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Vaca Muerta: Extractivismo y la farsa del derrame


13 de junio de 2026

Récord histórico de producción en Vaca Muerta: 628.924 barriles diarios. Récord de ganancias para las petroleras. Mientras tanto, en Neuquén la pobreza solo mejora en términos estadísticos. La renta se fuga vía deuda intrafirma y giro de utilidades. Los costos, los pagamos todos. El milagro extractivista, al desnudo.

Mariano Luna

Los anuncios invaden el lenguaje habitual de la política y los empresarios del sector. En Abril de 2026 quedará grabado en los anales del sector energético argentino como un mes de superlativos: la producción de petróleo en Vaca Muerta alcanzó los 628.924 barriles diarios, un nuevo récord histórico, mientras el shale oil explica ya el 97,10% del petróleo total de Neuquén. A nivel nacional, la producción petrolera llegó a los 981.704 barriles diarios, el mayor volumen registrado en la historia argentina. El superávit energético se disparó y, sin embargo, en la provincia que alberga la segunda reserva de gas no convencional y la cuarta de petróleo del planeta, la pobreza alcanza al 44,6% de los habitantes.

Bienvenidos al milagro argentino: el de la renta que se fugó antes de que llegara.

 

El espejismo de los récords

Los datos macro son para celebrarlos con bombos y platillos. YPF cerró el primer trimestre de 2026 con ganancias récord de 409 millones de dólares, mientras sus exportaciones energéticas treparon a niveles históricos. Vista Energy —la empresa que armó Miguel Galuccio cuando dejó YPF— duplicó su Ebitda en un solo año hasta superar los 1.000 millones de dólares, con ingresos por 1.755 millones. El sector energético movilizó más de 10.500 millones de dólares en el mercado de capitales durante 2025, financiando una expansión incesante de la perforación.

En la vereda de enfrente, la economía real sigue sangrando. El salario real de los trabajadores registrados acumula una pérdida del 13% desde la asunción de Milei. La industria y la construcción —los sectores que históricamente generaban empleo de calidad— perdieron 128.000 puestos en solo dos años. Y el consumo en supermercados se mantiene 10 puntos por debajo de los niveles de 2023.

Pero el dato más grotesco de esta contradicción no está en los promedios nacionales. Está en la provincia que produce el 70% del petróleo del país.

 

Neuquén: la paradoja de la abundancia

Neuquén es hoy la provincia más rica en recursos energéticos de la Argentina. Allí se concentra la mayor cantidad de inversiones, la mayor cantidad de dólares que ingresan por exportaciones y la mayor cantidad de regalías que cualquier gobierno provincial pueda soñar. Sin embargo, las postales de pobreza en la provincia se siguen multiplicando. No es difícil cotejar que casi la mitad de los neuquinos viven en hogares cuyos ingresos no alcanzan para cubrir la canasta básica total. Y la indigencia, ese escalón de la miseria absoluta, afecta a más de 3 de cada 100 habitantes, allí según las propias estadísticas.

El propio INDEC registró para el conglomerado Neuquín-Plottier una pobreza del 22,4% en el segundo semestre de 2025. Los guarismos totales provinciales suelen ser aún más altos, porque incluyen las localidades del interior donde la economía no se beneficia directamente del boom petrolero. En esas zonas, la garrafa se paga 842% más cara que en noviembre de 2023, porque el gobierno eliminó el precio máximo y congeló el subsidio mientras la renta petrolera se fugaba al exterior.

¿Qué explicación tiene esta paradoja? Ninguna, si uno cree que el mercado distribuye automáticamente la riqueza. Toda, si uno entiende cómo funciona realmente el modelo extractivista.

 

Extranjerizar la renta, nacionalizar los costos

El informe del Observatorio de Energía de EJES fue lapidario a fines de 2025: el sector energético generó un superávit comercial de 4.792 millones de dólares en diez meses, pero dos tercios de ese saldo —3.222 millones de dólares— se perdieron por mecanismos financieros. Pago de intereses al exterior, giro de utilidades de empresas extranjeras y, sobre todo, endeudamiento intrafirma: préstamos que las casas matrices se otorgan a sí mismas a través de sus filiales argentinas para fugarse las divisas sin pagar impuestos.

El resultado es una estructura perversa: el país concentra los costos ambientales, sociales e infraestructurales de la explotación, mientras las empresas —muchas de ellas extranjeras, o nacionales asociadas a capitales globales— se llevan las ganancias a paraísos fiscales. Las regalías que recibe el gobierno neuquino son apenas un porcentaje mínimo del valor del petróleo extraído. La mayor parte de la renta se va por la vía financiera.

 

Un empleo que no alcanza

La otra pata de la contradicción es el empleo. Las petroleras necesitan cada vez menos trabajadores por barril extraído. La automatización y la concentración del capital hicieron que el empleo petrolero formal cayera casi 10% por debajo de los niveles previos a la asunción de Milei. Las proyecciones más optimistas hablan de 40.000 nuevos puestos hacia el final de la década, pero eso no alcanza ni para compensar la destrucción de empleo industrial en el resto del país.

Mientras tanto, los trabajadores neuquinos que no están en el sector petrolero sufren el mismo ajuste que el resto de los argentinos: inflación, salarios congelados y servicios públicos que aumentan mes a mes. El boleto de colectivo subió 1.248%, el de subte 1.847% y el de tren 2.735% desde noviembre de 2023. Viajar es un lujo. Comer, también.

 

El modelo en su esencia

El gobierno de Milei no tiene interés en revertir esta contradicción. Al contrario, la profundiza. El RIGI —el régimen de incentivos para grandes inversiones— garantiza a las petroleras estabilidad fiscal, exenciones impositivas y facilidades cambiarias durante treinta años. A cambio, no exige ningún compromiso concreto en materia de empleo, transferencia tecnológica o desarrollo de proveedores locales.

La reforma laboral que el oficialismo impulsa en el Congreso completa el cuadro: abarata el despido, precariza la contratación y debilita la negociación colectiva. Para los trabajadores neuquinos que no están en el sector petrolero, la promesa de Vaca Muerta es tan vacía como las declaraciones de los CEOs en las conferencias de Houston.

 

El infierno está encantador

Mientras escribo estas líneas, la Confederación Sindical Internacional acaba de ubicar a la Argentina entre los 10 peores países del mundo para los trabajadores. En dos años, el país cayó de la categoría 3 a la categoría 5 en protección de los derechos laborales, un retroceso sin precedentes.

Esa caída no es casualidad. Es el resultado de un modelo que premia la rentabilidad financiera por encima de la vida de las personas. Un modelo donde Vaca Muerta es una máquina de generar dólares para los accionistas, no para resolver los problemas de los neuquinos. Un modelo donde el Estado se achica, la seguridad social se desfonda y las empresas se llevan la plata.

Vaca Muerta produce más que nunca. Los neuquinos son más pobres que nunca. Esa ecuación no se resuelve con más inversiones. Se resuelve con soberanía. Con control estatal de la cadena de valor. Con una política energética que ponga los recursos al servicio del pueblo, no de las corporaciones.

Mientras tanto, en Neuquén, la garrafa sigue cara, el colectivo sigue caro y el hambre sigue en la puerta de la casa de los que extraen el petróleo que calienta los hogares del norte global.

El récord, para la tribuna. La pobreza, para el bolsillo. Como siempre.

 

Mariano Luna

Mariano Luna es licenciado en comunicación social de la Universidad Nacional de la Patagonia (UNP). Ha colaborado en medios patagónicos en materia energética. 

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