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La destrucción del sistema científico: Golpe tras golpe


18 de julio de 2026

El gobierno avanza en su política de desguace del sistema científico tecnológico nacional. Ahora, las autoridades del CONICET anunciaron un profundo recorte en la asignación de becas posdoctorales y la negativa a prorrogar las ya otorgadas. Esta decisión implica la pérdida de recursos humanos altamente calificados cuya formación fue financiada por el Estado nacional y que ahora el país está a punto de desperdiciar. Llaman a una concentración en el Polo Científico Tecnológico de Palermo para este miércoles por la mañana para que reviertan estas disposiciones.

Pablo Taranto

La  publicación de los resultados del llamado a becas posdoctorales 2025 del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), el 1º de julio pasado, supuso un nuevo golpe a la ciencia argentina por parte del gobierno de Javier Milei: el recorte en esas asignaciones, que garantizan que cientos de jóvenes científicos continúen sus carreras en el país, ya es del 40% respecto de 2023.

En paralelo, el Directorio del organismo comunicó que no serán prorrogadas las becas posdoctorales de otros tantos postulantes que participaron de la convocatoria 2025 a la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico, cuyos resultados no se conocerán hasta el año que viene, una decisión que los deja con un pie afuera del sistema público de ciencia y tecnología, poniendo en riesgo valiosas líneas de investigación y arrojando incertidumbre sobre sus trayectorias académicas, amenazadas por un modelo de vaciamiento que no se detiene.

Estos brutales recortes se dan a conocer en un contexto de caída libre presupuestaria del CONICET, el principal organismo de ciencia del país. Con el crédito vigente y la inflación proyectada, el organismo habrá perdido un 18,2% real adicional en 2026, tras caídas del 17,7% en 2024 y del 14,2% en 2025. En total, su presupuesto acumulará un retroceso del 42,2% en tres años.

Colectivos de becarias y becarios, organizaciones gremiales y diversos sectores de la comunidad científica convocaron a una concentración en el Polo Científico Tecnológico, en Godoy Cruz 2320, para este miércoles 15 de julio, a las 10.00, con el objeto de reclamar la prórroga de esas becas, cuyos beneficiarios son, en todos los casos, personas altamente calificadas, cuya formación doctoral y posdoctoral fue financiada mayoritariamente por el Estado nacional, como parte de una política sostenida de desarrollo estratégico que el país está a punto de desperdiciar.

 

El recorte en las becas

El Directorio del CONICET resolvió otorgar apenas 432 becas internas posdoctorales, y un total de 505 si se agregan las de los Centros de Investigaciones y Transferencia (CIT) y aquellas cofinanciadas por organismos públicos y empresas privadas. Según se comunicó, se tomó esa decisión asignando el 70% del cupo disponible a los proyectos de becas enmarcados en el listado de “temas priorizados” por el gobierno, definido “teniendo en cuenta los sectores económicos estratégicos del país y las áreas del conocimiento que se propone impulsar”, y el 30% restante a postulantes elegibles siguiendo el orden de mérito de cada disciplina.

Las becas posdoctorales, que funcionan como un enlace entre la formación doctoral y el ingreso a la Carrera del Investigador Científico y que habían llegado a un techo de casi 800 en 2022/2023, disminuyen año a año desde entonces. En este contexto, el número de jóvenes que se doctoran en las universidades argentinas –alrededor de 1.700 al año– genera una brecha cada vez mayor entre la cifra de aspirantes y la cantidad decreciente de plazas disponibles para desarrollar una carrera científica en el país.

En total, apenas el 44% de los postulantes obtuvo este año una beca postdoctoral del CONICET. Las áreas más perjudicadas fueron Literatura, Lingüística y Semiótica, que recibieron sólo el 22% de las becas solicitadas; Arqueología y Antropología Biológica, el 26%; y Ciencias Ambientales, el 30%.

“En Exactas tenemos relevadas unas 95 postulaciones a becas posdoctorales de jóvenes científicos, de las cuales sólo 33 fueron aceptadas. Buena parte fueron ‘denegadas’, es decir, directamente excluidas del orden de mérito”, explica Patricio Santagapita, secretario adjunto de Investigación Cientifica y Tecnológica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Pasaron por las comisiones correspondientes, tienen dictamen favorable, pero el criterio cambió: se fijó un nuevo umbral de evaluación y, según el Directorio del CONICET, ‘no cumplen con las condiciones académicas establecidas para acceder a la beca´”.

Entre los institutos que funcionan en Exactas UBA más damnificados por el recorte, están el Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires (IEGEBA), donde de nueve postulaciones sólo se otorgó una beca; el Instituto de Química Biológica (IQUIBICEN), que recibió apenas cinco de 17; y el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA), con tres postulaciones, las tres rechazadas.

Un análisis preliminar por áreas en la facultad muestra varias disciplinas fuertemente afectadas. En Ingeniería de Alimentos y Biotecnología, no se adjudicó ninguna beca, de tres postulaciones. En Biología, sólo se otorgaron dos de ocho. Y en Bioquímica y Biología Molecular, una de ocho. En Exactas, Ciencias Ambientales quedó en cero.

 

La arbitrariedad de no prorrogarlas

Aún más grave, arbitraria e inédita es la situación de gran parte de las becarias y los becarios internos posdoctorales cuyas becas finalizan el próximo 31 de julio. Cerca de 400 se presentaron a la convocatoria 2025 de ingreso a la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico, cuyo proceso de evaluación –que finalizaría recién en 2027– aún se encuentra en curso, pero el Directorio del CONICET ya les avisó que, hasta que no se publiquen los resultados –y además de ser reprimidos cuando se manifestaban, hace dos semanas, en la esquina de Santa Fe y Godoy Cruz–, sus estipendios no serán prorrogados.

“Históricamente, lo que hacían con esos posdocs era prorrogarles las becas hasta que se resolvía el concurso. Si entraban a la Carrera, la prórroga seguía hasta que les daban el alta en el sistema. Y si no entraban, se caía. El espíritu era, como no querías perder ese recurso humano que formaste durante años, buscar la manera de retenerlo. Bueno, ya dijeron que eso no va a pasar: cobraron el último estipendio el 1° de julio y ya están buscando trabajo”, señala Santagapita.

El nuevo recorte se opera precisamente en la partida de becas y salarios, que representan el 96% de los fondos asignados al CONICET. Ahora bien, ya existe una resolución del directorio del organismo (la 967 del año 2021) que establece la prórroga automática de las becas posdoctorales para los postulantes a la Carrera del Investigador hasta la publicación de los resultados correspondientes. Pero es un hecho que, en su afán de vaciamiento de los organismos de ciencia y técnología, el gobierno nacional se permite ignorar las leyes.

Y esto ocurre en el contexto de una progresiva reducción y un fuerte retraso en los plazos para el ingreso a la Carrera. La postergación es tal que quedan 550 postulantes seleccionados en la convocatoria 2022 que todavía no ingresaron. En la “cola” están también los 400 de 2023 (en 2024 no hubo convocatoria ni ingresos).

“Estamos muy preocupados. Es un golpe muy fuerte para la Facultad. Estamos hablando de personas que formamos, que estaban haciendo investigación Exactas y que vamos a perder, en un contexto en el que año tras año, desde que asumió este gobierno, venimos perdiendo valiosos recursos humanos”, sostiene Santagapita. Exactas es un caso testigo: de las 82 científicas y científicos de la facultad que se presentaron a la última convocatoria, 32 se quedarán sin su beca posdoctoral a fines de este mes.

“Para nuestra facultad, que es uno de los principales ámbitos del país para la formación doctoral y posdoctoral y el desarrollo de actividades científicas, esto es un gravísimo problema porque, si bien somos dos instituciones distintas, tenemos un alto grado de solapamiento: un 80% de nuestra planta depende del CONICET. El recorte impacta en todas las áreas: las trayectorias se interrumpen, los proyectos, experimentos y publicaciones se discontinúan, se afectan las tareas de formación de recursos humanos, las actividades de transferencia y vinculación y todas las investigaciones en curso”, grafica el secretario adjunto, y reitera la convocatoria del Consejo Directivo de Exactas a participar de la concentración frente al Polo Científico Tecnológico.

 

Trayectorias interrumpidas

Algunos de los becarios posdoctorales de Exactas UBA que podrían perder su estipendio en los próximos días brindaron sus testimonios.

Alejandra Alvedro es doctora en Ciencias Biológicas y lleva una década de trabajo en el Laboratorio de Eco-epidemiología del Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires (IEGEBA). “Dentro de las líneas de investigación que llevamos adelante sobre la enfermedad de Chagas, me centré en el análisis del riesgo de transmisión vectorial en distintas localidades del área endémica de nuestro país”, cuenta. Destaca la tarea colaborativa que desarrolla con sus compañeros, “con quienes comparto mucho más que un espacio de trabajo. Esta dinámica compartida es la que permite sostener la continuidad de los proyectos y el monitoreo a largo plazo, que es clave para entender los ciclos de transmisión y evaluar la efectividad de las estrategias de control que se implementan. En este contexto, la decisión de no prorrogar las becas posdoctorales no sólo interrumpe el trabajo colectivo. Nos obliga a muchos investigadores altamente formados a abandonar el sistema científico”.

Leonardo Majul es doctor en Ciencias Biológicas y becario posdoctoral en el Instituto de Micología y Botánica (INMIBO). “Trabajo desde 2011 en el Laboratorio de Micología Experimental y Liquenología, donde hice mi primera pasantía y encontré no solo un lugar donde desarrollar mi carrera, sino también un sentido claro para mi vocación”, cuenta. Actualmente desarrolla una línea de investigación novedosa orientada a la producción de peroxigenasa inespecífica, una enzima de interés estratégico, “que podría utilizarse para funcionalizar moléculas de fácil obtención, como los ácidos grasos, y generar así precursores para la síntesis de compuestos de alto valor agregado”.

Para Majul, “la decisión del gobierno nacional de no prorrogar las becas posdoctorales de quienes postulamos al ingreso a la Carrera del Investigador Científico no sólo implica que muchos jóvenes investigadores quedemos sin continuidad laboral. También supone interrumpir años de formación altamente especializada, desarticular equipos de trabajo y poner fin a líneas de investigación consolidadas, como la que llevo adelante. Más allá de nuestras trayectorias individuales, esta decisión debilita las capacidades científicas construidas durante años y compromete el desarrollo futuro del sistema científico argentino”.

Hernán Gentili es becario posdoctoral del Instituto de Biociencias, Biotecnología y Biología traslacional (iB3). Tras doctorarse en Farmacia y Bioquímica y luego de una década haciendo guardias en el Hospital Penna, su vocación lo hizo regresar al ámbito académico en plena pandemia: se sumó al Consorcio Anticovid, realizó un posdoctorado en biofísica de proteínas y actualmente trabaja en el Laboratorio de Desarrollo y Morfogénesis en Dictyostelium discoideum. “Investigo el modelado de enfermedades poco frecuentes, un trabajo que es crucial, porque son patologías sistemáticamente desatendidas por las políticas gubernamentales y por la industria farmacéutica global. Fui excluido de la Carrera en la convocatoria 2023, a pesar de haber quedado en el orden de mérito, por el recorte arbitrario de cupos; y ahora, al no prorrogarse las becas posdoctorales de quienes aplicamos en 2025, nos quedaremos sin el sustento económico mucho antes de mediados de 2027, fecha en la que recién se publicarán los resultados de esta convocatoria. Esta decisión prácticamente nos expulsa del sistema científico e interrumpe nuestras vocaciones, frenando aportes claves para el bienestar de la sociedad. La perspectiva para el futuro –concluye– es de precarización e incertidumbre”.

Además de la reducción presupuestaria, la demora en las convocatorias, la falta de efectivización de ingresos y promociones y la pérdida del poder adquisitivo de salarios y estipendios, este recorte en las becas también compromete la continuidad del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, y su capacidad de renovarse.

“Nos preocupan las consecuencias inmediatas que tiene esta decisión –insiste Santagapita– pero sobre todo el impacto en la sostenibilidad de todo el sistema científico. Estos jóvenes, en los que el Estado invirtió años de formación, iban a ser la nueva base de la pirámide de investigadores para el futuro de la Argentina. Perderlos significa perder innovación, talento, capacidad de respuesta, y en muchos casos, capacidad de trabajo, porque tendremos que utilizar recursos muy calificados para volver a hacer mesada, cuando tendrían que estar formando nuevos recursos humanos, presentando proyectos, generando redes de colaboración que proyecten la ciencia argentina al mundo. Cuando se afecta la base del sistema, todo el sistema se resiente”.

 

Pablo Taranto

Pablo Taranto es integrante de NexCiencia, agencia de divulgación científica de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA. 

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