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Amistad y virtud el horizonte de lo común. Entrevista a Eduardo Glavich.


11 de abril de 2026

En un presente donde la chatura del debate político y la producción intelectual no es considerada un valor en varios sectores sociales, el compañero Glavich como trabajador docente, filósofo militante y provocador nato de pensamiento disruptivos, nos aporta algunas pistas desde la filosofía para rumiar el presente.

David Acuña

Aristóteles decía que el hombre feliz necesita amigos. ¿Qué forma puede tener hoy la amistad en un Occidente cada vez más marcado por el individualismo, el consumismo superfluo, las relaciones amorosas efímeras y el algoritmo que parece guiar buena parte de las conductas sociales? ¿La filosofía tiene algo para decir al respecto?

Aristóteles decía varias cosas sobre la amistad, no solamente esto de que el hombre feliz necesita amigos, sino que él distinguía tres tipos de amistad. La amistad por utilidad, la amistad por el placer y la amistad por la virtud. Las dos primeras son, obviamente, amistades que son temporales y meros medios por conveniencia o porque algo te agrada. Es en beneficio mutuo si es por utilidad, si es por placer es por una coincidencia en gustos o en actividades, donde lo fundamental es que esto es accidental o temporal.

Pero como siempre, la filosofía planteaba todas las posibilidades, me refiero a los grandes autores en general y Aristóteles no es una excepción aquí, habla de un tercer caso de amistad que es la amistad por virtud, es decir en sí misma y no por accidentalidad. Se refiere al mutuo aprecio por el carácter, la bondad, la integralidad y es la bondad que podría ser universalizable a diferencia de las dos anteriores.

Esto nos puede hacer acordar, viniendo mucho más para acá, en la modernidad, a las acciones morales según Kant donde hay también tres tipos de acciones morales. Las acciones contrarias al deber, directamente inmorales. Las acciones que uno puede hacer conformes al deber, que son también acciones por interés, por inclinación, por miedo, algo parecido a lo que decíamos en Aristóteles en las acciones por placer. Y las acciones por deber, que son las únicamente verdaderas al ser por puro respeto a la ley. Y estas también serían universalizables en Kant, como aquellas universalizables en Aristóteles por la virtud.

Hasta aquí un poco el repaso en torno a la amistad para responder la pregunta. Pero, me permito recordar que Aristóteles también decía que “soy amigo de mis amigos, pero soy más amigo de la verdad”. Esta última referencia que hago me permite salirme de la noción de amistad para ir al campo de lo político, de lo común.

Para mí, esta noción de amistad no es fértil, pues prefiero la noción de reconocimiento en Hegel. Es decir, aquella que nos dice en términos generales que un ser humano solo se reconoce a sí mismo como tal al ser reconocido por otro, por otra conciencia. Es aquí, que se refuerza la necesidad de otro, de otra, lo que sería clásicamente el elemento estructuralmente sociativo. No asociativo en donde se junta porque se lo decide, sino que es sociativo en su propia estructuralidad, no puede no serlo. Es decir, esta necesidad del otro, de reconocimiento, es fundante en el ser humano en forma individual y colectivamente. Y, en ese sentido, esta noción me parece mucho mejor para mí porque en la cuestión del reconocimiento hay una lucha. En Hegel es una clara referencia a la dialéctica al amo-esclavo, señor-siervo, donde hay una idea de reconocimiento mutuo también. En forma ideal, donde los sujetos libres se reconocen como iguales y autónomos, otra vez esta idea universalizable que para mí pasa mucho más la cuestión qué tiene la filosofía que decir al respecto.

Más allá de este repaso breve por Aristóteles, Kant y Hegel, yo creo que la noción de reconocimiento puede ser una noción fértil a la hora de plantear una crítica a las relaciones burguesas actuales y una construcción sobre nuevas formas de base no-burguesas que se dicen individualistas, consumistas y efímeras.

¿En una sociedad estructurada sobre la contradicción entre explotadores y explotados, es decir entre quienes viven del trabajo ajeno y quienes se ven obligados a vender su fuerza de trabajo, es posible pensar una comunidad basada en la amistad?

Bueno, en relación a lo que dije antes, creo que no por dos razones. Primeramente, porque la noción de amistad no me parece la más fértil para establecer comunidades, ni siquiera en el sentido de la amistad por virtud en Aristóteles o como la del por deber en Kant. Insisto, no me parece fértil y, justamente cuando se plantean esta pregunta en relación a intereses irreconciliables entre el capital y el trabajo, es decir entre los intereses materiales y las clases sociales que los representan, justamente la respuesta sería “no”. No es posible pensar una comunidad a través de la amistad. Justamente a partir de la noción de reconocimiento y la lucha por el reconocimiento, recordando como justamente se supera la dialéctica amo-esclavo, es por la cuestión del trabajo. Es el esclavo el que puede superar esa relación y superarse a sí mismo y superar al amo.

Justamente, otra de las cuestiones estructurantes del ser humano, como antes dijimos lo sociativo, lo económico, el trabajo es una segunda característica igualmente estructurante en el ser humano como lo van a ser también la cuestión biológica y la cuestión histórico social concreta. Es decir, son esos cuatro elementos del ser humano que lo hacen inentendible en su pasado, su presente y su futuro, sin tener en cuenta que es un ser biológico, natural, que es un ser sociativo, que es un ser que trabaja y que es un ser que está en una situación histórico-social concreta.

Por esta cuestión, no es sobre la amistad, sino desde el trabajo que se puede superar la sociedad estructurada en su contradicción con el capital y su correspondiente moralidad individual, libertad negativa, vida burguesa en general. Esto es, en términos de Hegel, la noción de eticidad para la cuestión de la comunidad y la libertad positiva, y, en términos de Marx, sería el comunismo. Es decir, donde la superación no es en torno a la amistad, sino en torno a la superación de las contradicciones de clase y del Estado.

Entonces, en fusión de lo que ya contesté en la primera pregunta, en esta segunda respuesta, digo que no es posible pensar una comunidad basada en la amistad, sino que hay que hacerlo en algo que supere a esa función de amistad que se da por placer, y esto es la eticidad superadora de la moralidad individual o libertad negativa, que es algo que supera los valores y formas de vida burguesas que están en todas las situaciones cotidianas nuestras, tanto en los explotadores y explotadoras, como en los explotados y las explotadas.

La coyuntura argentina atraviesa un reflorecer de las pautas neoliberales de ordenamiento de la vida social. ¿Cómo se puede analizar el proceder de las corrientes políticas de izquierda y el panperonismo en cuanto a la enunciación que permitan desear un horizonte de lo común por las grandes mayorías sociales?

En primer lugar, la noción “neoliberal” nunca me ha parecido a mi demasiado fértil para pensar varios de estos problemas. En realidad, hay que decir que es el capitalismo y la forma de manifestación concreta, que si quieren le pueden llamar neoliberal. Pero, sabemos que la noción de lo neoliberal para muchas corrientes de la izquierda, no las revolucionarias, pero sí las de centro izquierda o, sobre todo, las del panperonismo, la utilizan como contraposición para un ordenamiento más socialdemócrata. Es decir, se mantiene a salvo el capitalismo y se observa críticamente cierta manifestación del mismo.

En eso, el panperonismo está totalmente abarcado, no hay ninguna corriente del peronismo que no quede atada a la defensa de las relaciones sociales de producción capitalista. Con lo cual, con esto respondo un poco esta parte de la pregunta, sosteniendo que ni en la izquierda ni en el panperonismo se puede hablar positivamente de esas enunciaciones o alternativas para un horizonte de lo común para las grandes mayorías.  Lo del peronismo siempre se ha autodefinido, lo sigue haciendo, como algo que intenta mediar entre los intereses de clase. Por lo que ya dije anteriormente, no hay manera de mediar entre los intereses de clase porque son irreconciliables y es, como se suele decir como con ciertas frases contundentes, ni guerra entre pueblos ni paz entre clases. Y el peronismo siempre ha planteado cierta idea de paz entre clases, entonces en ese sentido, cualquier enunciación que haga carece de materialidad y universalidad porque no es un horizonte de lo común para las mayorías sociales. Es siempre una contención de las posibilidades de los explotados, de las explotadas, para superar a sus explotadores y explotadoras.

Y en cuanto a la izquierda, muchas veces la enunciación pasa, en mi opinión, por ciertas tácticas que luego se demuestran más como estrategias. Cuando en los grandes medios ante la ofensiva del capital sobre el trabajo, como se ha dado por ejemplo ante la reforma laboral del actual gobierno, pero en gobiernos peronistas tanto de centroderecha como de centroizquierda, Menem, Kirchner, cuando se recortaban salarios y se favorecían los intereses del capital, sus dirigentes más representativos decían que no está mal ganar dinero si se hace con una buena retribución, bueno eso no es más que sostener la forma de explotación capitalista. Y, en ese sentido, no hay ningún horizonte de lo común posible por esa parte. Y por parte de la izquierda, es que ciertas tácticas se terminan convirtiendo en estrategias y entonces se borra todo discurso de horizonte de clase cuando se va a elecciones o se trabaja en los grandes medios lo que se llama la agitación o la propaganda política.

El marxismo y el comunismo aparece en las corrientes políticas de izquierda como un lenguaje muerto, como una lengua que ya no se habla. En ese sentido me parece que tampoco se presenta un horizonte de lo común,

El horizonte de lo común es para mí, una crítica radical e irreconciliable a las formas capitalistas burguesas de producción y reproducción social, con toda su cultura y todas sus formas veladas y no tanto de explotación. El horizonte de lo común es la superación de esas formas de explotación, la superación de las relaciones de explotación y no su armonización como todo peronismo propone. Y en cuanto a la izquierda, la forma de organización para que ese horizonte de lo común pueda ser algo real tiene ya cien años de prácticas bastante repudiables en cuanto a su verticalismo, no democracia interna, etc.

Teniendo presente la pregunta anterior, ¿es posible pensar desde la filosofía, pero sobre todo desde la acción política la concreción de una comunidad nacional basada en la amistad de aquellos que trabajan? ¿Es posible en el actual desarrollo del capitalismo y su forma democrática de representación pensar esta cuestión sin romper con cierto status quo?

En primer lugar, pensar desde cualquier disciplina, posición política o intelectual, pensar una cuestión como la comunidad nacional, para quienes somos internacionalistas, por lo tanto, repudiamos todo tipo de nacionalismo, ya la pregunta nos da un poquito de escozor tratar de responderla en esos términos y mezclada con la amistad mucho más. Así que yo le quitaría lo de nacional y lo de la amistad de aquellos que trabajan.

Y desde lo que ya dije en las respuestas anteriores, desde la filosofía, desde el pensamiento, desde la praxis humana que en cualquier ser humano conjuga lo que podría ser teoría, praxis y poiesis en la vieja tradición griega, esta idea de reconocimiento mutuo, de la lucha por el reconocimiento, es lo que para mí puede sostener una idea de superación de los que trabajamos con respecto a quienes no lo hacen, de quienes somos los explotados a diferencia de quienes nos explotan.

Yo arrancaría por ese lado, por una acción política que se proponga la superación de la moralidad individual, la libertad negativa, como dijimos antes, la vida burguesa del capitalismo y todas sus formas de reproducción como la familia, la iglesia y la escuela. Todas cuestiones a romper, modificar y superar, desde una teoría, poiesis y praxis política que se introduzca en esa lucha por el reconocimiento para superar la relación de explotación y a su vez construir una relación que no esté basada en ningún tipo de opresión.

Con respecto a la segunda parte de la pregunta, digo que no es posible pensar una cuestión de lo común, de la comunidad y de la nación sin romper con cierto status quo porque hay intereses irreconciliables materiales y simbólicos. Es decir, romper con la forma concreta de la propiedad privada de los medios de producción, las formas culturales que incluyen la noción de amistad y que muchas veces éstas ocultan las diferencias de clases que tenemos… son amigos el patrón y el trabajador que juegan al futbol los sábados porque es una pyme y entonces son común como vos pero te explotan, es una noción de amistad que está generalizada y no podemos sostener nuestra acción política superadora de las formas capitalistas en esa noción.

Pensando en la construcción de una sociedad futura entre pueblos y sujetos que se reconocen mutuamente como libres e iguales, las experiencias de lucha del pasado pueden ser entendidas como capas sedimentarias que nos permiten ver aciertos, errores y también límites. ¿En ese sentido y estándose cumpliendo el 50 aniversario del Golpe de Estado de 1976, vos podés rescatar alguna experiencia positiva que haya conquistado o construido la clase obrera y demás sectores populares?

Desde muy joven siempre tuve la idea o la intuición, de que esta cuestión de las experiencias del pasado que sedimentan o se transmiten, siempre les tuve desconfianza. Esta idea de “somos los hijos de”, “seguimos la tradición del” Cordobazo, del Santiagueñazo, me pareció siempre algo idealista, metafísico. Y con el paso de los años y mi experiencia, tanto teórica como política, más bien reafirmé esta idea. Tengo un rechazo teórico y militante a esta idea. Son posturas que yo asocio con cierto idealismo que en muchos casos son mitos para la acción y hasta a veces se identifican con personas, seguimos la tradición del Che o de Tosco.

Para mi toda esa cosa son pavadas metafísicas, idealistas y muy perjudiciales para la conciencia y la autoconciencia de clase. Para mí no hay nada que diga que se transmite la experiencia. Con esto no quiero decir que no haya que estar al tanto de cuestiones teóricas, políticas y de luchas del pasado. Hasta si se quiere, en un sentido de formación individual puede tener cierto sentido, pero de ninguna manera garantiza que uno absorba por osmosis política las experiencias del pasado.

Y si individualmente puede tener algún sentido, socialmente no lo tiene en ningún caso. No hay nada que diga que la clase actual es “heredera de” o que recoge “las gestas de”. Insisto, todas esas cuestiones son metafísicas y mitos para la acción.

Por eso, en relación al estarse cumpliendo 50 años del golpe de Estado de 1976, se desprende de lo que acabo de decir. No hay ninguna cuestión a rescatar de experiencia positiva. Más bien, por lo que yo pude leer o escuchar respecto a estas experiencias de los 70, son bastante pobres en general. Con eso no quiere decir que no haya experiencias que se puedan rescatar, que se puedan estudiar, en seguir, pero no en manera metafísica como que vallan a garantizar ser el heredero de.

Hasta hubo historiadores, si no me equivoco, que han convertido esta noción de experiencia en una tesis de intervención teórica que para mí es un grave error. En cada momento la clase obrera hace su experiencia, pero no hay una especie de transmisión por osmosis política de esas cuestiones. Así que esas cosas son puro mito para la acción que no hacen nada bien para la autoconciencia de clase y la lucha contra el capital.

 

David Acuña

David Acuña, historiador, profesor y militante peronista. 

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