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Memoria redonda


29 de marzo de 2025

Los jugadores argentinos pusieron las piernas en el campo de batalla por la Guerra de Malvinas, algunos de ellos pudieron seguir jugando a la pelota... pero el sueño de hacerlo sin dolor y muerte en el alma, quedará en nuestros corazones.

Diego Arturo

La Guerra de Malvinas se inició con el desembarco argentino en la Isla Soledad, los combatientes, en su mayoría jóvenes fueron enviados a pelear contra los “piratas” del ejército de Gan Bretaña, Inglaterra.

En la Argentina el servicio militar era obligatorio en ese momento, se alistaron a los nacidos en los años 61, 62 y 63. La camada de conscriptos tenían entre 19 a 21 años, recién salidos de la secundaria o entrando a la universidad, si tenían la posibilidad. Los nenes de mamá y papá se quedaban en casa, por pedido de bajas al comenzar el año.

Entre esos jóvenes se encontraban chicos que mostraban a su corta edad dotes futbolísticos, algunos de ellos estaban en inferiores, pero otros bien adelantados, cuarta y tercera mayormente.

Omar De Felipe era jugador de Huracán, el Globo de Parque Patricios, se encontraba en la tercera división, desde la pre-novena, y cumplía servicio con el Ejército ese año, pero como otros miles que pisaron las Islas, no volvió siendo el mismo. Anduvo de recorrida en el ascenso argentino y de primera división como Independiente, Vélez y Atlético Tucumán entre otros. Luego como director técnico paso por varios equipos y actualmente dirige A Central Córdoba de Santiago del Estero, recién ingresad a la Copa Libertadores de América.

El arquero Claudio Petruzzi se desempeñaba en las inferiores de Rosario Central cuando, en 1981, salió sorteado para realizar el servicio militar obligatorio. Se unió en febrero de 1982 y para abril fue llevado a Malvinas. En las islas formó parte del cuerpo médico y hacía guardias en la playa para alertar la llegada de nuevos barcos enemigos. Al volver no contaba con dinero y no obtuvo oportunidades en ningún club, por lo que terminó decidiendo anotarse en la universidad. Hoy es médico y docente universitario.

Otro jugador de fútbol de la reserva de Estudiantes de La Plata que ya alternaba algunos entrenamientos con la Primera que dirigía Carlos Bilardo, era Juan Gerónimo Colombo. Tenía 19 años cuando estaba en el servicio militar del Regimiento 7 de La Plata, su compañero José Luis Del Hierro, Fue uno de los 649 muertos en Malvinas. “Nunca se supo cómo murió”, dice. También recuerda que luego de la guerra, se enteró que en Buenos Aires lo esperaba su familia con entradas y pasajes para el mundial de España 1982 para ver Argentina contra Bélgica.

Héctor Cuceli y Héctor Rebasti se encontraban haciendo las inferiores en la reserva en San Lorenzo. Con 20 años, Cuceli se desempeñaba como puntero derecho y Rebasti como arquero. De vestir los colores del equipo azulgrana en el arranque del torneo, y el que iba a ganar el campeonato, al verde al uniforme verde militar. En tan solo dos meses después, todo era diferente. Según palabras de Rebasti, “lo único que sabía hacer era jugar al fútbol”. A la vuelta de ese mal recuerdo, entre estruendo y lucha cuerpo a cuerpo, a ambos el club los recibió con cena homenaje y una promesa de contrato que nunca se cumplió para Cuceli. En cambio, Rebasti estuvo un tiempo en Huracán pero no llegó a readaptarse. Deportivo Morón, Argentino de Merlo y varios más pudieron verlo con sus camisetas.

Se formó en las inferiores de River y supo brillar en Chile y Perú, Gustavo De Luca, inició en las inferiores del cuadro de la banda roja. Lo llamaron para alistarse en la guerra. Al quinto día, llegó a las islas. Fue baleado en su cintura, además, producto de una bomba que le cayó cerca, sufrió otras lesiones.  A su vuelta, fue rechazado por River Plate, lo dejó libre y lesionado, militó en varios clubes argentinos, como Talleres de Remedios de Escalada y All Boys. Su despegue en el fútbol nacional fue en 1987, al transformarse en el máximo anotador de la Segunda División con la camiseta del club Porteño. Al año siguiente, cuando jugaba en La Serena, se convirtió en el goleador de la Primera División. Y en 1992 con los albos ganó la Recopa Sudamericana al derrotar a Cruzeiro en Japón.

Javier Dolard ya había terminado el servicio militar y en teoría estaba liberado de cualquier compromiso, pero de todas maneras formó parte del inexperto ejército. Al volver quiso seguir jugando en Boca Juniors, pero no pudo recuperar su nivel y se retiró. Entonces entró a trabajar en un banco. Más adelante, contaría que antes del ataque al ARA General Belgrano, él y sus compañeros improvisaban “picaditos” con materiales y cosas que encontraban tiradas, aunque no duraban mucho por el hambre y el frío que padecían.

Las historias de Luis Escobedo, Sergio Pantano y Julio Vázquez, tienen un punto en común más allá de la guerra: el futbol de ascenso.  Formaron parte de los planteles de Centro Español, Los Andes y Talleres de Remedios de Escalada, respectivamente cuando fueron citados a las distintas unidades militares. Escobedo había terminado el servicio militar obligatorio a principios de 82, pero recibió un llamado y a los dos días del inicio de la guerra debía reintegrarse al ejército y en cuestiones de horas se encontraba en las islas. A esa altura el ex defensor ya se encontraba en el plantel de primera del mil rayitas y contaba con algunos minutos en el primer equipo. Una vez finalizada la guerra se reincorporó al planten, y como marcador central realizó una importante carrera con pasos por Belgrano, Colon, Vélez Temperley y Dock Sud, cerrando la carrera en Uruguay.

El mismo destino de volver a alistarse fue el de Vázquez. Tenía 19 años y disputaba sus primeros partidos en el club Centro Español en la quinta división. Al enterarse de la citación de su clase, se presentó en el cuartel y sin mediar la situación se tuvo que quedar, trasladándolo a las islas sin poder despedirse de su familia. 

El retorno a Buenos Aires fue difícil, no solo por los problemas físicos producto del combate, sino también por los daños psicológicos. A lo largo de su carrera dirigió a Ituzaingó, Lugano, Cañuelas, Universitario de Sucre (Bolivia), Deportivo Paraguayo y la Primera de San Lorenzo en fútbol femenino. También fue ayudante de campo de Omar Labruna en Nueva Chicago, donde logró el ascenso del Nacional B a la Primera División.

Pantano, por su parte, estaba cumpliendo el servicio militar obligatorio. Un día se presentan militares a la base en diferentes camiones para entregarle u bolso con toda ropa de invierno. De inmediato lo traslado a las Islas. A su vuelta, integró el plantel que ascendió a la primera división, con gol propio. En ese campeonato anotó ocho goles. El wing siguió jugando en el ascenso argentino hasta su retiro como profesional en 199, paso por El Porvenir, Berazategui y finalizo la carrera en San Telmo.

La guerra finalizó el 14 de junio, un día después que el seleccionado argentino, que era dirigido por César Luis Menotti, tenía a jugadores, como Mario Kempes, Daniel Passarella, Osvaldo Ardiles, Daniel Bertoni o Ubaldo Fillol más Diego Maradona, Ramón Díaz y Jorge Valdano debutaba en la Copa del mundo en España 1982.

Diego Arturo

Diego Hernán Arturo es comunicador social, socio fundador de la cooperativa EME contenidos, militante político y de la economía social.

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