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La construcción de un zombie


09 de septiembre de 2023

Lo visible y lo oculto en el evidente hartazgo social que se cristaliza en la crisis que exhibe la representación política en la Argentina. Una reflexión del Instituto para la Producción Social que dirige el ingeniero Enrique Mario Martínez.

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El zombie es un muerto viviente, alguien que ha sido recuperado a la vida, pero no toma decisiones, porque está muerto.

Es una construcción mediática; un género de las películas de terror, repetido con tanta intensidad que ha producido adicción en millones en el mundo. En el espacio de la fantasía, es la antítesis perfecta del superhéroe.

El superhéroe resuelve todas las inequidades y aleja todos los peligros del mundo, disponiendo de recursos físicos que no están al alcance de una persona común. Es a quien delegamos conseguir la bondad y la seguridad.

El zombie, en el otro extremo, ha perdido toda sensibilidad, toda capacidad de discernir por sí mismo y actúa en manada con otros zombies, dirigido por fuerzas que se ocultan, pero que son tan poderosas que es imposible alterarlas.

Superhéroe quisiéramos ser todos. En realidad admitimos que es imposible y por lo tanto no podemos vencer a aquellos a quienes el superhéroe doblega. Es parte de la resignación moderna.

Pero zombie, ¿quién querría serlo? En todo caso, aún no nos hemos muerto. Eso es del todo evidente. Sin embargo, es posible percibir que el sistema de vida vigente, te condiciona de mil maneras. Te obliga a buscar quien te pague por tus servicios, como condición hasta para comer o vestirte; te cuenta 24×24 cuántos malos hay por allí robando y matando; te marca todos y cada uno de los flancos de inseguridad que hay por delante y por el costado de tu vida. Cada vecino o vecina puede ser el origen de tus problemas, que cada día suelen complicarse más.

¿No te deja eso tan expuesto como al zombie de las películas? ¿No te da la impresión que el sistema te está manejando como las fuerzas ocultas lo hacen con el zombie? Hay una diferencia. Vos estás vivo. ¿Qué haces cuando te sentís un zombie?

Huís de ese horror. Lo primero, lo imprescindible, es buscar el culpable. Y el culpable está allí, está claro: es quien administra el sistema, que te pide todo y no te da nada. Es el estado. Y quienes manejan el estado, que son los políticos.

¿Cómo se combate al culpable?

Procurando que los políticos, al menos esos políticos que están hoy allí, dejen de estar. Allí aparece un serio problema: a primera vista no tenés herramientas. Apenas una espadita de madera que es el voto. Y no la podés usar de cualquier manera, sino solo optando por un muy reducido conjunto de opciones, que también te las definió el sistema.

Es cómo que el sistema se ocupa de cortarte todas las posibles salidas para buscar una vida menos condicionada. Te hace parecido a un zombie hoy y parecido mañana, cambiando solo de collar. Tu reflejo  no puede ser votar al menos conocido, al que todavía no administró el estado y así te parece que hay una oportunidad quen no te joda. Los poderosos del sistema también imaginan eso y es normal que aparezcan personajes que prometen romper todo y dejarte libre por completo, pero que en realidad son   la pantalla delos auténticos causantes del problema.

¿Quiénes son estos poderes ocultos?

Los que lucran con todo lo que necesitamos. Desde el cable de televisión a la leche larga vida con 200 vitaminas. Ese puñado de corporaciones que se ha apropiado de las formas de acumular dinero y cada día inventan una forma más; los que condicionan al estado, sea cual sea el político que conduce y además consiguen que vos le eches la culpa de tus problemas; los que buscan conseguir convertirte en el zombie que temés ser. Que a diferencia de los muertos vivos que vagan por un mundo destrozado; son
vivos muertos que consumen lo que ellos definen; opinan lo que ellos quieren que se opine; odian a quienes ellos quieren se odie; ayudan a destrozar la esperanza de un mundo mejor. O sea que ni el voto te sirve.

¿Hay algo para hacer?
Seguramente. Ante todo, advertir que tus problemas son similares a los de millones. Lo sensato es que los resuelvas junto con otros y no soñando con que te dejen solo, peleando con miles que quieren lo
mismo.

La cooperación más que la pelea, especialmente cuando no estás seguro de donde está el adversario.
¿Y si la política no lo permite, porque es casi pura confrontación, para peor entre políticos solamente, dejando ocultos y felices a los poderes corporativos?

Pues cambiando la política. Pero eso solo es posible entendiendo las causas, discutiendo los caminos, analizando en conjunto.

Haciendo política.

No es dando todo el mazo a quien ayer no conocías y te promete el paraíso inmediato. Ese, lo que hace, es ponerte el sello de zombie. Y vos no querés ser zombie. Todo lo contrario: querés ser libre. La libertad, en un mundo de miles de millones, es un concepto colectivo.

Solo es libre quien tiene en cuenta al otro y viceversa.

¿Estás seguro que alguien te está teniendo en cuenta?
 

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