Guerra comercial: cada dÃa de Gobierno de Milei es una oportunidad perdida
22 de febrero de 2025
La subordinación extrema que el gobierno neocolonial de Javier Milei mantiene con la geopolÃtica norteamericana significa una oportunidad perdida, en términos históricos, para nuestro pueblo.
Contexto
Apenas comenzado su segundo mandato como presidente, Donald Trump inició acciones de proteccionismo comercial con el objetivo de que Estados Unidos vuelva a dar pelea por el dominio del desarrollo industrial que, paulatinamente, perdió frente al avance demoledor de la República Popular de China.
Luego de años de retraso por la apuesta a un esquema con centralidad en las finanzas, este grotesco cambio de rumbo puede considerarse como una maniobra desesperada que, por sí sola, demuestra la situación de aguda derrota y decadencia de la hegemonía global de los Estados Unidos.
En el entramado productivo y logístico global, la industria liviana china y su extraordinaria flota mercante, han logrado posición dominante y desplazado a cualquier competencia. Este crecimiento en sectores que demandan gran cantidad de mano de obra, le permitió a China exponer índices excepcionales de desarrollo económico, potenciar su desarrollo energético en todas sus variantes y lograr posicionarse como una potencia también en la industria pesada, de telecomunicaciones y tecnología.
En cambio, Estados Unidos apostó por expandir su dominio global inyectando dólares y haciéndose de empresas radicadas en países extranjeros. El efecto inmediato, a pesar de haber aumentado su presencia comercial en gran parte del mundo, fue una extranjerización de su mano de obra total y, por lo tanto, un deterioro del mercado interno norteamericano y las condiciones socioeconómicas de su pueblo.
En el período 2008 – 2024 (posterior a la caída de Lehman Brothers) se dio una masiva fuga de dólares en modo de “impulsivas inversiones extranjeras” que derivó en que las abultadas riquezas generadas se vayan estancando en el mundo financiero, grupos inversores, que se convirtieron en transnacionales, y paraísos fiscales. Con el correr de los años, esas “inversiones” solo generaron un aumento exponencial de dinero en los bancos y grupos financieros.
Así, Estados Unidos se orientó a crear un gran banco global, dominando a las naciones dependientes mediante inversiones/deudas y olvidó el principio económico principal: solo la producción, el trabajo, genera valor y riqueza genuina.
Ahora, tratando de desandar su errático camino, impulsa conflictos bélicos y acciones comerciales como el aumento de aranceles con el objetivo de entorpecer el avance de China y la multipolaridad emergente.
El imperio del proteccionismo: aranceles y profundización de la guerra comercial
En principio, Trump decidió imponer un arancel del 25% a los productos provenientes de Canadá y México a fin de reconstruir sus industrias automotrices y de hidrocarburos, las cuales son alimentadas en gran medida por estas dos naciones. También le aplicó un arancel extraordinario con subas del 10% a los bienes importados de China, lo cual fue contestado de forma inmediata por el gobierno oriental que le aplicó un arancel del 15% a productos de carbón y gas natural licuado, así como uno del 10% a los de petróleo crudo, maquinaria agrícola, autos de gran cilindrada y camionetas. A su vez, China detuvo la exportación a EE. UU. de minerales como el antimonio y el galio, necesarios para fabricar algunos semiconductores.
Como parte de una política de retorno a la producción, Estados Unidos busca proteger al extremo su mercado interno para provocar un shock de creación de puestos de trabajo y crecimiento del PBI. Vale aclarar que, como explicaremos a continuación, estas políticas pueden acelerar su declive hegemónico pero, al mismo tiempo, es casi una certeza que la gestión de Trump ostentará una sustancial mejoría en los índices de trabajo, salarios y PBI.
Sucede que, inmediatamente, luego de conocerse la medida de EEUU, las monedas canadiense y mexicana aumentaron su ritmo devaluatorio para compensar y no perder cifras significativas de exportaciones frente al aumento arancelario. En otras palabras, estos países reducen el valor de sus monedas, con el riesgo inflacionario que conlleva, para subsidiar y compensar el aumento del precio de las exportaciones que supone el arancel. En paralelo, el Euro también aumentó levemente su ritmo devaluatorio y las naciones que componen la Unión Europea iniciaron conversaciones y acuerdos comerciales a fin de protegerse regionalmente en este momento de profundización de la guerra comercial.
Entre los riesgos asumidos por los Estados Unidos, este complejo escenario comercial puede resultar una gran oportunidad para el avance del frente chino ruso en sectores del comercio global en los cuales todavía no había penetrado mayoritariamente, al mismo tiempo que fomenta el fortalecimiento de acuerdos regionales para la protección industrial.
Para aquellos países que comercian con los EEUU, la suba de aranceles se traduce en un encarecimiento de los productos exportables, una presión devaluatoria para su moneda y, por lo tanto, un crecimiento de la inflación en su economía doméstica. Esto, habilita una posibilidad de reconfiguración del comercio, donde China y los BRICS pueden sumar preponderancia, y abona a la idea fuertemente promovida por Rusia de negociar en monedas distintas al dólar estadounidense (para evitar los conflictos de las fluctuaciones de las políticas arancelarias). Los acuerdos regionales, transacciones en monedas locales, bloques regionales de protección industrial, son respuestas lógicas a la intención de recapitalización de los Estados Unidos.
Lo mencionado fundamenta la idea de que la profundización de la guerra comercial acelera los tiempos de sucesos que vienen asomando: la decadencia de la hegemonía norteamericana, la consolidación de la multipolaridad con la posibilidad de una futura separación comercial de Europa con los Estados Unidos, y el eje Euroasiático como un polo de poder emergente con gran posibilidad de aumentar su incursión en territorios aun dominados por EEUU.
Este complejo escenario geopolítico también resulta una enorme posibilidad para las regiones de África y Nuestra América que aún se encuentran en un contexto de neo colonización. Nunca antes, al menos desde el fin de la segunda guerra mundial en adelante, estuvo tan claro el camino hacia el desarrollo soberano y mancomunado de las naciones y pueblos hermanos. Procesos soberanistas, proteccionismo y bloques regionales, son necesarios para emprender el urgente camino de desarrollo económico, otrora postergado por el ancla de la dominación imperialista.
Sin embargo, y a causa del lazo de subordinación extrema que el gobierno neocolonial de Javier Milei mantiene con la geopolítica norteamericana, cada día que transcurre de su mandato significa una oportunidad perdida, en términos históricos, para nuestro pueblo.
Contrario a las excepcionales oportunidades que ofrece el contexto, es esperable que esta geopolítica imprima más presión devaluatoria, al anclado tipo de cambio local, a causa de la depreciación de las monedas de los países con los cuales Argentina negocia en su comercio exterior, cuestión que perjudica su relación de intercambio.
En este sentido, lo único que puede darle aire pero no salvar al gobierno de Javier Milei es la inyección de mayor deuda externa vía Fondo Monetario Internacional o continuidad del carry trade. En cualquiera de los casos, la permanencia de la relación de subordinación a los designios yanquis confluye, inevitablemente, en una nueva crisis de deuda (devaluación y recesión económica) que solo puede ser evitada por su ruptura.
El mundo ratifica su camino, contrario a la moribunda hegemonía norteamericana, mientras que la Argentina va a contramano.