La Doctrina Monroe parece gozar de buena salud
13 de diciembre de 2025
Estados Unidos quiere reajustar su presencia global para centrarse más en América Latina y en la lucha contra la migración, según la nueva estrategia de la administración de Donald Trump -“Estrategia Nacional de Seguridad”-, publicada el viernes 5 de diciembre.
El documento expone con firmeza el objetivo de reforzar la influencia de EE.UU. en América Latina, donde el actual gobierno está atacando a presuntas narcolanchas, está inmerso en una confrontación con el gobierno venezolano en busca de apoderarse de sus recursos energéticos, y busca tomar el control del Canal de Panamá.
En diciembre de 1823, hace más de un siglo ya, el entonces presidente estadounidense James Monroe, subió al podio del Capitolio, donde leyó el tradicional discurso presidencial de fin de año: a partir de allà surgió una de las posiciones polÃticas más sólidas y duraderas de EE.UU.: la doctrina que lleva su apellido. El mensaje fue claro y directo, EE.UU. no iba a tolerar la colonización de los paÃses latinoamericanos y caribeños, recién independizados. Por ello, la doctrina se llamó «América para los (norte)americanos».
Era una forma «sofisticada» de nombrar lo que después se conoció como la polÃtica del «gran garrote» (big stick), que EE.UU. adoptó desde entonces. Ese apelativo venÃa de una frase que el presidente usó al expresar sus ideas sobre polÃtica exterior, pero tiene su origen en un dicho africano: «Habla suavemente y lleva un gran garrote; llegarás lejos». En la historia esta polÃtica se llamó Corolario Roosevelt.
La Estrategia de Seguridad Nacional presentada por la Casa Blanca sostiene que “después de años de negligencia, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preminencia estadounidense en el hemisferio occidental y para proteger a nuestra patria y nuestro acceso a sus geografÃas a través de la región”.
Esta reafirmación incluye negar “a competidores no hemisféricos la habilidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de adueñarse o estratégicamente controlar bienes vitales en nuestro hemisferio”, lo cual se presenta como un “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe, el cual supone “una restauración de sentido común potente del poder estadunidense y sus prioridades, consistente con nuestros intereses de seguridad”.
La noción de un “Corolario Trump” hace referencia al Corolario Roosevelt, introducido en 1904. La doctrina original, concebida por Monroe, se presentó como una advertencia a las potencias europeas contra todo intento de restaurar el colonialismo, en una época en que América Latina y el Caribe se sacudÃa el yugo de España y Portugal e intentaba reafirmarse frente a Gran Bretaña, Francia, PaÃses Bajos y otros actores estatales o paraestatales que explotaban el vacÃo dejado por la debacle ibérica.
Ese presunto paraguas frente a la intervención europea supuso el remplazo de las metrópolis transatlánticas por la dura bota de Washington, como rápida y trágicamente descubrió México al sufrir el robo de más de la mitad de su territorio a manos de Estados Unidos entre 1835 y 1854.
Para inicios del siglo XX, el presidente estadounidense Theodore Roosevelt estimó que ya no era necesario fingir una postura defensiva y proclamó todo el hemisferio, fuera de las fronteras estadunidenses, como un territorio salvaje susceptible de ocupación y colonización bajo la premisa de que “en el continente americano, como en otros lugares, la inconducta crónica puede requerir finalmente la intervención de alguna nación civilizada, y en el hemisferio occidental la adhesión de los Estados Unidos a la Doctrina Monroe puede obligar a los Estados Unidos […] al ejercicio de un poder de policÃa internacional”.
Bajo este corolario, República Dominicana sufrió la confiscación de sus aduanas, mientras Cuba, Nicaragua y Haità padecieron ocupaciones que se prolongaron por décadas y degeneraron en sangrientas dictaduras. Antes, en 1899, Washington ya se habÃa apoderado de Puerto Rico, al que mantiene en situación colonial hasta ahora como harÃa con Cuba si la Revolución de 1959 no hubiera consumado la independencia de la isla.
Monroe sigue vivo
El documento parece una advertencia a China y sus asociaciones en y con paÃses latinoamericanos y caribeños. Se presenta como el “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe, el cual supone “una restauración de sentido común potente del poder estadunidense y sus prioridades, consistente con nuestros intereses de seguridad”.
Debido a la proximidad entre los territorios, EE.UU. quiere imponer el imaginario de que es el guardián de Latinoamérica y el Caribe: “Hay muchas revoluciones, mucho caos allÃ, y nosotros, los anglosajones, necesitamos ponerles orden’, es una visión que está muy presente en la actual administración de Donald Trump.. Si bien el paÃs mantuvo una postura intervencionista en la región a lo largo del siglo XX, -ocupó Haità (1915-1932) y Nicaragua (1912-1933).
Y apoyó y financió a las dictaduras militares involucradas en la Operación Cóndor durante la Guerra FrÃa. Estados Unidos siempre buscó legitimar sus acciones cubriéndolas con «valores universales», ya sea construyendo un ‘mundo libre’, defendiendo la libertad o incluso expandiendo la democracia.
El imperio y yo
Ahora, nada de eso está sucediendo: Trump claramente planea simplemente retomar la antigua orientación imperial de EE.UU. del siglo XIX, sin apelar a ningún gran valor universal, Trump dice abiertamente que solo lo hace por interés, expansionismo, apoderarse de las reservas estratégicas del subcontinente, en especial del petróleo, el litio y las tierras raras.
Es la idea de zonas de influencia, de poder puro sin ningún criterio moral ni siquiera de derecho internacional. La agresividad de la postura estadounidense hasta el momento se limita al ámbito retórico y a ocupar militarmente zonas estratégicas como el mar Caribe y el Océano PacÃfico, con el pretexto de combatir al narcotráfico que es un gran problema para EEUU con casi 200 mil muertes al año
Hasta ahora el garrote sólo fue utilizado por Trump y su gobierno para asesinar a pescadores caribeños, con el pretexto de que son narcotraficantes. Y para liberar e indultar a Juan Orlando Hernández, expresidente hondureño encarcelado en EEUU por traficar “apenas” 400 toneladas de drogas, y sentenciado a 45 años de cárcel.
La doctrina Monroe goza de buena salud
«La Doctrina Monroe está muerta», fue lo que dijo en noviembre de 2013, el entonces Secretario de Estado estadounidense John Kerry (durante la presidencia del demócrata Barak Obama) al finalizar la reunión realizada por la Organización de los Estados Americanos (OEA), en Ciudad de Guatemala. El auditorio compuesto por representantes de los gobiernos de América Latina y el Caribe, se llenó de aplausos.
Según Kerry, en lugar de aquella relación «intervencionista» de Estados Unidos, ahora venÃa una era en la que los paÃses americanos serÃan vistos «como iguales, compartiendo responsabilidades, cooperando en materia de seguridad y adhiriéndose ya no a una doctrina, sino a decisiones tomadas conjuntamente». Lindas palabras, las de Kerry, pero doce años después, la Doctrina Monroe nunca ha estado tan viva. El actual secretario de Defensa de EEUU (ministro de Guerra) Pete Hegseth, afirmó en Fox News que Estados Unidos debe recuperar influencia en su «patio trasero perdido» ante China. «Vamos a invertir en lo que impulse los intereses estadounidenses en nuestro patio trasero mientras interrumpimos la influencia china allû, dijo Hegseth. La frase «patio trasero», es un legado que dejó la Doctrina Monroe, siendo una manera común de referirse a América Latina y el Caribe desde la perspectiva estadounidense.
Hegseth se referÃa a la tensión entre la actual Casa Blanca y el gobierno panameño por el control del canal marÃtimo que atraviesa el paÃs centroamericano y les ahorra dÃas de viaje a los barcos que necesitan pasar de un lado a otro del continente. Washington alega que Panamá violó los Tratados Torrijos-Carter cuando se unió a la Iniciativa del Cinturón y la Ruta, proyecto masivo de expansión comercial de China conocido como la «Nueva Ruta de la Seda», en 2017.
La actual postura de la Casa Blanca hacia la región se puede explicar, curiosamente, gracias a la dependencia que EE.UU. proyecta tener de América Latina y el Caribe, a medida que comiencen a sentirse los efectos de la imposición de aranceles comerciales a casi todo el mundo. La economÃa estadounidense tendrá que recurrir a los paÃses de la región en busca de materias primas para la industria, y al mismo tiempo, explorar otros mercado de consumo. Y, debido a eso, recuperar el control del «patio trasero» también es una forma de bloquear el acceso de China a las mismas materias primas y mercados potenciales.
Hoy en dÃa, China es el principal socio comercial de paÃses latinoamericanos como Brasil, Perú, Chile y Venezuela, mientras que Estados Unidos mantiene esa relación con las naciones de México, Guatemala, Colombia y Ecuador. Obviamente Brasil posee un peso decisivo en esta esfera de influencia global, ya que es el principal socio de vecinos como Argentina, Bolivia y Paraguay. Por ello, la declaración hecha por Trump acerca de Brasil el dÃa de su investidura «no los necesitamos, pero ellos nos necesitan», es todo lo contrario.
En este contexto, lo que el trumpismo denomina “negligencia” no es sino el relativo y variable cuidado de las formas que las administraciones demócratas y republicanas han tenido en sus vÃnculos con las naciones de la región desde el final de la Guerra FrÃa. El respeto formal a la soberanÃa de sus pares (con las notorias excepciones de Cuba y Venezuela, contra las que el injerencismo ha sido siempre descarado) no impidió a los antecesores de Trump seguir aplicando la Doctrina Monroe, como atestiguan las continuas intervenciones en HaitÃ, los golpes de Estado contra Manuel Zelaya (2009, Honduras), Fernando Lugo (2012, Paraguay), Dilma Rousseff (Brasil, 2016), Evo Morales (2019, Bolivia), Pedro Castillo (2022, Perú).
Asà como el Plan Mérida impuesto de la mano del mexicano Felipe Calderón; el brutal lawfare contra Cristina Fernández de Kirchner en Argentina; el apoyo al paramilitarismo uribista en Colombia; la soberanÃa siempre tambaleante de Centroamérica, con la resistencia prolongada de Nicaragua y efÃmera de Honduras, por mencionar sólo algunos entre los innumerables ejemplos del nunca extinto monroÃsmo.
AsÃ, el Corolario Trump no es un cambio de estrategia, sino de método: el control ejercido a través de la red de iglesias evangelistas y de ultraderecha, de universidades, medios de comunicación, poderes judiciales oligárquicos y corruptos y organizaciones no gubernamentales, se sustituye o complementa con el primitivismo del gran garrote, los despliegues militares ostentosos y el abandono de cualquier apariencia de legalidad. Como anunció el secretario de Guerra, en lo sucesivo la democracia será considerada una mera distracción para los objetivos imperiales de la Casa Blanca.
La Doctrina “Donroe” (el Corolario Trump a la Doctrina Monroe) no es la afirmación de las capacidades de una potencia emergente que fue hace dos siglos, sino el coletazo de un superpoder en decadencia acelerada, de la cual el trumpismo es tanto el sÃntoma más evidente como el máximo catalizador. El abuso de la fuerza no es, como pretende el magnate, una señal de fortaleza, sino el recurso de quien ya no puede atraer a sus vecinos con innovación tecnológica, inversión productiva, ejemplaridad institucional o un modelo civilizatorio viable.


