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El espejismo económico de Milei


23 de mayo de 2026

Según el INDEC, los trabajadores informales habrían recuperado poder adquisitivo. Pero el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) desmonta el espejismo: un cambio en el cuestionario de la encuesta generó una distorsión estadística que el gobierno celebra mientras los salarios reales se desploman hasta 24% en los sectores más vulnerables.

Yasmin Alarcam

Hay una grieta que no aparece en los discursos oficiales. No es la grieta política entre "la casta" y "la gente", ni la que separa a los libertarios del resto del arco político. Es una grieta más profunda y más cruel: la que existe entre lo que dicen las estadísticas que publica el gobierno de Javier Milei y lo que ven los argentinos todos los meses cuando abren la billetera, van al supermercado o intentan llegar a fin de mes.

El INDEC, bajo la gestión de Marco Lavagna, viene difundiendo un índice de salarios que, a simple vista, parecería mostrar una recuperación sorprendente. Según ese indicador, los trabajadores no registrados —los que laburan en negro, sin aportes, sin obra social, sin aguinaldo— habrían tenido un aumento salarial nominal del 570% desde la asunción de Milei. Casi el doble que los trabajadores formales del sector privado (275%) y más del doble que los del sector público (226%).

El gobierno festeja. Milei lo repite en cadena nacional. Pero hay un problema: esos números no reflejan la realidad. Son, en rigor, un espejismo estadístico.

 

El cambio metodológico que lo cambió todo

El Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) acaba de publicar un informe detallado que desarma la estadística oficial con la precisión de un cirujano. La conclusión es contundente: la mejora del salario informal que celebra el gobierno es un artefacto, un "ruido estadístico" generado por un cambio en el cuestionario de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que el INDEC no comunicó adecuadamente ni calibró para garantizar la continuidad de la serie histórica.

Antes del rediseño del cuestionario, el salario de los trabajadores informales representaba en promedio el 48% del salario de los formales privados, con una oscilación mínima de apenas 2,2 puntos porcentuales a lo largo de casi una década. Era una relación estructural, sólida, predecible. Después del cambio metodológico —que comenzó a impactar en enero de 2024—, ese cociente saltó al 84%. Según las cifras oficiales, un trabajador en negro ganaría hoy sólo un 19% menos que uno registrado.

Como ironiza el informe del CELAG, "de continuar esta trayectoria, pronto llegará el momento en el que la ambición de los jóvenes será conseguir un empleo informal". El absurdo es tan evidente que debería encender todas las alarmas. Pero el gobierno, en lugar de investigar la distorsión, la celebra.

 

Lo que realmente pasó con los salarios informales

Para aislar el sesgo introducido por el cambio de cuestionario, el CELAG realizó un ejercicio econométrico basado en un modelo de corrección de errores. El resultado no deja lugar a dudas: el salario nominal de los trabajadores informales creció 276%, no 570% como publica el INDEC. La diferencia es abismal: el organismo oficial sobreestimó el crecimiento en más de 100 puntos porcentuales.

Pero el análisis no se detiene ahí. Porque el crecimiento nominal, por sí solo, no dice nada. Para saber si los trabajadores realmente ganaron poder adquisitivo, hay que descontar la inflación. Y aquí aparece el segundo problema metodológico: el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del INDEC también subestima la inflación real, porque sus ponderadores se basan en una encuesta de gastos de 2004, cuando el peso de los servicios públicos en la canasta familiar era marginal. Después del ajuste tarifario de Macri y el de Milei, esa estructura de consumo cambió radicalmente.

El CELAG construyó índices alternativos que corrigen esa subestimación, utilizando los ponderadores de la Encuesta de Gastos de los Hogares 2017/18 y una canasta actualizada a diciembre de 2025. Los resultados son inequívocos: el salario real se desploma en todos los sectores, sin excepción.

Incluso tomando el IPC oficial del INDEC —que ya de por sí subestima la inflación—, el poder adquisitivo de los trabajadores formales privados cayó un 5%, el de los públicos un 17% y el de los no registrados —una vez corregido el sesgo metodológico— también un 5%. Con la canasta actualizada a diciembre de 2025, la caída del salario real del sector privado asciende al 10%, la del sector público al 22% y la de los informales al 10%.

 

El contraste con los salarios de convenio

El CELAG fue más lejos. Para verificar la magnitud de la distorsión, contrastó las cifras oficiales con los salarios de convenio de los sectores de mayor informalidad de la economía: empleo doméstico (18% de los asalariados no registrados), comercio (14%), gastronomía y hotelería (6%) y construcción (3%). En conjunto, estos cuatro sectores concentran más del 40% del total de trabajadores informales del país.

Mientras el INDEC reporta un crecimiento del 570% para los trabajadores no registrados, los salarios de convenio de las categorías de entrada de esos sectores crecieron, en promedio, apenas un 225%. El empleo doméstico, el rubro con mayor número de trabajadores informales, tuvo un aumento del 155%. Gastronomía, que lideró la suba entre estos sectores, llegó al 347%. En ningún caso se acercó siquiera al 570% que publica el INDEC.

La aritmética es implacable: si el 40% de los trabajadores informales tuvo aumentos del 218%, el 60% restante debería haber experimentado crecimientos del 800% para que el promedio llegara al 570% oficial. No hace falta ser economista para saber que eso no ocurrió.

Y cuando se calcula el salario real de esos mismos sectores con la inflación corregida, la pérdida de poder adquisitivo es estremecedora: las empleadas domésticas perdieron el 39% de su poder de compra, los trabajadores de la construcción el 20%, los del comercio el 13% y los gastronómicos el 4%. El promedio ponderado del conjunto arroja una caída del 24%.

 

La realidad que no se puede esconder

El informe del CELAG es lapidario: "La distancia entre el crecimiento del 70% del salario de los trabajadores no registrados que muestra sin vergüenza el INDEC y una caída que sensatamente podemos estimar entre el 11% y el 24% para lo que va del gobierno de Milei es insalvable".

Como no hay nada más revolucionario que la realidad, lo más reaccionario es ocultarla. El gobierno empeñado en falsear las cifras de la recesión encuentra en el INDEC un facilitador de esta alucinación estadística. Pero la realidad se impone. Los salarios reales caen sin excepción. Formales o informales, del sector público o del privado, todos los trabajadores pierden poder adquisitivo. La caída es consistente con el desplome del consumo, las ventas y la inversión que registran los demás indicadores de la economía real.

Así que si escuchás a Milei festejar que tu trabajo en negro cada vez se paga mejor, pero a vos la plata no te alcanza para llenar la heladera, no caigas en la trampa. No es tu culpa. No es que gastás mal o que no te esforzás lo suficiente. Lo que pasa es que te están mintiendo con estadísticas trucadas.

La grieta verdadera no es la que el gobierno quiere instalar entre "la casta" y "el pueblo". La grieta verdadera es la que separa los números del INDEC del bolsillo de los argentinos. Y es tan ancha que ya no se puede saltar.

 

Yasmin Alarcam

Yasmin Alarcam es estudiante de comunicación social en la UNCOMA, integrante del equipo de InfoNativa

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