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Reservas récord, ajuste fiscal y una reforma que pagamos los de siempre


13 de junio de 2026

El Rey Desnudo. Tres informes coincidentes: el gobierno de Milei muestra una performance de variables financieras que encandila a los mercados, mientras la economía real se desangra. La recaudación cae, los más pobres pagan hasta el 36% de sus ingresos en impuestos indirectos, el salario real sigue por el piso y la deuda externa se acumula. En este escenario, el FMI exige una reforma tributaria que profundiza la misma receta: más presión sobre trabajadores y consumidores para aliviar la carga sobre los patrimonios y las grandes inversiones.

Yasmin Alarcam

El gobierno de Javier Milei no se cansa de celebrar. Reservas brutas en su nivel más alto desde 2019, riesgo país por debajo de los 500 puntos básicos, superávit fiscal e inflación en descenso. Pero detrás de las vidrieras financieras, la economía real cruje. Tres informes recientes –del Instituto Argentina Grande (IAG), el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) y el Centro de Estudios Sociales y de la Economía Popular (CESO)– desmontan el relato oficial y muestran una Argentina que se parte en dos: un puñado de indicadores macro que seducen al capital financiero, y un desierto de consumo, salarios destruidos y un Estado que se achica mientras la deuda sigue creciendo.

 

El espejismo de la estabilidad

El informe del CESO, titulado “Los desafíos del programa libertario”, reconoce las “señales de estabilidad” que tanto pregona el gobierno: reservas brutas en torno a los 48.000 millones de dólares, inflación moderada y actividad en alza. Pero inmediatamente alerta sobre las “contradicciones estructurales” que ponen un límite infranqueable al modelo. El primer problema es la bomba de tiempo de los vencimientos de deuda. Para 2027, solo el sector privado debe afrontar compromisos por 17.300 millones de dólares, sin contar el REPO de 3.000 millones que el BCRA tomó a principios de año.

El segundo problema es la apreciación cambiaria. El tipo de cambio real se encuentra más de un 10% por debajo de su promedio histórico, una situación que, combinada con la apertura irrestricta a las importaciones, “erosiona la competitividad del tejido industrial orientado al mercado interno”. El resultado es una economía que funciona con dos velocidades: los sectores primarios exportadores (agro, minería, hidrocarburos) generan divisas, pero no logran derramar sobre el resto de la actividad.

Esa parálisis se refleja en la recaudación. El informe del IAG es lapidario: “Los adelantos de mayo confirman que la economía sigue planchada”. Si bien la recaudación total de mayo subió 1,6% real, el rebote es puramente contable: lo explicó el Impuesto a las Ganancias, cuyo pago de sociedades se compara con una base que se había hundido 40% en 2025. El IVA de mercado interno, verdadero termómetro del consumo, cayó por séptima vez consecutiva en términos reales, y la recaudación acumula un retroceso del 4,9% en lo que va del año.

Los datos del IPyPP profundizan el diagnóstico: entre agosto de 2025 y abril de 2026, la recaudación tributaria acumuló nueve meses consecutivos de caída real. La contracción se concentró en los recursos vinculados al comercio exterior y en los impuestos asociados al consumo y los salarios, justo cuando el gobierno ya había reducido la alícuota de Bienes Personales (del 7,2% al 1,5% de lo recaudado en 2026) y los derechos de exportación.

 

Ganancias para unos, garrafas para otros

Mientras el gobierno presume de sus logros macro, la vida cotidiana de los argentinos se vuelve insostenible. El informe del IAG documenta el golpe a los sectores populares con datos concretos: el precio de la garrafa de 10 kilos –utilizada para cocinar por el 39% de los hogares argentinos y por el 85,8% en los barrios populares– aumentó un 842% desde noviembre de 2023. El gobierno eliminó el precio máximo, congeló el subsidio por dos años y ahora, en lugar de descontarlo automáticamente de la factura, exige a los usuarios registrarse en una billetera virtual para recibir un reintegro que ni siquiera cubre la mitad del valor del producto.

El mismo cuadro se repite en el transporte. El boleto de tren subió 2.735%, el de subte 1.847% y el de colectivo 1.248%, mientras la inflación acumulada fue del 303% y todos los salarios quedaron por debajo de esa marca. Las consecuencias no se hicieron esperar: los viajes en subte cayeron 20%, en tren 15% y en colectivo 10%. La gente directamente dejó de moverse. No puede pagarlo.

 

Trabajadores al paredón fiscal

Pero quizás el dato más preocupante es el que llega desde el Fondo Monetario Internacional. El IPyPP revela que el último Staff Report del organismo no se limitó a evaluar las metas fiscales, monetarias o de reservas. “Avanzó sobre una dimensión estructural que es la reforma tributaria, buscando intervenir sobre cómo debe organizarse la carga fiscal, qué sectores deben ser aliviados y sobre qué bases debe reconstruirse la recaudación”.

El FMI propone recaudar el equivalente al 3,3% del PBI a través de una reforma que, en los hechos, transfiere la carga de los hombros de los patrimonios y las grandes inversiones hacia los trabajadores y consumidores. La receta incluye bajar el piso del Impuesto a las Ganancias para que al menos el 20% de los asalariados formales paguen el tributo, lo que implica que un salario bruto promedio de 2,4 millones de pesos –apenas un 30% por encima de la Canasta Básica Total– sea considerado un “alto ingreso”. También se exige una reforma del monotributo para que muchos pequeños contribuyentes pasen al régimen general, y una ampliación de los impuestos internos a productos de consumo masivo.

El gobierno de Milei, lejos de oponerse, ya viene aplicando la misma lógica. En los primeros cinco meses de 2026, el IPyPP detectó que la recaudación por Bienes Personales se desplomó del 7,2% al 1,5% del total, mientras crecía el peso del IVA (del 22,8% al 24,1%). La presión impositiva sobre el 50% más pobre de la población alcanza el 36% de sus ingresos, mientras que el 10% más rico tributa apenas el 26%. Argentina tiene la segunda presión tributaria más alta sobre los sectores de menores ingresos en toda la región, solo superada por Brasil.

 

La deuda y el FMI: la soga que no cesa

El problema de fondo, que ningún espejismo macro puede ocultar, es el de la deuda. El CESO advierte que el frustrado intento de reapertura del mercado de capitales en diciembre de 2025 puso en duda la capacidad del gobierno para refinanciar sus compromisos. Ante ese panorama, el FMI aparece como el único prestamista de última instancia, pero con condiciones cada vez más duras.

El IPyPP señala que el organismo exige compensar el mayor gasto en universidades, pensiones por discapacidad y el impacto de la propia reforma laboral –equivalente al 0,50% del PBI– con una batería de ajustes: focalización del gasto social, recorte de subsidios energéticos, reducción de salarios públicos y priorización de la obra pública. Es la misma lógica procíclica de siempre: en lugar de financiar el déficit con emisión o con impuestos a los más ricos, se ajusta sobre los sectores que ya están en la lona.

 

Alternativas que existen pero no se quieren ver

El informe del IPyPP no se limita a denunciar. Propone alternativas concretas que el gobierno ignora deliberadamente. Una sobrealícuota a los patrimonios superiores al millón de dólares permitiría recaudar 4.007 millones de dólares, alcanzando apenas al 0,07% de la población. Una tributación presunta sobre las 500 grandes empresas del país sumaría otros 6.062 millones de dólares. En total, más de 10.000 millones de dólares que podrían financiar el gasto social sin tocar un solo peso del bolsillo de los trabajadores.

Pero el gobierno de Milei no quiere ese camino. Su obsesión ideológica por “desregular” y “bajar impuestos” lo lleva a premiar a los mismos de siempre: las grandes petroleras, los fondos de inversión y los patrimonios concentrados. El FMI, en lugar de exigir justicia fiscal, se suma a ese coro y presiona para que el ajuste lo paguen los trabajadores.

 

Conclusión: el rey está desnudo

La Argentina de Milei se parece cada vez más a la de Macri: un espejismo de estabilidad financiera que oculta una recesión profunda, una fuga de capitales incesante y una deuda que crece sin control. Las reservas récord y el riesgo país en baja no son más que el reflejo de un modelo que concentra el ingreso, exporta naturaleza y mano de obra barata, y deja a los sectores populares a merced del mercado.

El informe del IAG, del IPyPP y del CESO coinciden en un diagnóstico: no hay “modernización” posible si la reforma tributaria la pagan los trabajadores, si el transporte es un lujo, si la garrafa vale ocho veces más que hace dos años y si el salario real sigue cayendo. Los gobiernos neoliberales siempre tuvieron el mismo libreto: ajustar, endeudarse, fugarse. La novedad es que esta vez lo hacen sin disimulo. Y con el aplauso de los mercados.

 

Yasmin Alarcam

Yasmin Alarcam es estudiante de comunicación social en la UNCOMA, integrante del equipo de InfoNativa

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