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La guerra que otros ganan: quién se queda con la renta del petróleo argentino


12 de septiembre de 2026

Los ataques en el estrecho de Bab el-Mandeb y la intensificación del conflicto en Ormuz dispararon el precio del barril por encima de los 100 dólares. Las acciones de las petroleras que operan en Vaca Muerta subieron como la espuma. Pero mientras los mercados celebran, un informe del Observatorio de Energía de EJES revela que la mayor parte de esa renta extraordinaria se fuga al exterior. La guerra en Medio Oriente no beneficia a la Argentina: beneficia a las corporaciones que extraen, exportan y giran sus ganancias a las casas matrices.

Mariano Luna

El estrecho de Bab el-Mandeb es un pasaje de 30 kilómetros de ancho entre Yemen y Yibuti, por donde circula una parte significativa del comercio mundial de petróleo. En septiembre de 2026, la avanzada yemení tomó el control de ese corredor estratégico y los ataques en el estrecho de Ormuz se intensificaron. El resultado fue inmediato: el crudo Brent superó los 100 dólares por barril, y las acciones de las petroleras que operan en Vaca Muerta escalaron en las bolsas de Nueva York y Buenos Aires.

La noticia fue celebrada en los portales especializados como una "oportunidad histórica" para la Argentina. "Vaca Muerta, la gran ganadora de la guerra", titulaban. Los analistas de mercado proyectaban mayores ingresos por exportaciones, mejores balances para las empresas y un flujo de divisas que aliviaría la restricción externa. Pero la pregunta que nadie hacía era la más obvia: ¿quién se queda con esa renta extraordinaria?

La respuesta está en el último informe del Observatorio de Energía de EJES, titulado "¿Adónde van los dólares de Vaca Muerta?". El documento, elaborado por Marco Kofman, desmonta el mito del derrame y revela con precisión quirúrgica el circuito de la fuga. Durante el primer semestre de 2026, las empresas del sector energético dolarizaron excedentes por 2.511 millones de dólares, una cifra que representa la mitad del saldo comercial generado por la actividad. El desglose es elocuente: 904 millones de dólares se giraron al exterior en concepto de utilidades y dividendos; 867 millones se destinaron al pago de intereses por la deuda externa corporativa; y el resto se canalizó a través de repatriación de capitales y otros mecanismos financieros.

El mecanismo es simple y letal. Las exportaciones de crudo generaron ingresos por 754 millones de dólares mensuales durante los primeros cinco meses del año. Como contrapartida, las empresas giraron al exterior un promedio de 431 millones de dólares mensuales, cifra que escala a 533 millones si se incluyen los pagos por servicios empresariales que suelen encubrir transacciones intrafirma de compleja verificación. Así, la salida de divisas por la vía financiera absorbió entre el 57% y el 71% de los recursos generados por la venta externa de crudo. La guerra en Medio Oriente elevó el precio del barril, pero la estructura de la fuga se mantiene intacta.

 

El negocio no es exportar: es endeudarse

El informe de EJES revela una paradoja aún más profunda. El principal flujo de dólares aportado por Vaca Muerta no es el petróleo que vende, sino la deuda que toma. Durante los primeros cinco meses de 2026, el sector energético protagonizó un proceso de endeudamiento externo corporativo sin precedentes, aportando divisas por un promedio de 936 millones de dólares mensuales. Este monto supera al generado por las propias ventas de petróleo, convirtiendo al crecimiento de los pasivos financieros en la principal fuente de dólares del sector.

Se trata, además, de divisas con destino comprometido. Estos dólares no solo deberán retornar al exterior al momento de cancelar los capitales adeudados, sino que la propia expansión de la deuda incrementa el flujo permanente de divisas destinadas al pago de intereses. Este concepto se consolidó como el principal mecanismo de fuga del sector energético, demandando ya un egreso constante de 132 millones de dólares cada mes.

El stock de deuda externa del sector de petróleo y gas ascendía a 19.809 millones de dólares al cierre de 2025. El 97% de ese volumen corresponde a obligaciones de carácter financiero, en contraste con otras ramas donde prevalece el endeudamiento comercial ligado a la prefinanciación de operaciones de compraventa. En términos acumulados durante la gestión libertaria, cuatro de cada diez dólares tomados en el exterior por las empresas petroleras fueron contraídos con sus propias casas matrices.

 

La contracara social: empleo destruido y territorios sacrificados

Mientras la renta se fuga, la actividad petrolera no genera el empleo prometido. De los últimos doce meses, siete registraron caídas en la actividad económica, se pierden más de 350 empleos formales al día, y el poder adquisitivo de salarios y jubilaciones se deteriora. La propia actividad petrolera destruye puestos de trabajo: en Chubut y Santa Cruz, el retiro de YPF de áreas maduras implicó una pérdida de más de 6.000 empleos petroleros. En Neuquén, a pesar del crecimiento de los niveles de extracción, también se perdieron empleos.

El informe de EJES es contundente: "Vaca Muerta, en tanto proyecto estrella de la economía, no genera empleo ni dinamiza la producción general". Lo que sí genera es un flujo de divisas que se fuga por la vía financiera, y un endeudamiento creciente que hipoteca el futuro del país. "Los dólares que ingresan hoy —e incluso los que ingresarán mañana— ya tienen dueños que los reclaman", advierte el documento.

 

La comunidad de negocios que se queda con todo

Detrás de Vaca Muerta opera una verdadera comunidad de negocios conformada por los actores dominantes de la economía local. El beneficio de estas divisas no se limita a las empresas operadoras del yacimiento: el circuito de apropiación se ramifica hacia múltiples sectores corporativos —por lo general, los más concentrados— y hacia un selecto grupo de personas humanas con una elevada capacidad de acumulación de excedentes.

El informe de EJES documenta que, en el primer semestre de 2026, los dólares de Vaca Muerta permitieron abastecer una porción de la demanda de personas físicas de alto poder adquisitivo —que atesoraron 14.000 millones de dólares— y financiar una parte de los 5.000 millones que el Estado Nacional giró en concepto de intereses de la deuda pública. Las energéticas encabezan el proceso de apropiación de divisas, pero no son las únicas: la producción de alimentos, aceites vegetales, metales, químicos y la minería también transfirieron al exterior más de 2.000 millones de dólares en el mismo período.

 

Conclusión: la guerra no es una oportunidad, es un negocio para pocos

El aumento del precio del barril por los conflictos en Medio Oriente no beneficia a la Argentina. Beneficia a las corporaciones que extraen, exportan y giran sus ganancias a las casas matrices. Beneficia a los fondos de inversión que compran acciones de Vista, YPF, Chevron y Shell. Beneficia a los bancos que financian el endeudamiento externo del sector. Beneficia a los sectores de mayores ingresos que dolarizan sus excedentes.

Mientras tanto, el país sigue endeudándose para sostener el esquema cambiario, la industria sigue destruyendo empleo, y los territorios donde se extrae el petróleo siguen esperando un derrame que nunca llega. La guerra en Medio Oriente es una oportunidad para los mercados, no para los argentinos. Y mientras la renta del petróleo se fuga por la ventana financiera, la Argentina sigue siendo un país que produce riqueza para que otros la disfruten.

Mariano Luna

Mariano Luna es licenciado en comunicación social de la Universidad Nacional de la Patagonia (UNP). Ha colaborado en medios patagónicos en materia energética. 

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