Un retroceso incalculable
11 de abril de 2026
Es difÃcil encontrar algún aspecto de la dinámica social, económica, cultural y polÃtica de nuestro paÃs que no haya retrocedido en forma dramática en el último tiempo. En medio de una guerra que genera dolor en la humanidad, podrÃa significar una enorme oportunidad para Argentina, pero solo auguran miseria para las mayorÃas y ganancias corporativas. La ley de glaciares como testimonio del colonialismo y un llamado de atención hacia nuestro futuro.
Es difÃcil encontrar algún aspecto de la dinámica social, económica, cultural y polÃtica del paÃs que no haya retrocedido en forma dramática en el último tiempo. La profundidad de la herida causada a nuestra Patria en los últimos años, es inversamente proporcional a la producción polÃtica y social de resistencia a la ofensiva depredadora que se ejecuta.
La combinación programática de saqueo colonial, miseria planificada, idiotización de la praxis institucional, desmantelamiento democrático y agresión cultural a valores arraigados a nuestra identidad nacional y popular, marcan la dimensión evidente de una crisis sistémica que, cuanto más demore en encontrar un punto de ruptura en su extensión histórica, más compleja será la tarea de revertir el actual insulto a la historia de nuestra Patria.
Del lado de los agresores
Delegaciones norteamericanas e iranÃes llegaban a Islamabad, Pakistán, durante el cierre de esta edición para encarar una primera instancia de negociación en el contexto de un relativo, parcial y engañoso alto el fuego que se fabricó como respuesta al desastre geopolÃtico en que se empantanó Estados Unidos por seguir los imperativos de Israel en un ataque a Irán, que exhibió historia, músculo militar, inteligencia tecnológica y destino de potencia regional como polo de poder en la reorganización del mundo que se materializa a la sombra de la ceguera geopolÃtica impuesta en Occidente.
El desenlace de la tregua temporal y relativa, tuvo lugar tras una semana de delirio mesiánico exhibido en los resortes de decisión polÃtica que ejecuta Donald Trump en Estados Unidos y repetidos sin filtro, ni justificación, ni excusa, por la propaladora de propaganda del llamado “occidente colectivo” que romantiza los imperativos estratégicos de Israel y la prepotencia imbécil de Estados Unidos.
Donald Trump amenazó con realizar un genocidio sobre la milenaria civilización persa. Amenazó al mundo entero de cobardÃa por no seguir a rajatabla sus pelotudeces y profundizó su retórica supremacista con un muchacho disfrazado de conejo de pascua a su costado en la Casa Blanca.
DÃas antes, la secta dispensacionalista que compone la mayorÃa religiosa de un Estados Unidos sumergido en sus delirios, convocó a telepredicadores, estafadores, pedófilos y abusadores sexuales autoproclamados “pastores” a la Casa Blanca, con el objetivo de comparar a Donald Trump con Jesús.
Todo en plena Semana Santa, mientras se acusaba a Irán de ser un “régimen teocrático fundamentalista” que amenaza con la “democracia de medio oriente” que ejecuta la secta sionista que gobierna Israel, que decidÃa instaurar la pena de muerte sólo para palestinos, al tiempo que extendÃa los asentamientos ilegales en Cisjordania y expandÃa su polÃtica genocida y expansionista hacia el sur del LÃbano, donde pretende apropiarse del territorio de dicho paÃs hasta el RÃo Litani.
En la mesa de negociación en Pakistán se sentarán Estados Unidos e Irán, mientras Israel, que mastica la derrota del ninguneo, se desquita asesinando como viene acostumbrando a la humanidad, para dejar en claro que su existencia es sÃntoma de colonialismo, guerra, avaricia y muerte.
De un lado, los agresores en este conflicto. Sentado uno de ellos, bajo las condiciones impuestas por el agredido. Dónde, quiénes y a discutir qué cosa, son razones que fue logrando imponer Irán al edificar su fortaleza asentada en la metódica planificación con la que fue intentando asegurar su soberanÃa nacional y su diplomacia de alianzas con la porción del mundo que avanza en el desarrollo (China y Rusia) y no se empantana en el mesianismo sectario, el antihumanismo y la antiilustración (Estados Unidos e Israel).
Argentina aprovecha su funcionamiento sistémico patológicamente colonial para acomodarse del lado de los agresores. Subordina su desarrollo nacional a las necesidades geopolÃticas de Estados Unidos y muestra la debilidad de su momento histórico, romantizando que un enfermo mental ocupa la presidencia y subordina nuestra existencia a pedófilos y genocidas que andan amenazando a la humanidad acentuando el dramatismo en su colapso hegemónico.
La mirada al mundo
Nada de lo que ocurre en ese rincón del mundo se explica sencillo, ni atiende exclusivamente a la dinámica histórica, cultural, religiosa, geopolÃtica o económica de los actores en contienda. Hay algo más grande ocurriendo en este mundo que permite contextualizar tanta guerra desangrando este tiempo histórico.
En el plano corto, con toda evidencia, hay un sistema internacional diseñado por un polo de poder cuya hegemonÃa se agotó. Ese mito al que sus aduladores llaman occidente, su forma de producir la arrogancia del dogma individualista y el supremacismo, está empezando a contar hacia atrás sus años de prepotencia impune.
El distópico Estados Unidos en el que se suceden crisis, represiones, detenciones masivas y más crisis sobreviviniente en medio de la impotencia económica del MAGA proclamado por Trump; al que acude el gobierno sionista de Netanyahu; y con el que pelea sin horizonte propio una Europa decadente, envejecida y con crisis intestinas en cada uno de sus componentes; es el reflejo que nos devuelve un examen generoso de un polo de poder que se sintió inmune en su hegemonÃa durante los últimos ochenta años y se empezó a caer a pedazos.
Del otro lado, sin pretensión de antagonismos, hay polos de poder que defienden su protagonismo, su integridad y su sentido histórico. En la reivindicación de una multipolaridad evidente, contradictoria con el binarismo de ese occidente que se autoproclama bueno e identifica como malo a todo lo que desafÃa su prepotencia hegemónica, se está gestando una nueva manera de organizar este mundo.
Estamos en el momento doloroso del nacimiento de un nuevo tiempo. En el que conviven amenazas y oportunidades. Un tiempo valioso para pensar desde este rincón del mundo, desde la humilde nuestramérica que habitamos orgullosos, una forma de producir articulación y poder para tener una palabra firme en esta catastrófica producción de historia que nos atraganta de caos y angustia cada vez que asomamos la mirada al mundo.
Úrsula Iguarán, esposa de José Arcadio BuendÃa, es un personaje determinante de aquellos cien años de soledad que nos regalara Gabriel GarcÃa Márquez. Con una centuria de experiencia acumulada sobre sus espaldas, una Úrsula ya ciega, logra vencer sus lÃmites asumiendo los desafÃos que le presentaba el tiempo: “Mientras los demás jugaban al olvido, ella seguÃa luchando… comprendió que el verdadero enemigo era el tiempo que se le escapaba”.
Nuestra Patria, la chica y la grande, atraviesan momentos aciagos. Atragantados por el consumo de propaganda que alimenta las virtudes de un mundo que ha dejado de existir, que elogia los valores de una libertad que no gozan otros que aquellos que acumulan riqueza y poder; que vanagloria un sistema de gobierno y organización institucional que perdió hasta el tÃtulo de democrático.
Un tiempo de asfixia intelectual, de mediocridad en la producción polÃtica y peligrosa banalización del espectáculo de la crueldad que ejercen una élite carente del más elemental atributo ético y moral para aportarle a su especie.
Tiempo de oscuridad que siembra de crisis nuestra propia existencia.
Todo tiene que ver con todo
La Cámara de Diputados de la Nación aprobó por 137 a favor y 111 negativos, la reforma a la Ley N° 26.639 de Presupuestos MÃnimos para la Protección de Glaciares y del Ambiente Periglacial. La iniciativa habÃa sido impulsada por el Ejecutivo Nacional y el apoyo de buena parte de las provincias mineras. De ahora en más, tanto los glaciares como las cuencas hÃdricas en forma integral quedan a merced de las ocurrencias de cada distrito en particular y la subordinación que ostenten respecto de las pretensiones geopolÃticas del consorcio de multinacionales que buscan saquear de minerales nuestra cordillera.
El contexto es elocuente. Estados Unidos viene de hacerle firmar un acuerdo bilateral a la Argentina, y exhibirla como su aliado en la Cumbre de Minerales CrÃticos en la que Donald Trump planteó a sus “aliados” la necesidad de asumir el compromiso de alinearse con Estados Unidos en la batalla que libra contra China por el control de materiales estratégicos para sectores clave en la economÃa mundial. Argentina estaba sentada en primera fila.
La CancillerÃa conducida por el cipayo de Pablo Quirno sostuvo “El acuerdo contempla el uso de herramientas de financiamiento público y privado, la simplificación de los procesos administrativos de permisos y la cooperación en áreas como el mapeo geológico, el reciclaje y la gestión de materiales crÃticos. Asimismo, incluye acciones conjuntas orientadas a promover mercados más transparentes y a fortalecer la participación y el posicionamiento de la Argentina como actor relevante en cadenas globales de suministro de alto valor estratégico”.
Por eso la modificación de la ley de glaciares. Para asegurar la “seguridad jurÃdica” de las empresas que buscan minerales crÃticos, se pone en jaque los glaciares y las áreas periglaciares, pero fundamentalmente, el agua de nuestro territorio, y con ello, la potestad soberana de definir el uso vital y productivo de un bien escencial para la vida humana como es el agua y determinante para pensar las producciones locales mas allá de los intereses geopolÃticos de los Estados Unidos.
Minerales crÃticos, la segunda mayor reserva de gas no convenicional del mundo, la cuarta reserva de petróleo no convencional, un paÃs capaz de producir alimentos y precisar de fertilizantes nitrogenados que requiere un gas que producimos, pero que importamos por priorizar expectativas extranjeras, son postales nomás de la enorme actualidad que vitaliza el conteo de la reiqueza nacional, y la dilapidación de nuestros recursos por la canaleta de la rentabilidad corporativa y las necesidades de Estados Unidos de frenar su inevitable decadencia.
Todo tiene que ver con todo. En medio de una guerra que tendrÃa que significar una enorme oportunidad para nuestro paÃs, el devenir de los acontecimientos marcan rentabilidad para las corporaciones, captura de negocios por parte de Estados Unidos y encarecimiento de los precios para los que habitan nuestro suelo.
¿Y por casa?
En tiempos en que la segunda guerra mundial abrÃa paso a una nueva forma de organizar el mundo, nuestra Patria, el sentido de nuestro nacionalismo y las urgencias populares gestadas en tiempos de infamia, hicieron parir al peronismo y una forma de producción polÃtica que ponÃa la felicidad de nuestro pueblo y la grandeza de nuestra nación en el centro de los objetivos estratégicos.
Una forma de ver el mundo desde nuestros porpios zapatos, una forma de reivindicar la dignidad desde el paradigma de la Justicia Social, una forma de enfrentar a las minorÃas desde una mayorÃa convocada a una épica.
Y un mito fundante, aquel 17 de octubre de 1945, nacido desde la respuesta de un subsuelo de la Patria que se sublevaba ante el encarcelamiento del catalizador de aquel momento histórico, Juan Domingo Perón.
Este tiempo de emergencias, nos impone la urgencia de pensar la refundación de nuestra Patria, la gestación de una nueva independencia. Obliga a la militancia a pensar un sistema que reemplace a la institucionalidad viciada que caracteriza la actual democracia liberal, algo que el mundo viene procesando sin temores ni subordinaciones.
Hay que recuperar los genuinos origenes de un peronismo que se pensó como movimiento nacional para enfrentar el destino colonial que las potencias emergentes de ese tiempo diseñaban para nuestra Patria.
Pensarse como una minorÃa que acumula fortaleza solo en las prerrogativas que emergen de las urnas y habitan los palacios institucionales, pletóricos de impotencia para asegurarle un umbral de bienestar a las mayorÃas populares, nos ubica en el camino antagónico al que hay que emprender.
La enorme tarea de construir organización polÃtica que sea capaz de pensar nuestra Patria y producir resistencia hasta quebrar la dinámica sistémica que nos empuja al colonialismo y la miseria, parece ser la vieja fórmula con la que contamos para ser protagonistas de nuestro futuro.
Y habrá que seguir andando, nomás.
Foto: EFE


