La Patria de remate
14 de marzo de 2026
Milei exhibió sus trastornos, su radicalidad ideológica y su pertenencia al delirio que conduce Donald Trump en una semana fatÃdica para los intereses nacionales. Mientras tanto, el debate polÃtico en nuestro paÃs, finge preocupación por los desatinos de un idiota del calibre del jefe de gabinete. Un trastornado semblanteando extremismo ideológico, reivindicando su cipayismo y destilando desprecio a un pueblo que sufre las consecuencias de un tiempo que, siquiera, termina de comprender.
Manuel Adorni quedó a un estornudo de tener que ser formado en una escuela de educación especial. El insulto a la racionalidad nacional es que, con sus inocultables dificultades, sea el jefe de gabinete de ministros de la Nación.
Lo preocupante, a su vez, no son las contradicciones que encarna, o el uso errático de fondos públicos que acompañan su golpe de suerte, sino que ocupe un espacio de representación institucional en un viaje a Nueva York que tuvo como destino exhibir la servidumbre nacional a los intereses geopolÃticos de los Estados Unidos.
Y aún asÃ, el sistema polÃtico y la circulación mediática de la narrativa de las tensiones polÃticas de nuestro paÃs, han decidido poner el centro de gravedad de las discusiones, en las zonceras de un zonzo, exponiendo el subsuelo de racionalidad en el que se encuentra paralizado el debate polÃtico en la Argentina.
El tonto del pueblo
En el año 2015, apenas unos meses antes de su desaparición fÃsica, Umberto Eco lanzaba una advertencia sobre las redes sociales que bien merece revisarse. Hablaba de “la invasión de los idiotas” y con su habitual mordacidad, retrataba que “las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel”.
En aquella conferencia, Eco recordaba que “la televisión ha promovido al tonto del pueblo, con respecto al cual el espectador se siente superior” y sin duda alguien en Argentina podrÃa encender el recuerdo de Susana Giménez alertada por los dinasaurios que asumÃa se encontraban aún vivos. También, Eco sostenÃa que la situación era aún más grave en tiempos de ofensiva tecnológica de las corporaciones, ya que “el drama de internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad” y la semblanza sobre aquel discurso de Eco, hace una década atrás, nos devuelve la foto de Javier Milei en el balcón de la Casa Rosada, junto a una sonriente Susana Giménez que agrava su condición con el paso de los años.
Sin lugar a dudas, cuando Eco nos alertaba sobre aquella “invasión de los idiotas”, jamás imaginó que la democracia pudiera ser el catalizador de una nueva emergencia polÃtica en la que un idiota pudiera ser reconocido como autoridad de una Nación. Y aquà estamos, nomás.
La democracia que el liberalismo nos legara como tabla inquebrantable para sostener una caricaturezca República, es capaz de retorcerse hasta el paroxismo de esta distopÃa orwelleana, en la que el tonto del pueblo logra ser reconocido como un emergente válido para liderar los destinos polÃticos y económicos de ésta, nuestra Patria. Al menos en la ficción del sufragio, en la impostura de las instituciones, en la ficción de los atributos.
Javier Milei no gobierna la Argentina, apenas es su presidente. Aprovecha la atención que su cargo genera para profetizar sobre una ideologÃa extremista, añeja y sin cotejo empÃrico en ningún rincón del planeta. Encubre sus enfermedades psiquiátricas detrás de un muro levantado por un sistema corporativo mediático que lo critica por sus formas, sin llegar a cuestionar su salud mental.
Los grupos económicos que responden a los intereses geopolÃticos de Estados Unidos simulan que Milei es una autoridad polÃtica del paÃs, le cumplen con las pleitesÃas que los atributos demandan y aprovechan éste tiempo para elaborar y ejecutar, al detalle, un programa planificado de decisiones que no tienen un corno que ver con la ideologÃa delirante que expone el presidente, pero que sirve para radicalizar el saqueo de la riqueza de nuestra Patria.
Milei se exhibe sonriente junto a Donald Trump debajo de un logo gigante que señala “Escudo de las Américas”, hace monerÃas en un “Consejo de la Paz” y expone toda su idiotez ante gerentes de corporaciones extranjeras en el “Argentinian Week”. No comprende acabadamente lo que sucede, percibe sà lo dañino que son sus actos, con perversión los disfruta y proyecta en los pasillos de su atribulada mente, un horizonte de padecimientos para la enorme mayorÃa de los argentinos, a quienes considera merecedores de su sacrificio.
“Orgulloso de ser el presidente más sionista del mundo” dijo Milei mientras fantaseaba que era parte de la guerra delirante que un pedófilo y un genocida emprendieron en medio oriente, exhibiendo -al mismo tiempo- que sus palabras resultan irrelevantes para comprometer el destino del paÃs que aparenta gobernar.
De remate
“Gran trabajo de los gobernadores vendiendo tan bien el paÃs” dijo Luis Caputo sobre el acompañamiento de los mandatarios provinciales que viajaron a Nueva York al evento de feria que ponÃa los bienes comunes de nuestra Patria en el altar de sacrificios de las pretensiones geopolÃticas de un Estados Unidos en decadencia.
En un tiempo histórico en el que el cipayismo cae en la indiferencia más absoluta, o en el que el verdugueo a los que padecen los programas de ajuste goza de la impunidad que sólo otorga el desbarranco moral extendido en una sociedad, la frase de Luis Caputo exhibe con elocuencia el objetivo de la misión económica y polÃtica que los gobernadores asumieron al acompañar a Milei a un evento que ponÃa los recursos estratégicos a disposición de la rentabilidad extranjera.
La velocidad con la que se ejecuta la planificación polÃtica y económica del saqueo de nuestra Patria, el consenso polÃtico que concentra en un rincón y otro de la pretendida grieta polÃtica, parece dar cuenta de las urgencias que atraviesa Estados Unidos en una disputa geopolÃtica en la que no deja de retroceder ni para tomar respiro.
El abismo que separa la realidad de la narrativa propagandÃstica con la que relata el “occidente colectivo” la aventura bélica de EEUU e Israel al atacar Irán, exhibe un estado de debilidad absoluto de la potencia que hasta hace unos años era considerada hegemónica globalmente.
La peyorativa valoración yanqui de la realidad china, los hizo incursionar en una guerra comercial sin destino; el desconocimiento de la realidad de Rusia, los hace sostener una descabellada actitud bélica en Ucrania que carece del más mÃnimo sentido; el error de cálculos en Irán, la inteligencia subrogada de Israel y su pretensión de expansión regional, los llevó a retroceder 70 años con la destrucción de una compleja red de relaciones diplomáticas y bases militares en un mundo árabe que ha empieza a considerar otro destino para su alineamiento regional.
Si algo le faltaba al mundo para comprobar que el alineamiento con Estados Unidos, Inglaterra e Israel sólo podÃa redundar en el desmantelamiento soberano de los Estado Nación y el empobrecimiento de los pueblos bajo el yugo colonial, llegó la etapa de caÃda de la fortaleza del hegemon anglosajón, y la necesidad de acentuar el saqueo de las riquezas que emergen en los distintos rincones de su zona de influencia.
El mundo, más allá de la cerradura impuesta por Occidente para ver la historia y el futuro, está dando cuenta de un claro reverdecer de los nacionalismos para defender la riqueza de sus naciones y las urgencias de sus pueblos, de una etapa bien jodida de un mundo que amenaza con ponerse cada dÃa un poco más horrible.
Colonialismo y miseria
El gas y el petróleo de nuestro subsuelo está destinado a cubrir las demandas energéticas que Estados Unidos estima vitales para su despliegue geopolÃtico. Las obras que Marcelo Mindlin anunció en el "Argentina Week", exhiben la vocación de seguir poniendo el desarrollo energético nacional al servicio de la exportación y no del abasto del desarrollo industrial que se exhibe en caÃda libre.
Poner la petrolera del Estado en función de intereses extranjeros, entregar los yacimientos maduros para que la empresa estatal de energÃa se concentre en áreas llamadas a profundizar la exportación cruda de nuestros recursos, la militarización de la vÃa navegable del Paraná por la que circula la riqueza de nuestro suelo, el RIGI y su promoción del saqueo minero, la búsqueda de derogación de la ley de Glaciares, la desinversión de toda infraestructura que vuelque los recursos al fortalecimiento y desarrollo de la industria nacional, son consecuencias de una planificación económica que condena a nuestro paÃs a un retroceso cercano al siglo.
Las consecuencias del veloz saqueo de nuestra Patria, sumado a la radicalidad de sostener la voracidad económica de las estructuras financieras de Occidente, han llevado a extenuar la economÃa nacional al punto de hacerla retroceder en forma inédita en su desarrollo, imponiendo un recesión sin precedentes por la velocidad con la que se impuso y destrozando los ingresos populares, el salario de los trabajadores y ahora, reforma laboral mediante, desmoronando derechos que hacen retroceder a 1934 el funcionamiento de las relaciones del trabajo.
Todo lo que produce nuestro paÃs, tiene como prioridad de inversión el pago de la deuda externa. La riqueza que produce el sacrificio de los argentinos, tiene como destino satisfacer las demandas impuestas por el establishment financiero de Occidente.
El trabajo nacional, mal pago y con pocos derechos, destinado a que crezcan los sectores económicos vinculados al extractivismo, mientras el consumo retrocede y el mercado interno se reduce a la subsistencia material de un pueblo rodeado de riqueza.
El crecimiento exponencial de la informalidad laboral relevado estadÃsticamente, no son producto de la impericia de un trastornado y su banda de subnormales. Son la consecuencia lógica de un programa de saqueo colonial, pensado y planificado en el extranjero y ejecutado con pericia por personas ajenas al circo que acompaña la ficción democrática que encarnan Javier Milei, familia y los que hacen negocio a su amparo.
Pero claro, Milei es apenas un profeta trastornado, un catalizador ideal para llevar sobre sus espaldas las consecuencias dramáticas de un ciclo de planificación colonial, para la que una enorme cantidad de la clase polÃtica se anota para administrar una vez saldado el costo de su brutal implementación.
La legitimidad de su tiempo en los atributos, pende de un hilo que amenaza con cortarse cuando crezca el calor de la crisis que inexorablemente se inscribe en el horizonte económico de la dependencia absoluta a una hegemonÃa norteamericana que retrocede a cada instante.
Hacer sobrevivir las formas republicanas, ponerle un respirador a la democracia liberal como mejor sistema de gobierno que el dinero norteamericano pudo comprar, administrar las injusticias repartiendo migajas, reestablecer un umbral de productividad que reserve la riqueza para explotación extranjera, subordinar toda industria nacional a la cadena integrada de una multinacional, mantener bajo parámetros de subsistencia los ingresos populares y encontrar algún atajo que descomprima la evidencia de un ciclo infame, parecen ser las premisas con la que -desde un extremo al otro de la clase polÃtica sistémica- parecen ordenarse los quehaceres de una gestión post Milei.
En esa pretensión se inscribe la moralina que instala las revelaciones sobre el sainete sobre el uso de los fondos públicos del subnormal de Manuel Adorni. Escándalos que se empantanan con acusaciones cruzadas de corruptela o aspiran resolverse enalteciendo la ética en el manejo de los fondos públicos, sin cuestionar jamás, claro está, las causas estructurales de aquellos que financian las estructuras polÃticas del colonialismo.
¿Será posible?
La celebración de la miseria que encarnan los que se sienten dueños de las cosas, la reivindicación del cipayismo y el insulto a lo nacional como lenguaje de época, no durará eternamente. Pero, ¿podrá cerrarse la prepotencia que marca la etapa con la colocación de urnas en una escuela? ¿Pensarán que la miseria planificada no traerá consecuencias sociales dramáticas? ¿Creerán que la crisis de representación polÃtica sólo afecta al ocasional contendiente partidario, o que es consecuencia de un mal asesoramiento en comunicación?
¿Pensará la clase polÃtica que este ciclo de saqueo y miseria puede edulcorarse con derechos y garantÃas escritos en letra muerta en una Constitución?
Por las dudas, la tarea militante será empezar a poner en palabras concretas un programa que ponga en el centro de sus prioridades las urgencias de un pueblo que sufre y repudia la polÃtica por responsabilidad de una clase dirigente. Que se proponga una fuerte reivindicación del nacionalismo para diseñar un programa prepotente contra las multinacionales y los grupos económicos que permita liberar la riqueza nacional del saqueo a la que se la está sometiendo.
En definitiva, seguir generando la organización necesaria para construir la Patria que seguimos soñando.


