Augusto Sandino dijo ¡¡¡basta!!!
22 de febrero de 2025
En un nuevo aniversario del asesinato de Augusto Sandino, el Prf. David Acuña trae al presente su lucha por la liberación de Nicaragua.
La noche del 21 de febrero de 1934, el Gral. Augusto Nicolás Calderón Sandino se retiraba en auto luego de haber asistido a una cena cuyo anfitrión fue el Presidente Juan Bautista Sacasa. El vehículo en el que se trasladaba es detenido por soldados de la Guardia Nacional. Horas después Sandino, dos de sus lugartenientes eran fusilados en un descampado.
La respuesta sobre quién orquestó estos crímenes está presente en la propia historia de lucha de Nicaragua contra el intervencionismo yanqui.
Una de piratas.
Luego de la anexión por parte de los Estados Unidos de la mitad del territorio mexicano, se desata a mediados del siglo XIX en California la “fiebre del oro”. Situación que le exigía a la burguesía norteamericana contar con mejores rutas de conexión entre la Costa Atlántica y el Pacífico. Aún faltaban años hasta que se construyera el Canal de Panamá y se concretara la extensión de las vías férreas por los nuevos estados de la Unión. La situación geográfica de Nicaragua se volvía estratégica para el tráfico de mercancías, trabajadores y tropas yanquis si se lograba anexar o controlar a esta convulsionada república.
Entre 1854 y 1855 Nicaragua está sumida prácticamente en una guerra civil entre conservadores y liberales por el control del Estado. En sí, ambos sectores son fracciones de la oligarquía local, donde los liberales expresan su sector modernizante.
Esta situación fue propicia para que el filibustero William Walker al mando de tropas mercenarias norteamericanas desembarcara en el país con la proclamada intención de apoyar al bando conservador, cuando en verdad llevó adelante un raid de matanzas, traiciones y saqueos tan desvergonzados que culminaron en la toma del poder. El 12 de julio de 1856, Walker se autoproclamaba presidente de Nicaragua decretando el inglés como idioma oficial, restaurando la esclavitud y solicitando la incorporación del país como parte de los Estados Unidos. Obviamente, Washington reconoció rápidamente al nuevo gobierno.
En 1857, Walker es derrotado por una coalición de tropas integradas por patriotas de todas las repúblicas centroamericanas y obligado a escapar a Estados Unidos, donde es recibido como un héroe.
El poder de las cañoneras.
Tras una revolución de corte liberal asume en 1893 el presidente José Santos Zelaya. Con la intención de contrabalancear las presiones del capital estadounidense, el gobierno entabla conversaciones con inversores de origen alemán y japonés, quienes estaban interesados en la construcción de un canal interoceánico en Nicaragua.
Estados Unidos contrataca fomentando una rebelión militar y realizando operaciones de sabotaje en la infraestructura del país. Ante el desembarco de marines yanquis y la amenaza de bombardeos por barcos de la marina, el presidente Zelaya dimite y se exilia a México para desalentar la escalada del conflicto. Juan Estrada asume la presidencia del país y nombra como su vicepresidente a Adolfo Díaz, quien hasta el día anterior oficiaba como empleado jerárquico de la minera Los Ángeles Mining Company, propiedad de la familia Fletcher que, a su vez, era representada por el estudio jurídico del Secretario de Estado Philander C. Knox… las vinculaciones y los beneficiarios, son evidentes.
El gran garrote.
En 1910, a bordo de un barco de la marina de guerra norteamericana, el presidente Estrada firma los Pactos Dawson que le garantizaba a Washington el respaldo a los empréstitos tomados con los derechos aduaneros y los ferrocarriles. Además, se permitía el establecimiento de tropas norteamericanas con el objeto de garantizar el orden. Nicaragua pasaba a ser prácticamente un protectorado bajo control de los banqueros e industriales yanquis, pero sin la necesidad de proclamar anexión formal alguna.
La política del big stick de Theodore Roosevelt era violentamente clara.
Sandino: punto de inflexión.
Entre 1925 y 1926, se suscitan una serie de cuartelazos militares exigiendo al gobierno elecciones limpias. Adolfo Díaz, presidente en ejercicio, solicita a Washington respaldo militar para fortalecer su mando ante los opositores. El 24 de diciembre de 1926, 16 buques de guerra y 5000 hombres desembarcan en Nicaragua.
Ante el gobierno y la ocupación, se conforma el Ejército Liberal Constitucionalista de Occidente. De esta manera, los liberales se ven empujados a tomar posiciones antiimperialistas y concitar el apoyo de los sectores populares. Sandino expresa de esta manera la corriente plebeya que escucha el llamado a la lucha contra el invasor y a la cual los aspectos formales de organización del Estado se le presenta como secundarios ante la realidad de ocupación colonial. Tal es así, que cuando el sector liberal tradicional liderados por Sacasa y Moncada entran en negociaciones con los conservadores (Pacto de Espino Negro) para acordar una instancia de poder compartido pero supervisados por los Estados Unidos, Sandino y sus hombres se niegan a entregar las armas y prosiguen la guerra contra el invasor.
Sandino, puede ser considerado la prosecución del levantamiento liberal exigiendo respecto a la Constitución y el fin de la ocupación extranjera. Al mismo tiempo, se erige como un punto de inflexión donde el liberalismo se radicaliza transformándose en nacionalismo popular revolucionario; y donde la lucha constitucionalista, deviene en causa nacional patriótica contra el agresor externo y sus aliados internos. Es que la causa nacional no podía ser tomada por quienes necesitan la estabilidad institucional para remplazar a sus adversarios conservadores en la vinculación económica con el extranjero, pues el modelo exportador agro-minero no puede dar respuesta, al mismo tiempo, a la clase dominante y a los sectores populares. Sacasa, Moncada y los de su clase, entienden que el sandinismo puede derivar peligrosamente en una revolución social que termine confrontando con ellos también.
La historia que siguió es conocida. Ríos de tinta ya se han escrito sobre la figura de Sandino y, aun así, pareciera que su gesta sigue teniendo varias verdades que decirnos.
La cuestión es terriblemente sencilla y clara, pues en la medida que las patrias chicas de Nuestra América sigan estando sometidas a las políticas de Washington, Sandino tendrá siempre algo que aportar a quien tome por el camino de la lucha independentista.
Pareciera mentira que en pleno siglo XXI ante el evidente redespliegue de los mecanismos de injerencia imperialista en complicidad con las élites locales haya que explicar que el imperialismo yanqui goza de buena salud y hace de las suyas. En las manos de la militancia está la verdadera decisión a la hora de decir “basta, me planto: es con Sandino y la Patria, o con quien pacta con el imperio a cambio de cargos y prebendas”.
Bibliografía recomendada:
- Selser, Gregorio. “Sandino: General de hombres libres”. Ed. Peña Lillo.
- Noble, Cristina. “Augusto Sandino. Un jinete contra el imperio”. Ed. Capital Intelectual.
- Esteche-Cavisca-Acuña. “Destinados por la providencia. Una historia de la relación del imperio con Nuestramérica”. Ed. Punto de Encuentro – PIA Global.