Acá abajo no vive nadie
09 de marzo de 2024
La historia desparramó gobernantes ciegos que no han visto la tierra ocupada. Roca leyó como desierto el mapa de la Patagonia. Bullrich no ve más que guanacos en Chubut. Un funcionario de Felipe Solá aseguraba que las megafactorÃas se debÃan ubicar en Chaco o Catamarca, “lugares del paÃs donde no hay nada”. Abajo, para los gobernantes, no vive nadie.
ParecerÃa que abajo no hubiera nadie. Los que gobiernan –el emperador y su cohorte- gobiernan para quienes caben en el tablado donde gesticula. El emperador. Para quienes confecciona los memes que él retuitea en una descollante y berreta editorialización diaria. Pero abajo no hay nadie. Como en el desierto que Roca conquistó y para eso tuvo que matar a miles de tehuelches, mapuches y ranqueles que sà estaban. Como en el Chaco y la Catamarca que aquel funcionario felipista de Solá prometÃa a la China para criarles los cerdos. Ahà donde no habÃa nadie. O en la Chubut que ve Bullrich, donde en miles de kilómetros no hay más que guanacos y entonces qué esperan para instalar la torre de perforación donde no vive nadie. Y la contaminación y los sismos del fracking no afectarán a Telsen, Gan Gan, Gastre, Paso del Sapo o Paso del Indio, algunos de los pueblos que se pasó la ministra. Si al final es más importante agotar los recursos naturales que sostener la vida. Porque en realidad acá abajo no vive nadie.
La historia desparramó gobernantes ciegos que no veÃan la tierra ocupada. Que no veÃan la vida sobre la tierra. Roca leyó como desierto el mapa de la Patagonia. Y para repartirla entre los terratenientes mató a miles de pampas, ranqueles, mapuches y tehuelches. Que estaban ahÃ, desarrollando sociedades alternativas, ocupando tierras desde el origen (por eso se los llamó aborÃgenes). Los mató, los deportó, los exilió de la vida. El mismo lo habÃa adelantado, con una crueldad similar a la de estos dÃas:
“Tenemos seis mil soldados armados con los últimos inventos modernos de la guerra, para oponerlos a dos mil indios que no tienen otra defensa que la dispersión ni otras armas que la lanza primitiva”. Es decir, oponerlos a nadie.
Vendió por monedas y regaló, en 27 años, 41.787.023 hectáreas a 1.843 terratenientes. Que eran los que gobernaban siempre en las sombras. El orgullo de Roca –uno de los héroes del emperador actual, igual de ciego que su prócer- fue la sÃntesis de sus operaciones: “5 Caciques soberanos prisioneros y uno muerto; 1271 Indios de Lanza prisioneros; 1313 Indios de Lanza muertos; 10.539 Indios de Chusma (mujeres y niños) prisioneros; 1049 indios reducidos. Lo que da por resultado la cantidad de 14.172 indios suprimidos de la pampa. Sin incluir en esta cifra el número considerable de indios muertos en las persecuciones y a consecuencia del hambre en el seno mismo del desierto”. El balance es del general Roca. Y abajo no habÃa nadie.
Como en Catamarca, Chaco, Formosa y Corrientes. Donde planeaban hace tres años instalar las mega granjas de crÃa de cerdos para la China. Que tuvo que matar millones arrasados por un virus. Cuenta Soledad Barruti que en el encuentro con el secretario de Relaciones Económicas Internacionales Jorge Neme, el segundo del entonces canciller Felipe Solá, anunció números impensables de animales “en un proceso prudente, incorporando tecnologÃa de punta para reducir el impacto ambiental”.
-Algo imposible – dijo Barruti que le respondieron.
-Pero estas granjas van a ubicarse en lugares del paÃs donde no hay nada-, redobló la apuesta Neme.
-La nada no existe-. Y se acabó la negociación.
No hay nadie tampoco en el Chubut que ha logrado, desde la resistencia popular, plantarse ante la megaminerÃa contaminante. Hace más de veinte años Esquel gritó un no rotundo en el plebiscito donde más del 80 por ciento de la población negó la entrada a un proyecto minero de extracción aurÃfera. En esos años rebeldes (2001-2002) nació la Ley 5001, que como la 7722 de Mendoza, prohÃben la minerÃa con quÃmica contaminante. Son testigos estos pueblos de las avanzadas espasmódicas del poder que buscan voltear las leyes que se defienden en la calle. Donde están todos. Todos.
Los diez puntos del pacto de Mayo que tienen que firmar los gobernadores en representación de sus pueblos. Nadie.
Aunque la ministra de Seguridad diga que en la meseta chubutense no vive nadie, más que un millón de guanacos. No entiende el derecho adquirido con la lucha y dice “es una provincia que vive de la pesca, que vive del petróleo, que no vive de la minerÃa porque se votó la ley y luego se echaron para atrás, pero podrÃa vivir de la minerÃa”. Y luego, desde el proscenio de la cohorte del emperador: “porque tiene una planicie, yacimiento de plata y después tiene, digamos, desde la costa hasta la montaña, todo tipo de minerales y no vive nadie más que un millón de guanacos”.
No pocos gobiernos se han comportado como si abajo no hubiera nadie. Los que abrieron las puertas al extractivismo salvaje en los últimos treinta años. Los que abrieron las canillas de los aviones fumigadores sin pensar sobre qué cabezas, qué aguas, qué alimentos, qué piel, qué pulmones, qué sistema hormonal, qué ojos y qué nariz caÃa el veneno. Los que habilitaron los tajos a la tierra para arrancarle las vÃsceras con cianuro, en decenas de pueblos resistentes. Los que harán firmar a sus gentes el pacto de mayo con la tinta de sus gobernadores a cambio del dinero para pagar las urgencias del territorio. Los que harán firmar diez puntos que reafirman que abajo no vive nadie. Entre ellos, el número 6: “un compromiso de las provincias de avanzar en la explotación de los recursos naturales del paÃs”. El saqueo legitimado para abrir la panza de la tierra y que se lleven el oro y el litio los dueños del mundo. Mientras el hambre se queda aquÃ. Y Roca. Y Neme. Y Patricia Bullrich. Y el olvido.
Porque aquà abajo no vive nadie.


