es el dÃa de la independencia de una potencia extranjera. Es el dÃa en que el colonialismo se viste de fiesta y el presidente de los argentinos levanta su copa para brindar por la entrega.
AllÃ, entre los cócteles y las sonrisas de los diplomáticos, se gestan las decisiones que determinan el hambre de millones. Allà se planifica la extranjerización de nuestra tierra, autorizada por una ley que elimina cualquier restricción a la compra de territorios por parte de extranjeros, incluso en zonas de frontera. Allà se firman los acuerdos de Isaac con Israel, que convierten a nuestro paÃs en una plataforma de intereses geopolÃticos ajenos. Allà se diseña la Pax Silica, esa arquitectura de subordinación que ordena Estados Unidos para disciplinar nuestros recursos estratégicos. AllÃ, bajo la luz de los candelabros, se decide que el litio, el cobre, el agua, la energÃa, el comercio exterior, no sean soberanÃa nacional, sino mercancÃa global.
El soslayamiento de la soberanÃa que exponen los motores ideológicos y polÃticos de la Pax Silica no es una casualidad. Es una estrategia. Un plan diseñado para que la Argentina deje de ser un paÃs y se convierta en una factorÃa al servicio de las necesidades foráneas. Para que nuestra riqueza -esa que deberÃa garantizar el bienestar de nuestro pueblo- se transforme en dividendos para los accionistas de las multinacionales. Para que nuestro suelo, nuestro subsuelo, nuestras aguas, nuestra tierra fértil, queden subordinados a la lógica del capital global.
Y mientras todo eso ocurre, el presidente argentino levanta su copa en la embajada de Estados Unidos. Brinda por la independencia de una potencia que nos coloniza. Celebra la libertad de un imperio que nos condena a la dependencia. Y sonrÃe, porque cree que el colonialismo es un destino, no una derrota.
El próximo 9 de julio, cuando celebremos nuestra propia independencia, la paradoja será insoportable. Porque ningún gesto patriótico, ningún acto oficial, ninguna publicación en redes sociales podrá ocultar lo que el 4 de julio dejó en evidencia: que la independencia que declaramos en 1816 sigue siendo una tarea inconclusa y que hoy, más que nunca, necesitamos patriotas dispuestos a romper las cadenas que nos atan a la dependencia.
9 de julio cargado de desafÃos
Ni el principio de todo, ni mucho menos el fin de toda dependencia. Sin embargo, desde el Congreso de Tucumán, se edificó un punto de inflexión en el calendario de nuestra historia. Los congresales llegados desde distintos rincones de nuestra Patria, proclamaron la independencia de las "Provincias Unidas en Sud América". El 9 de julio de 1816 se alimentaba el sueño de una Patria Grande y libre de toda dominación extranjera.
"OÃd el ruido de rotas cadenas", proclamaba aquella marcha patriótica nacida al calor de las batallas libradas por una generación de hombres y mujeres que regaron con su sangre el suelo de nuestra Patria Grande para alcanzar su definitiva independencia.
El próximo 9 de julio, cuando sean las 00 horas de la celebración de nuestra independencia, asesores de prensa, publicistas o empleados con acceso a las redes de los funcionarios públicos, habrán dejado programada o realizarán alguna publicación alusiva a la Independencia de nuestra Patria. Y aún asÃ, ninguno de todos ellos, expondrá un camino concreto para romper con las cadenas de la actual dependencia, que por cierto, se han arraigado de manera mucho más profunda que en otras oportunidades de nuestra historia.
Peronismo de contraste
"Somos una argentina colonial, queremos ser una Argentina libre" proclamaban en absoluta soledad los integrantes de FORJA, allá en su nacimiento por el año 1935. FaltarÃa una década para que los fundamentos de su agenda patriótica, se transformaran en polÃtica de gobierno.
"Aspiramos a una liberación absoluta de todo colonialismo económico, que rescate al paÃs de la dependencia de las finanzas foráneas. Sin bases económicas no puede haber bienestar social: es necesario crear esas bases económicas. Para ello es menester ir ya estableciendo el mejor ciclo económico dentro de la nación, y a eso también tiende nuestro Plan. Debemos producir el doble y a eso multiplicarlo por cuatro, mediante una buena industrialización –es decir, enriqueciendo la producción por la industria-, distribuir equitativamente esa riqueza y aumentar el estándar de vida de nuestras poblaciones" preanunciaba asà Perón la Declaración de la Independencia Económica al presentar el Primer Plan Quinquenal en 1946.
El 9 de julio de 1947, Perón presenta la declaración de la Independencia Económica. "Son impulsos de un renacimiento surgido de la propia grandeza de la patria libre proyectada hacia un porvenir digno de su magnitud", señalaba y se afirmaba en el acta que en ella se "refirman la voluntad de ser económicamente libres, como hace ciento treinta y un años proclamaron ser polÃticamente independientes."
No por nostalgia se lo cita a Perón, más bien por capricho de andar precisando certezas patrióticas para atravesar urgencias bien actuales. En definitiva, es imposible pensar en superar la crisis que atravesamos y la profundidad de las consecuencias que se avecinan, sin quebrar la matriz colonial que implica el modelo de paÃs factorÃa que cobró vigencia y encarnó en el sentido común del propio movimiento nacional.
Somos una Patria extremadamente rica, condenada a la pobreza por la ejecución de un programa pensado en el extranjero para satisfacer necesidades foráneas y del que el FMI es gendarme de su cumplimiento y el gobierno de Milei, apenas catalizador de sus inevitables consecuencias.
Y aun asÃ, somos una Nación que tiene su destino de grandeza inscripto en el horizonte de sus expectativas. El problema es que la riqueza de nuestro suelo y subsuelo, aquella que se produce con el trabajo de nuestros compatriotas, se queda atrapada en el engordado balance de un conglomerado de multinacionales. Hay que reconstruir un sentido común que ponga en crisis la ausencia de representación polÃtica del sentido de nuestra independencia.
"Seamos libres, que lo demás no importa nada" fue el grito del gran patriota a sus soldados y sigue siendo agenda de futuro para los patriotas de nuestra tierra. Cada dÃa que pasa, con más urgencia que el anterior, se hace necesario alzar la voz, construir fortaleza polÃtica y certeza colectiva en una agenda patriótica capaz de reorientar nuestro destino colectivo.


