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De los bolsillos vacíos a los créditos en un click


20 de junio de 2026

El endeudamiento familiar crece sin pausa en la Argentina: 20,3 millones de personas tienen financiamiento y la morosidad alcanza niveles récord. El crédito dejó de ser una herramienta de inversión para convertirse en una estrategia de supervivencia. El ajuste fiscal y la caída del salario empujan a los hogares a endeudarse para comer.

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El último informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) revela un fenómeno que atraviesa a millones de argentinos: el endeudamiento familiar se expande a un ritmo vertiginoso, pero lejos de reflejar un escenario de consumo o inversión, se ha convertido en un mecanismo de supervivencia frente al deterioro del ingreso y la caída del empleo. El crédito ya no es una opción: es una necesidad.

 

El contexto: una economía que no crece para todos

El informe del IPyPP, titulado "De los bolsillos vacíos a los créditos en un click", sitúa el crecimiento del endeudamiento familiar en un escenario de profundo deterioro económico y social. El PBI por habitante se encuentra un 3,9% por debajo del nivel de 2017 y un 7,6% por debajo del máximo histórico alcanzado en 2011. La economía argentina no logra recuperar el terreno perdido y, cuando crece, lo hace apoyada en sectores como el agropecuario, la minería y la intermediación financiera, actividades que generan pocos puestos de trabajo y consolidan una estructura productiva concentrada.

El mercado laboral muestra un deterioro estructural que viene de larga data. Desde 2012, el empleo privado registrado creció apenas un 0,2% anual. En 13 años, mientras la población total aumentó 11,4%, la cantidad de asalariados formales del sector privado creció solo un 2%. En ese mismo período, los trabajadores monotributistas crecieron un 68%, una señal clara de la precarización del mercado de trabajo. Desde la asunción de Milei, la tendencia se profundizó: se perdieron 206 mil puestos formales en el sector privado y 71 mil en el sector público.

 

Salarios y jubilaciones: una masacre silenciosa

La caída del poder adquisitivo es el otro pilar de esta crisis. Los salarios registrados acumulan una pérdida del 30% desde fines de 2015, con una caída del 25,3% en el sector privado y un desplome del 38,2% en el sector estatal. Durante la gestión libertaria, los salarios formales perdieron un 8,9% adicional.

Pero el ajuste no se detuvo en los salarios. El informe del IPyPP documenta el recorte sistemático de todas las transferencias estatales: las jubilaciones mínimas cayeron un 10,3%; las pensiones por invalidez, un 15,2%; las becas Progresar, un 56,6%; y el ex Potenciar Trabajo perdió un 73,5% de su poder de compra. El gobierno decidió, además, mantener congelada la prestación Alimentar desde junio de 2024 hasta abril de 2026, erosionando el ingreso de las familias destinatarias.

Al mismo tiempo que se recortaban ingresos y transferencias, se desregularon precios esenciales. Alquileres, energía, transporte, medicina prepaga y medicamentos registraron aumentos muy por encima de la inflación general. El resultado es una brecha creciente entre lo que los hogares necesitan para vivir y lo que efectivamente pueden pagar.

 

El crédito como tabla de salvación

Frente a este escenario, los hogares desplegaron distintas estrategias para sostener sus condiciones de vida. Una de ellas fue buscar más trabajo: el porcentaje de ocupados que demanda activamente otro empleo pasó del 15,5% al 16,5% entre 2023 y 2025. El pluriempleo también creció: alcanza al 12,2% de los ocupados, casi 2,4 millones de personas.

Pero la estrategia más extendida fue recurrir al crédito. A fines de 2025, el 52,2% de los hogares utilizaba tarjeta de crédito o fiado para financiar consumos; el 17,7% pedía préstamos a familiares o amigos; y el 16,9% tomaba créditos bancarios o financieros. Los préstamos informales entre conocidos, que tienen mayor peso entre los hogares más pobres, pasaron del 10,8% a comienzos de 2023 al 19,7% a fines de 2025.

Según datos del BCRA, a fines de 2025 había 20,3 millones de personas con algún tipo de financiamiento, lo que representa el 54,7% de la población adulta. El saldo promedio por deudor creció un 24,7% durante el año.

 

La explosión de las fintech y los créditos en un click

Uno de los fenómenos más relevantes de los últimos años es el crecimiento explosivo de los Proveedores No Financieros de Crédito (PNFC). Actualmente existen 585 entidades registradas, un 79,4% más que en 2018, y más de 12 millones de personas están endeudadas con ellas.

Las fintech lideran este proceso: pasaron de 4,5 a 7,1 millones de deudores desde fines de 2022 y aumentaron un 144,3% el volumen financiado. Desde 2018, el saldo financiado por fintech creció un 596%.. El crédito digital se ha convertido en una puerta de entrada al financiamiento para sectores históricamente excluidos del sistema bancario formal.

El problema es el costo. Las fintech cobran tasas de interés que más que duplican las ofrecidas por los bancos y cuadruplican la inflación annual.En febrero de 2026, la Tasa Nominal Anual (TNA) promedio de las fintech era del 144%, mientras que los bancos ofrecían préstamos personales al 69,7%. El resto de los PNFC, como cooperativas y mutuales, también cobran tasas muy superiores a las bancarias.

 

Los límites del endeudamiento: morosidad récord

El crecimiento del endeudamiento comenzó a mostrar sus límites. La carga de la deuda de las familias alcanzó el 26,3% de la masa salarial registrada en octubre de 2025.La morosidad llegó a niveles históricos: en marzo de 2026, la irregularidad de las familias en el sistema financiero alcanzó el 11,5%. Entre los PNFC, la mora llegó al 26,9% en febrero de 2026.

El impacto es especialmente grave entre los jóvenes. La morosidad de los menores de 30 años endeudados con PNFC alcanzó el 38%. Una generación entera que, lejos de poder proyectar un futuro, lucha por sostener su presente con créditos que no puede pagar.

 

Un modelo que transfiere ingresos de los hogares al poder financiero

El informe del IPyPP no se limita a describir el fenómeno. Lo vincula con una dinámica más amplia de endeudamiento externo y reorganización regresiva de las prioridades económicas. "La decisión de priorizar pagos a acreedores internacionales y cumplir con las recomendaciones del FMI se traduce en recortes sobre los ingresos populares, reducción del gasto público y encarecimiento de las condiciones de vida", señala el documento.

"La 'motosierra' aparece así articulada con una transferencia regresiva de recursos desde los hogares hacia el poder financiero, que implica destinar una porción creciente del esfuerzo de las familias al pago de la deuda". En otras palabras: el gobierno ajusta a los trabajadores y jubilados, los empuja a endeudarse para sobrevivir, y esa deuda alimenta las ganancias de las entidades financieras y los acreedores externos.

 

Conclusión: la deuda como nueva normalidad

El crédito, que en otros contextos puede ser una herramienta de inversión o mejora patrimonial, se ha convertido en la Argentina actual en un mecanismo de compensación de ingresos insuficientes. La expansión del endeudamiento no es señal de dinamismo económico, sino de fragilidad social. Millones de argentinos no pueden llegar a fin de mes sin recurrir a préstamos que, en muchos casos, no podrán pagar.

El informe del IPyPP es un llamado de atención sobre un fenómeno que no puede ser ocultado detrás de los indicadores macroeconómicos que el gobierno celebra. La economía real se desangra: caen los salarios, se destruye el empleo formal y las familias se endeudan para comer. El modelo que pregona el gobierno de Milei no está generando bienestar. Está generando deuda. Y esa deuda, como siempre, la pagan los de siempre.

 

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