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El modelo changa se consolida


07 de noviembre de 2026

Medio país es vulnerable, una cuarta parte de los que trabajan es pobre y la infancia carga con la peor parte. El nuevo Boletín Sociolaboral del IPyPP, correspondiente al segundo trimestre de 2026, confirma que el mercado de trabajo argentino no solo destruye empleo: destruye la calidad del empleo que queda. La vulnerabilidad laboral afecta al 53,9% de la fuerza de trabajo, la informalidad alcanza al 45% de los ocupados y la pobreza trepó al 34,4% de la población, con casi la mitad de las infancias bajo la línea de pobreza. El trabajo, cuando existe, ya no garantiza salir de la pobreza.

Silvia Paez

El “modelo changa” no es una metáfora: es la estructura laboral de la Argentina de Milei.

El Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) acaba de publicar su Boletín Estadístico Sociolaboral correspondiente al segundo trimestre de 2026, elaborado por Claudio Lozano, Agustina Haimovich, Ana Rameri y Walter González. El documento, basado en los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, traza el retrato más completo del deterioro social que el gobierno se niega a reconocer. Y lo hace con una precisión que incomoda: no se trata solo de cuántos quedan afuera del mercado de trabajo, sino de la calidad del empleo de quienes están adentro.

La vulnerabilidad como norma

El primer dato que debería encender todas las alarmas es el indicador de vulnerabilidad laboral: “el 53,9% de la fuerza de trabajo enfrenta alguna forma de vulnerabilidad laboral, ya sea por las condiciones de contratación, la insuficiencia de ingresos o la falta de empleo” . Es decir, más de la mitad de los trabajadores argentinos está en una situación precaria, inestable o directamente excluido.

Entre los jóvenes, el escenario es aún más grave: “entre los jóvenes, el porcentaje asciende al 79%” . Ocho de cada diez jóvenes que trabajan o buscan trabajo lo hacen en condiciones vulnerables.

La desocupación abierta se ubicó en 7,9% , pero el propio informe advierte que esa cifra “subestima la insuficiencia laboral porque deja afuera a quienes tienen una ocupación de muy baja intensidad y continúan en la búsqueda activa de otro empleo” . Al sumar a los subocupados demandantes, “la desocupación ampliada asciende al 15,9% de la PEA” . Y si se incluye a quienes están disponibles para trabajar más horas, la presión total sobre el mercado laboral trepa al 30,8% de la PEA .

La informalidad como estructura

La informalidad dejó de ser una excepción para convertirse en la regla. “La informalidad afecta al 45% de los ocupados y llega a más de la mitad en el sector privado (51,6%)” . Entre los cuentapropistas, “el 66% no están registrados”, y entre los asalariados, “el 37,9%” . “Entre los jóvenes asalariados, la informalidad llega al 65%” .

El informe anterior del IPyPP ya lo había advertido: “el 94% de los empleos asalariados destruidos en los últimos tres años eran puestos de trabajo registrados” . La expulsión del sistema formal “redujo la participación de los trabajadores protegidos al 43,8% del total de ocupados, mientras que la suma de trabajadores no registrados y cuentapropistas ya representa la mayoría absoluta del mercado con el 52,2%” .

Trabajar y ser pobre: la nueva contradicción

Uno de los hallazgos más contundentes del boletín es que tener trabajo ya no garantiza salir de la pobreza. “Una cuarta parte de los trabajadores es pobre y el 4% es indigente” . El dato no es una anomalía estadística: es el resultado de salarios que no alcanzan para cubrir la canasta básica.

“Los cuentapropistas informales perciben, en promedio, un 49% menos que el ingreso medio general, mientras que los asalariados informales cobran un 38% menos” . Y “casi 1 de cada 5 ocupados/as gana menos del Salario Mínimo” .

El pluriempleo se consolida como estrategia de supervivencia: “el 11,7% de los ocupados tiene más de una ocupación”, con una incidencia mayor entre las mujeres (14,7%) que entre los varones (9,4%) . “Casi 3 de cada 10 ocupados trabajan más de 45 horas semanales” .

La pobreza que no se detiene

El boletín confirma que la pobreza creció por tercer trimestre consecutivo. “El 34,4% de la población es pobre” y “si se descuenta el efecto aguinaldo para tener una serie trimestral comparable, la pobreza crece 5 puntos porcentuales respecto al tercer trimestre de 2025” . La indigencia alcanza al 8% de la población .

El impacto sobre las infancias es devastador: “entre niñas, niños y adolescentes la pobreza llega al 48%” y “el 12,2% de las infancias no logra acceder a una alimentación mínima” . Casi la mitad de los chicos argentinos son pobres. Y uno de cada ocho pasa hambre.

El endeudamiento como salvavidas

Frente a la caída de los ingresos, los hogares recurren a estrategias desesperadas. “El 22,6% recurrió a préstamos de familiares o amigos (versus 15,7% en el mismo período de 2023) y el 18,5% utilizó créditos bancarios o de financieras (versus 9,8%)” . Además, “el 38% de la población vive en hogares que debieron utilizar sus ahorros para llegar a fin de mes” .

Las transferencias sociales: el último colchón

El informe destaca el rol crucial de las transferencias no contributivas. “Aunque representan apenas el 21% de los ingresos de los hogares que las reciben, sin estas prestaciones la indigencia aumentaría al 14% y la pobreza al 38,3%” . Es decir, sin la AUH, la Asignación por Embarazo y las pensiones no contributivas, la crisis social sería aún más profunda.

Conclusión: la Argentina del modelo changa

El boletín del IPyPP no es un conjunto de estadísticas aisladas. Es la radiografía de un modelo económico que expulsa del empleo formal, precariza a quienes trabajan y condena a la pobreza a una cuarta parte de los ocupados y a casi la mitad de las infancias. El “modelo changa” —ese concepto que el IPyPP viene trabajando desde hace años— se ha consolidado como la estructura laboral de la Argentina contemporánea.

Mientras el gobierno celebra la desaceleración de la inflación y los récords de exportación, el 53,9% de la fuerza de trabajo es vulnerable, el 45% es informal, el 34,4% es pobre y el 48% de los chicos no tiene cubiertas sus necesidades básicas. No es un problema de percepción. Es una realidad que los números del INDEC, procesados con rigor, no hacen más que confirmar.

La pregunta ya no es si el modelo funciona. La pregunta es para quién. Y la respuesta, una vez más, es para una minoría cada vez más pequeña.

Silvia Paez

Silvia Paez es comunicadora, colaboradora de InfoNativa. 

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