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La infraestructura digital global: un nuevo objetivo militar


14 de marzo de 2026

En medio del conflicto actual en Oriente Medio, se registró una dimensión que -hasta aquí- no había sido tenida en cuenta: los ataques a los centros de datos de Amazon Web Services (AWS), una de las empresas que concentra el servicio de nube, infraestructura y entrenamiento de datos en el mundo. El impacto que genera en la disputa geopolítica, los interrogantes que se abren y el rol de países como Argentina, conducido por un gobierno dispuesto a ceder soberanía en pos del alineamiento con los Estados Unidos.

Alfredo Moreno

Foto: Vista de una columna de humo en Baréin, donde una infraestructura de AWS ha sido dañada. EFE.

El domingo primero de marzo millones de personas en Dubái y Abu Dabi se despertaron con una sorpresa inesperada: no podían pagar un taxi, pedir comida a domicilio ni consultar el saldo de sus cuentas desde sus aplicaciones móviles. Durante algunas horas, la vida digital que sostiene gran parte de la actividad cotidiana en estas ciudades simplemente dejó de funcionar.

La causa no era una falla técnica ordinaria. En la madrugada de ese mismo día se habían producido tres ataques contra dos instalaciones en los Emiratos Árabes Unidos y una en Baréin. La televisión estatal iraní informó que el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán había lanzado la operación «para identificar el papel de estos centros en el apoyo a las actividades militares y de inteligencia del enemigo».

El episodio marca un antecedente inquietante: el primer ataque militar conocido contra la infraestructura de un proveedor estadounidense de computación en la nube —un hiperescalador— y un hecho que pone en cuestión las ambiciones regionales de construir gigantescas instalaciones digitales como parte del nuevo mapa tecnológico global.

Los daños provocados por drones contra tres instalaciones de Amazon Web Services en Medio Oriente expusieron, además, la vulnerabilidad de los centros de datos que constituyen la base material del procesamiento algorítmico utilizado por los servicios militares de Estados Unidos e Israel.

Según la versión difundida por medios iraníes, el complejo ubicado en Baréin habría funcionado como «plataforma de inteligencia y espionaje» del Pentágono contra la nación persa. De acuerdo con esa narrativa, desde esas infraestructuras se habría brindado apoyo logístico y tecnológico a operaciones estadounidenses en el entorno del Golfo.

La división de computación en la nube de la compañía —propiedad de Jeff Bezos— informó el lunes 2 de marzo que dos centros de datos en los Emiratos Árabes Unidos fueron «atacados directamente» y que otra instalación en Baréin también resultó dañada luego de que un dron impactara en el área donde se encuentran los complejos que sostienen gran parte de las transacciones digitales de la región.

«El ataque supuso un duro golpe para la infraestructura tecnológica y de información del enemigo», señalaba un mensaje difundido a través de Telegram, uno de los pocos canales de comunicación que mantiene el país con el exterior en el actual contexto de tensiones.

Desde Amazon confirmaron que los impactos produjeron daños estructurales e interrupciones eléctricas. «Estos impactos han causado daños estructurales, interrumpido el suministro de energía a nuestra infraestructura y, en algunos casos, requirieron actividades de extinción de incendios que resultaron en daños adicionales por agua», informó la empresa en una actualización publicada en su sitio web.

Hacia el martes por la noche se indicó que los sistemas de respaldo estaban siendo reubicados en otros centros de datos, aunque el proceso implicó casi cinco días de interrupciones para numerosos servicios locales.

Una arquitectura para resistir

La red global construida por Amazon está diseñada precisamente para tolerar fallas parciales. Puede absorber la destrucción de un centro regional y continuar operando. Pero no necesariamente soportar la pérdida simultánea de varios nodos estratégicos. El ataque coordinado tuvo consecuencias inmediatas. Millones de personas en Dubái y Abu Dabi no tenían servicio de internet.

Uno de los puntos críticos fue el sistema de almacenamiento S3, el servicio de objetos en la nube de AWS que permite guardar y recuperar enormes volúmenes de información por medio de internet. Su arquitectura puede gestionar la caída de una zona dentro de una región geográfica determinada, pero enfrenta limitaciones cuando varios nodos se ven afectados al mismo tiempo.

Amazon Web Services aloja gran parte de los servicios en línea más utilizados del mundo y proporciona, detrás de escena, infraestructura de computación para organismos gubernamentales, universidades y grandes empresas. La compañía dispone además de redes propias de fibra óptica que interconectan sus centros de datos y permiten trasladar cargas de procesamiento de un nodo a otro con gran rapidez.

Actualmente Amazon opera centros de datos en 39 regiones geográficas, tres de ellas en Oriente Medio: Emiratos Árabes Unidos, Baréin e Israel. Cada región se divide en varias «zonas de disponibilidad», conjuntos de centros de datos físicamente separados —a distancias que pueden superar los cien kilómetros— pero conectados por redes de latencia ultrabaja que minimizan el tiempo de transmisión de datos.

La arquitectura está diseñada para que el fallo de una instalación no afecte al conjunto. Sin embargo, la pérdida simultánea de varias infraestructuras dentro de una misma zona puede generar cuellos de botella severos: simplemente puede no existir capacidad suficiente para absorber toda la carga de procesamiento y almacenamiento. Incluso en la era de la nube, la computación sigue enfrentando límites físicos.

El nuevo frente de la geopolítica digital

Tras este golpe a infraestructuras que constituyen materia prima para el análisis de inteligencia y operaciones militares de Israel y Estados Unidos, varias empresas del sector podrían enfrentarse a un problema que trasciende a AWS.

Durante la última década, Medio Oriente se convirtió en un polo creciente de inversiones en centros de datos. Países como Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos impulsaron estos proyectos como parte de estrategias destinadas a diversificar sus economías y reducir la dependencia del petróleo.

Según la base de datos global de DataCenterMap, actualmente existen alrededor de 326 centros de datos en la región, con la mayor concentración en Israel, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. Gran parte de estas instalaciones son operadas por gigantes tecnológicos estadounidenses como Google, Microsoft, Amazon y Oracle, que prestan servicios tanto a empresas privadas como a organismos gubernamentales y estructuras militares.

La propia Guardia Revolucionaria iraní reivindicó el ataque a través de medios estatales como la agencia Fars News. Según esa versión, las instalaciones en Baréin alojaban cargas de trabajo vinculadas a operaciones militares estadounidenses, incluyendo sistemas de inteligencia basados en modelos de inteligencia artificial desarrollados por la empresa IA Claude de Anthropic.

Ecos políticos más lejanos

Para la Argentina, la situación adquiere una dimensión particular. El presidente Javier Milei declaró recientemente: «Soy el presidente más sionista del mundo», durante una conferencia en la Universidad Yeshiva, reafirmando su alineamiento con Estados Unidos e Israel y calificando a Irán como enemigo.

En el mismo contexto, el mandatario mencionó a la provincia de Chubut como un posible destino para inversiones vinculadas a grandes centros de datos.

El episodio ocurrido en Medio Oriente introduce así una advertencia adicional: estas infraestructuras, concebidas como motores del desarrollo digital, también pueden convertirse en objetivos estratégicos dentro de conflictos internacionales.

El fin de la inocencia digital

Lo sucedido parece señalar el fin de una cierta inocencia tecnológica. La infraestructura de datos ya no es solo un soporte económico o comunicacional: es también un componente central de la guerra contemporánea.

El director ejecutivo de Palantir Tecnhologies, Alex Karp, ha defendido abiertamente la integración entre inteligencia artificial, análisis de datos y operaciones militares. En esa visión, los algoritmos permiten observar y anticipar movimientos estratégicos a miles de kilómetros de distancia.

La cuestión de fondo, sin embargo, excede la coyuntura militar. Si la información y los algoritmos se convierten en herramientas decisivas para anticipar y dirigir conflictos —como la capacidad de ver a través de los muros de un palacio presidencial a miles de kilómetros de distancia— también plantean una pregunta más amplia: qué significa para la condición humana que sistemas automatizados participen cada vez más en decisiones que afectan el destino de sociedades enteras.

En esa lógica, el presidente argentino parece inscribirse en la lectura geopolítica formulada por Samuel P. Huntington en su libro The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order :[1] la expansión de Occidente no habría respondido únicamente a la superioridad de sus ideas, sino también a su capacidad histórica para organizar y aplicar la violencia.

 

 
↑1 El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial, 1996

Alfredo Moreno

Alfredo Moreno es profesor en Tecnologías de la Información en Univ. Nac. de Moreno. Ingeniero TIC en ARSAT.  Integrante de la red PLACTS

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