LÃmites, desbordes y desafÃos
02 de septiembre de 2023
Un año. Un intento de magnicidio no se explica por quien aprieta el gatillo. Ni agota en sus responsables materiales la profundidad de sus implicancias. Un año en el que también se expusieron lÃmites, debilidades e impotencias de aquellas voluntades que prometÃan quilombos ante el atropello. Un tiempo de crisis profunda y de monstruosos espectros cobardes que prometen fuego. Construir sentido y convicciones, la respuesta a todo.
Un magnicidio no se puede explicar por el gatillo. No es objeto de la crónica policial, ni se investiga bajo protocólos usuales en crímenes violentos, o intentos de alcanzar su cometido.
Poco relevante resulta la exploración de la salud mental de quien ejecuta materialmente acto semejante, irrelevante es su versión de los acontecimientos y, aunque reparadora en clave de verdad, la condena no termina de saldar los resultados del acto.
Hace un año le pusieron una pistola en la cabeza a Cristina Kirchner. Dos veces presidenta, conducción del movimiento político que hegemonizó la dinámica de gobierno argentino de los últimos 20 años. La que dejó la presidencia rodeada de Pueblo en una Plaza de Mayo inédita, que cedió el mando bajo los estrictos protocolos de una democracia formalizada, pero que rige la dinámica de los asuntos políticos del país, y retornó al Poder Ejecutivo -cuatro años después- como vicepresidenta de un gobierno votado por la mayoría de los que pisan éste suelo.
Una tarde del arranque de septiembre, alguien puso su dedo en el gatillo y apretó. La bala no salió, y apenas atenuó la dimensión del impacto.
Las voces que alentaron y empujaron al gatillero, clamaban violencia desde hacía años. Las sombras que fortalecieron los recursos de los cómplices del tirador, siguen montados en el negocio de chupar la rentabilidad de nuestra Patria, financiando las opciones políticas que permitan sepultar un tiempo. Los fantasmas que habitan el subsuelo de una política que destila barbaridades por redes sociales, que matonean en anonimato, que cultivan las sientes ardientes de los que sí se animan a la violencia material, construyeron los precedentes que no hacen otra cosa que explicar al gatillero.
A Sabag Montiel y sus cómplices, lo explican cada posteo que reclama represión, cada revancha destilada en un microsegundo de intervención mediatizada, cada reclamo para que un automovilista pise un piquetero, cada muerte deseada sobre un trabajador que reclama lo que es justo, o incluso menos. El gatillo lo apretó Sabag Montiel, y el arma la cargó cada “pequeño gran matón de la internet” que fogonea violencia con el culo asegurado en su asiento.
A Sabag Montiel lo protegen los silencios. De los cómplices por acción, como Patricia Bullrich, Millman, Caputo o las sombras que habitan el macrismo. De los que gritan para encubrir su cobardía, como los liberales disfrazados de libertarios.
Y a todos ellos no sólo los cuida una Justicia que no sirve para mierda. Los protege su insistencia en proclamar sonoramente una violencia a la que no les da el cuero para ejecutar.
Un año del intento de magnicidio de Cristina Kirchner. Un año que dejó al desnudo la densidad que puede acompañar una retórica violenta de evidente revancha popular.
Y un año que dejó al desnudo nuestros límites y debilidades. Que exhibió que aquel nervio militante que pensábamos con capacidad de respuesta a la dimensión de los acontecimientos, no pudo sortear sus propios amarres a una sobreinstitucionalización de sus actos. Un año con mucha más denuncias que acciones. Un año focalizando preocupaciones en los asuntos de acomode electoral. Un año poniendo en riesgo legitimidad y representación política.
Un año caldeando el fuego que motoriza los peligros actuales.
El quemado
Fruto de ese fuego que caldea este tiempo histórico, ahí anda un cagado del zapallo como Javier Milei catalizando una brutal crisis de representatividad y hartazgo social con la incapacidad política de ofrecerle un destino digno.
Hace apenas 24 horas, después de lograr su entorno contener el exhibicionismo del candidato por algunos días, Javier Milei se vio en la obligación de disertar ante autopercibidos “empresarios”. En realidad, concurrió a un encuentro motorizado por Ramiro Marra, pero en su rol de timbero financiero a cargo de BullMarket, quien reunió a una banda de especuladores que hacen dinero con el esfuerzo ajeno.
Ante ese público se presentó como un economista ÚNICO, al advertir que “Ojo con todos esos economistas que quieren preservar al parásito y no al cuerpo, o sea, todos menos yo” aludiendo a cualquiera que asegure la existencia mínima del Estado.
En dicho evento, Milei se exhibió con sus exiguas facultades mentales bastante agitadas. Habló del romance que le publicitaron con Fátima Florez, diciendo que estaba trabajando, insultó a Cambiemos y al gobierno por igual. Se exhibió junto a su hermana y brindó declaraciones extravagantes ajenas al mundo de la política.
Además, sostuvo que “el dinero es un invento del sector privado” que solamente se usa “para intercambiar derechos de propiedad”. Sobre ésta particular base filosófica, argumentó que “Ustedes no necesitan un Banco Central. En un momento de la historia el Estado se apropió del dinero para estafarlos. ¿Ustedes van a aplaudir que los políticos chorros los estafen con el robo del impuesto inflacionario? Raro... yo no”.
Sostuvo que el mercado no falla nunca. Que si algo falla en el mercado es por culpa del Estado. Usó como ejemplo la ley de alquileres, cuya ejecución jamás fue controlada por el Estado por decisión del conjunto de las fuerzas políticas que lo integraron.
Y para coronar una noche de furia, arremetió “qué hay de malo en que una empresa contamine el río. “¿Dónde está el problema ahí? Eso, en realidad, habla de una sociedad a la que le sobra el agua.” Y así suelto de cuerpo, agregó: “El problema en realidad radica en que no hay derechos de propiedad sobre el agua, cuando falte el agua, alguien va a ver un negocio ahí y va a reclamar los derechos de propiedad. Van a ver cómo ahí sí se termina la contaminación.”
Una bizarra y muy graciosa película del 2006, llamada “idiocracia” o el gobierno de los idiotas, retrataba una humanidad sumida en la estupidez. El presidente de los Estados Unidos era un luchador de catch, la tierra se sembraba con bebidas energizantes fabricada por la única empresa dueña de todas las cosas. Aún así, las líneas argumentales de las bizarras explicaciones, tenían más aplomo que la batería de convicciones de Javier Milei.
Pero claro, Milei no es un producto de su delirio.
Milei es responsabilidad de haber frustrado sueños y esperanzas por doquier durante los últimos cuatro años. De no haber visto a tiempo que las debilidades y limitaciones que advertimos hace dos años ante un resultado electoral adverso o, hace un año, frente a la escueta respuesta frente al tamaño de la significación histórica de un magnicidio, exigían repensar el sentido histórico del Movimiento Nacional.
Y no, la dirigencia política pensó en refugiarse en los pliegues de un sistema politico que se está cayendo a cachos, y sólo asoma, para identificar como responsables de sus pesares, a los compañeros que perseveran en identificar lo inconveniente de su despliegue político.
Devaluación, y después.
De muestra, un botón. Luego de haber consensuado -antes de las elecciones- con el FMI la devaluación de nuestra moneda, a las 24 horas de la derrota en las PASO, Sergio Massa aplicó un depreciación monetaria del 22% y disparó precios, deterioró salarios y pulverizó ingresos populares.
Durante semanas dejó consolidar los precios al alza, y una vez que se habían asentado, anunció una bateria de medidas que pretenden aliviar las consecuencias económicas dramáticas en una enorme mayoría.
300 pesos por hijo, por día, en la Tarjeta Alimentar. 10.000 pesos por dos meses a los beneficiarios del Potenciar Trabajo. 37.000 pesos para los jubilados por dos meses, que en realidad son 10.000 pesos más el bono que ya se había anunciado antes de la devaluación. Suma fija de 30.000 pesos para trabajadores formales que cobren menos de 400.000 pesos neto, no remunerativa y absorvibles por la próxima paritaria. Y una invitación espantosa a endeudarse para saldar deudas.
Los anuncios pusieron a la militancia de vida interna de Unión por la Patria a celebrar la decisión, obligándose a mentirse a sí mismos para justificar el sentido reparador de las sumas aportadas. Y también exhibieron la debilidad de un gobierno que no puede condicionar a su propia fuerza política para garantizar el efectivo cumplimiento de las decisiones tomadas, tal y como exhibió el rechazo de los gobernadores y la exclusión de la obligatoriedad al sector público provincial de cumplir con la suma fija.
Y mientras todo eso sucede, cada segundo los Bancos embolsan 800.000 pesos por intereses de Leliq y Pases Pasivos. El Estado le asegura 800.000 pesos por segundo, 48 millones de pesos por minuto, 2.880 millones de pesos por hora, 69.000 millones de pesos por día. En un día, con lo que se asegura rentabilidad en los Bancos, se paga más de 3 veces los dos meses de desembolso sobre el millón y medio de compatriotas que viven del Potenciar Trabajo. Por segundo, los Bancos se llevan el equivalente a seis jubilaciones mínimas con bonos.
Demasiado contraste. Demasiada vulgaridad para justificar ideológicamente el asunto. Fundamentalmente porque al construir la victoria del 2019, el Frente de Todos propuso en campaña “terminar con la estafa de las leliq”. Alberto Fernández, parado en el cierre de campaña junto a Cristina, sostuvo que “cuando me preguntan cómo voy a aumentar las jubilaciones y los salarios, les digo que terminando con la estafa de las leliq”.
“¡Por favor! ¡Es una indecencia lo que está pasando!” dijo Alberto Fernández mientras hacía los números que hace unos párrafos realizabamos en esta editorial.
Son los límites y debilidades exhibidas en este tiempo. Las que llevaron a perder la mitad de los votos en las elecciones en apenas cuatro años. Son las que exhiben la capacidad de justificar políticamente cualquier cosa en medio de una desertificación ideológica que se habita por elección y, por momentos, por placer.
El resultado de las PASO exigía a Unión por la Patria hacer todo lo contrario a lo que hizo durante los últimos cuatro años. Y sin embargo, pisó el acelerador.
Y aún así, mientras su dirigencia se esconde, siguen siendo la única herramienta con la que se cuenta para impedir que Milei o Bullirich condenen a las mayorías a vivir aún más para la mierda. Que inauguren un ciclo de persecución política brutal sobre todo argentino de bien que ofrezca resistencia al destino de miseria que le ofrecen.
Analistas del sacrificio ajeno, parecen prepararse para que otros peleen y ellos buscar el momento de apurar el paso para figurar como solución en medio de la crisis. “Juegan con un fuego que a ellos no les quema // y de repente tu entusiasmo tiene precio” decía el Piti en Los Oportunistas.
El camino se alumbra en otro lado. Ratificar convicciones, pensar colectivamente, confiar en la organización popular y apostar a la legitimidad de la militancia. No hay que mirar arriba para encontrar éste camino, hay que reunirse colectivamente para explorar las certezas de un tiempo complejo.
Impedir que los monstruos obstaculicen nuestro destino y dar batalla después, e inmediatamente, por el sentido histórico de lo que somos. Una proclama en carne viva que sigue convencida de la grandeza de nuestra Patria y del merecimiento de felicidad de nuestro Pueblo.