Persecución a los que luchan
10 de octubre de 2026
Nekane Txapartegi es una periodista vasca que reside en Suiza. Al llegar a Ezeiza fue apartada y devuelta a Europa sin explicaciones formales. El número que Milei repite para justificar el control migratorio no coincide con ningún registro oficial del propio Estado.
El domingo 4 de octubre, Nekane Txapartegi fue apartada de su grupo en el aeropuerto de Ezeiza, trasladada a la oficina de Migraciones y finalmente deportada. Coordina el medio feminista suizo RADIA y viajó a la Argentina para participar del 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, que se realizará en Córdoba del 10 al 12 de octubre.
La única explicación que recibió llegó a través de la aerolínea que la devolvió a Europa. Le mostraron un acta de la Vice jefatura de Gabinete del Interior con una frase: "sospecha fundada - falso turista". Sin firma, sin funcionario, sin expediente. Un papel, una mujer, un avión. Así opera el mecanismo cuando no quiere dar la cara: no hay responsable, hay una decisión administrativa que se ejecuta sola y no admite preguntas.
Cabe preguntarse quién es la “falsa turista”. Txapartegi fue concejala municipal en Asteasu, en el País Vasco. La Guardia Civil la detuvo en 1999 y la acusó de colaborar con ETA. Pasó cinco días incomunicada. Denunció violencia sexual y tortura. Declaró que la obligaron a firmar una declaración de culpabilidad. En 2017 quedó en libertad, tras cumplir parte de la condena en Suiza. Hoy vive exiliada en Zúrich.
Conviene recordar algo que en la Argentina debería saberse de memoria. Este país fue refugio del exilio vasco durante el franquismo. Aquella comunidad construyó centros, sostuvo la lengua, mantuvo viva una cultura que en España se perseguía. Décadas después, en continuidad con aquella historia, el Estado argentino deporta a una exiliada vasca que venía a un encuentro feminista. La simetría es incómoda y no conviene dejarla pasar.
El eje, sin embargo, no es una persona. El eje es cómo este gobierno construye su propia realidad y después la administra. Milei declaró que en 2025 se expulsaron 10.000 terroristas del país y que en 2026 se expulsaron otros 20.000. 30.000 MIL. El número no es casual: es un guiño, una provocación, un dedo en el ojo de la historia argentina.
Las estadísticas de la Dirección Nacional de Migraciones dicen otra cosa. El año pasado no hubo más de 800 deportaciones, como también lo que va del 2026. La distancia entre 30.000 y 2.000 no es un error de cálculo: es una forma de ver el mundo. En la cabeza del presidente hay 30.000 terroristas. En los registros oficiales hay miles nomas. La realidad, esa que no depende del relato, sigue estando ahí, esperando su turno.
Entonces aparece la palabra: terrorista. Aplicada a una ex presa política que hoy es periodista, que coordina un medio feminista suizo, que viajó a cubrir un encuentro de mujeres. El acta dice "falso turista". La decisión, según se le informó, se vinculaba con su trayectoria política y de lucha. Las palabras oficiales y las palabras reales no coinciden. En esa grieta se instala todo lo que este gobierno prefiere no decir.
Lo que sigue es una forma de gobernar. No se miente sobre lo que se hace: se miente sobre el mundo en el que se hace. No se deporta periodistas: se expulsa terroristas. No se censura: se protege. No se persigue: se defiende la seguridad. Cada medida viene con su propio vocabulario, y ese vocabulario reemplaza a los hechos. Es una realidad paralela, prolija, autosuficiente, que no necesita confirmación externa porque se confirma a sí misma.
Su deportación fue leída como censura y persecución. Expulsarla en el marco de un encuentro feminista no es un detalle: es el mensaje. Quien venga a mirar, que sepa lo que puede encontrar. El acta decía "falso turista". Ella venía a trabajar. Periodista, feminista, exiliada, vasca.
En la realidad que el gobierno construye, esa mujer es una amenaza. En la otra, la que no depende del relato, es alguien que denunció tortura y que sigue siendo tratada como si la tortura no hubiera existido. El número 30.000, mientras tanto, sigue flotando sobre la escena.


