24 de marzo para aprender y desaprender
29 de marzo de 2025
Julián Froidevaux repasa los movimientos previos al 24, a este en particular, y propone no soltar el hilo del encuentro para seguir buscándole la vuelta. Compartimos el texto y el audio del editorial de La RaÃz del Grito, programa radial que se emite los miércoles de 21 a 23 horas por el Sistema Integrado de Radios de la Universidad Nacional de Entre RÃos.
Un nuevo 24 de marzo cruzó por nuestras vidas. Con sus dolores y potencias. Con sus incertidumbres tan certeras. Y sus certezas tan claroscuras. ¿Cómo lo viviste vos?
Resulta tan complejo como necesario poder procesar colectivamente todo lo que se mueve en nuestro país en torno a esta fecha. Pienso, por ejemplo, en lo interesante de todas las reuniones organizativas previas que se dan a lo largo y a lo ancho del país. Las tensiones, los tires y aflojes, los acuerdos. La decisión de marchar juntos, juntas, juntes. Y qué decir, cómo decirlo.
¿Y ahora que pasó el 24 de marzo? Estaría bueno volver a juntarse y preguntarnos ¿qué pasó este 24 de marzo? ¿no?
¡Ojo! No lo digo a modo de reclamo y exigencia. En absoluto. Lo digo a modo de reflexión. Que bueno sería poder volver a juntarse y conversar acerca de lo que sucedió, lo que nos sucedió, este 24 de marzo.
La potencia y el peso significativo del 24 de marzo se constituyen en el punto de gravedad en torno del cual se despliega una fuerza enorme. Y les quiero pedir permiso para jugar un poco con una analogía.
Esa fuerza enorme que se despliega el 24 de marzo es una fuerza centrípeta. No quiero que suene complicado. Quiero decir, es parecido a cuando uno tiene un montón de bolitas en un colchón y hunde el dedo en cualquier punto del colchón. Todas las bolitas van hacia ese punto. Algo que estaba quieto se mueve. Todo se moviliza hacia ese punto.
En la calle, en las escuelas, en los gremios, en diferentes instituciones de la vida social en general, algo se mueve el 24 de marzo. No en su totalidad, obviamente. Nos gustaría que sea más aún. Pero lo cierto es que lo que se mueve, lo que nos mueve, es suficiente como para ser significativo y rebalsarnos.
¿Cuánto le gustaría al poder dominante que esto no sea así? ¿cuánto le fastidia a las clases dominantes y sus espantapájaros gobernantes que esto sea así? Difícil de mensurar ¿no?
Si me permiten seguir jugando con la metáfora, el desafío es, creo, humildemente, pensar, crear, inventar, la forma para poder transformar esa fuerza centrípeta en fuerza centrífuga. Y de nuevo, aclaro que no quiero complicar las cosas, pero la imagen de la fuerza centrifuga es muy potente y esclarecedora para lo que se quiere plantear acá.
La fuerza centrífuga es una fuerza que aleja al objeto del centro de rotación. ¿cómo transformar una fuerza que nos lleva al centro del asunto en una fuerza que nos empuje hacia fuera de nuestra orbita habitual y nos permita ampliar la zona, ensanchar el horizonte.
Hay algo de lo que nos vincula y nos moviliza el 24 de marzo que es necesario poder identificar y localizar de forma tal que nos aporte claridad a los desafíos políticos de la etapa.
Lo que hacemos no alcanza, la cantidad que somos no alcanza. Pero no creo que esté bien planteado el problema de esta forma.
Juntémonos, conversemos acerca de cómo vivimos este 24 de marzo, repasemos en nuestra memoria la cantidad inmensa de personas con quienes compartimos la calle este 24 de marzo. Personas que conocemos pero con las cuales no hemos conversado lo sufieciente, aún.
Algo tenemos que hacer, algo distinto, no sé, en un doble movimiento, hacia dentro y hacia afuera.
Hace un tiempo atrás leí Contraderrota. Un libro de conversaciones con Juan Gelman, en el exilio. En ese libro, en esas conversaciones, Gelman dice que una de las principales causas de la derrota fue que no nos dimos cuenta que había que aprender y desaprender al mismo tiempo.
Juntemonos, ahora que pasó un nuevo 24 de marzo, para aprender y desaprender juntos.


