Borocotó, la película que nadie filmó
26 de octubre de 2026
Guion incompleto de una vida: Osvaldo Quiñones, el hombre que se dedicó a comunicar los deportes amateur para que la comunidad entera los conociera, convencido de que lo colectivo también se construye con un cuaderno y una gacetilla.

Esto no es una biografía. Es un guion armado con lo que quedó: un cuaderno, cuatro redacciones, una peluquería y una vida de comunciar y construcción colectiva.
ESCENA 1. INTERIOR. PELUQUERÍA. 1965.
Tijeras. La nuca de un cliente. Cuatro vecinos hablando de bicicletas y de nada. Atilio Aragón corta el pelo; Delfín Vega, Darío Lezama y Francisco Burgos discuten el nombre. Alguien propone fundar una peña. Osvaldo Quiñones, que no está en la silla, tiene la última palabra: Borocotó. Nadie pregunta de dónde salió. Todos lo saben.
FUNDIDO A NEGRO.
ESCENA 2. EXTERIOR. RÍO DEL SUR NEUQUINO. 1960.
Dos hombres pescan y hablan de deporte. Uno es Ricardo Lorenzo, el Borocotó de la vieja El Gráfico, el que defiende con pluma brillante a los deportes que nadie mira. El otro toma nota sin cuaderno. Cinco años después, ese seudónimo va a ser el nombre de una peña del Alto Valle.

ESCENA 3. EXTERIOR. CALLES DE CIPOLLETTI. DOMINGO. SIN AÑO.
Plano secuencia. Un hombre camina con un cuaderno escolar bajo el brazo. Entra a una radio, deja un papel, cuenta la trastienda, sale. Cruza la ciudad. Repite. La cámara no lo abandona: la rotonda, Alberdi, Santa Fe, las escaleras, el mostrador, los Sapag. Lo que en pantalla dura tres minutos fueron años de domingos. El papel nunca termina en un cajón: termina leído al aire.
ESCENA 4. EXTERIOR. RUTA 151 DE TIERRA. LLUVIA.
Ciento treinta y seis kilómetros a Catriel. Barro. Antes, cien veteranos en Cutral Co y Fulvio Eggers, de Neuquén, cortando la cinta. Después, la Doble Zapala. José, el hijo, pone la voz: Pedro Méndez a 44,325 de promedio, Repupili, el Ruso Apignanesi, el Gringo Galardini. Los nombres no se explican: se recitan.
ESCENA 5. INTERIOR. SALÓN RAPIGAS. NOCHE.
No todo es bicicleta. Guantes, ring, speedway, maratones por el valle, el sueño de un atleta de acá en San Pablo. Y un pibe de Confluencia que se pone la camiseta de la peña para una gira a Chile: ida y vuelta en un fin de semana, decían. Volvió al mes y medio, seis partidos después. Se llamaba Osvaldo Soriano.
ESCENA 6. INTERIOR. REDACCIONES. 25 DE OCTUBRE DE 2001.
Un cuaderno se cierra. Setenta y siete años. Nadie apaga la luz de la peña.
VOZ EN OFF, sobre negro:
"Lo viejo funciona, Juan", dice el Eternauta. En el Alto Valle, lo viejo funciona con cuaderno, a pie y de domingo.
FUNDIDO NEGRO
Un cariño a la familia Quiñones: a Marcelo, a quien conozco hace poco y que me recibió con los brazos abiertos desde el primer día; y a su hermano José, a quien esperamos en la redacción de Voces Patagónicas para aportar su pluma de viejos escritos y, ojalá, nuevos también.


