El lugar de la ética de la comunicación ante los genocidios
11 de abril de 2026
Nuestra historia, atravesada por luchas de clases, por el despliegue de poderes imperiales y por la voracidad del capital, ha tenido en la comunicación un campo decisivo de batalla. AllÃ, en el espacio simbólico donde se forman las conciencias, se libran combates cruciales que no sólo acompañan la violencia material de las guerras y de los genocidios,sino que muchas veces la anteceden, la justifican y la perpetúan.
En tiempos de conflagraciones mundiales, cuando la humanidad entera se ve arrastrada a abismos de destrucción, y en tiempos de genocidios, cuando pueblos enteros son condenados a la aniquilación, la ética de la comunicación se vuelve una pregunta vital: ¿qué lugar ocupa?, ¿qué responsabilidades tiene?, ¿qué horizonte emancipador puede proponer?
Nuestra comunicación nunca es neutral. Está anudada a relaciones de poder, a intereses materiales y proyectos ideológicos.
En el capitalismo, los aparatos comunicacionales se han transformado en parte orgánica de la maquinaria bélica: producen legitimidad para las guerras, fabrican consenso para los genocidios, resistencias silencianas y exaltan a los verdugos. La ética de la comunicación, en este escenario, no puede ser un lujo académico ni un ejercicio abstracto.
Si se convierte en una necesidad de supervivencia colectiva, en una herramienta crítica para desnudar las mentiras, desmontarlas operaciones simbólicas de la dominación y abrir paso a una praxis comunicacional liberadora.
1. Comunicación y violencia estructural
Toda conflagración mundial tiene una antesala semiótica. Ninguna guerra, ningún genocidio, estalla de la nada.Se preparan narrativas, se construyen enemigos, se tejen miedos y se siembran odios. Antes de la artillería, viene la artillería mediática. Antes del genocidio físico, llega el genocidio simbólico: la deshumanización del otro, su reducción a una caricatura, una amenaza abstracta, un objeto que merece ser eliminado.
Nuestra ética de la comunicación, en este sentido, debería actuar como principio de resistencia: impedir que los discursos de odio se normalicen, que los mecanismos de exclusión se presentan como “sentido común”, que el exterminio pueda ser narrado como “defensa propia”.
Pero el problema central es que los grandes aparatos mediáticos son propiedad de los mismos capitales que impulsan las guerras. La comunicación dominante no es contrapeso de la violencia, sino su cómplice estructural. Basta observar las dos guerras mundiales del siglo XX para comprenderlo.
En la Primera Guerra Mundial, los periódicos y noticieros se convirtieron en propagandistas del sacrificio patriótico, ocultando los intereses coloniales y financieros detrás del conflicto. En la Segunda Guerra Mundial, la maquinaria de propaganda nazi fue capaz de construir un imaginario antisemita que hizo posible el Holocausto, mientras en los países aliados los medios exaltaban la “defensa”de la civilización” ocultando también sus crímenes coloniales. En ambos casos, la comunicación fue parte del dispositivo genocida.
La ética de la comunicación, si hubiera tenido fuerza en esos momentos, habría debido oponerse con radicalidad a la manipulación, negarse a ser instrumento de propaganda bélica, defensor la dignidad de cada vida humana frente a las operaciones de deshumanización. No fue así. Y esa derrota ética permitió la barbarie.
2. Genocidios mediáticos: la palabra como arma
Un genocidio no es sólo la aniquilación física de un pueblo. Es también la destrucción de su memoria, de su lengua, de sus símbolos. Los genocidios coloniales contra los pueblos originarios de América, África o Asia fueron acompañados de operaciones comunicacionales que ridiculizaban sus culturas, que los representaban como “salvajes” o“primitivos”, que legitimaban su exterminio en nombre de la “civilización”. Y el genocidio simbólico precede y acompaña al material genocidio. La ética de la comunicación debe, entonces, colocar en el centro el derecho de los pueblos a narrarse a sí mismos, a defender su memoria, a existir en el espacio simbólico con dignidad. No se trata sólo de denunciar las balas, sino también de desmontar los discursos que las justifican.
En Ruanda, en 1994, la radio fue utilizada como instrumento directo del genocidio. La “Radio de las Mil Colinas” incitaba a asesinar tutsis, los llamaba“cucarachas”, organizaba listas de enemigos. Allí se mostró con brutal claridad cómo la comunicación puede convertirseen arma genocida.
Frente a ello, la ética de la comunicación no puede limitarse a enunciar principios abstractos de“objetividad” o “pluralismo”. Debe situarse políticamente en defensa de la vida, debe confrontar activamente cualquierdiscurso que incita al exterminio.
3. Conflagraciones mundiales contemporáneas
Hoy, en pleno siglo XXI, la humanidad vive nuevas conflagraciones globales, aunque de formas distintas a las del pasado. La guerra cognitiva, la guerra mediática y la guerra económica se combinan con conflictos armados abiertos.en diversos puntos del planeta. Ucrania, Palestina, Yemen, Sudán, Siria: territorios donde las potencias imperiales libran guerras directas o por delegación, mientras sus medios de comunicación fabrican relaciones que justifican la violencia. Nuestra ética de la comunicación, en este escenario, enfrenta una prueba crucial: denunciar la manipulación mediática que convierte a las víctimas en culpables y a los agresores en defensores de la libertad.
En Palestina, por ejemplo, los grandes medios occidentales hablan de “enfrentamientos” cuando Israel bombardea masivamente a la población civil, y repiten la palabra “terrorismo” cada vez que los palestinos ejercen resistencia. Esa inversión semiótica es parte del genocidio: borrar la condición de pueblo oprimido y presentar al ocupante como víctima.
Nuestra ética de la comunicación no puede tolerar esa falsificación. Tiene el deber de nombrar la realidad con rigor, de llamar genocidio al genocidio, ocupación a la ocupación, imperialismo al imperialismo. La neutralidad, en estos casos, es complicidad. La ética auténtica exige tomar partido: el de la verdad, el de las víctimas, el de los pueblos que luchan por su liberación.
4. Semiótica del silencio
Una de las formas más perversas de la comunicación ante los genocidios es el silencio. No sólo la mentira mata; también mata la omisión. Cada vez que un medio oculta una masacre, cada vez que reduce un genocidio a una nota marginal, cada vez que decide no cubrir una resistencia, está colaborando con la barbarie. El silencio mediático es cómplice del crimen.
Y la ética de la comunicación, en consecuencia, debe entenderse también como ética de la palabra justa, del testimonio, de la denuncia. Allí donde la violencia intenta borrar, la comunicación ética debe inscribir memoria. Allí donde los poderosos quieren llamar, la comunicación ética debe amplificar las voces de los oprimidos.
El desafío es inmenso, porque el mercado mediático está estructurado para privilegiar la espectacularización de la violencia, no su denuncia profunda. Se transmiten imágenes de bombardeos como si fueran películas de acción, se convierten los genocidios en “contenidos” para la industria informativa.
La ética de la comunicación debe rebelarse contra esa lógicamercantil: no se trata de vender la guerra como espectáculo, sino de impedir que siga reproduciéndose.
5. Ética de la comunicación y lucha de clases.
Nuestra ética no es una abstracción flotante. Está anclada en las condiciones materiales de producción y circulación de los signos. En sociedades de clase, la comunicación también está atravesada por esa contradicción. La ética de la comunicación que nos interesa no es la que sirve al capital, sino la que sirve a los pueblos. En tiempos de conflagraciones y genocidios, esto significa que la ética de la comunicación debe ponerse del lado de la vida contra el capital, del lado de los pueblos contra el imperialismo. Significa que no basta con exigir “veracidad” o “objetividad”: hay que construir sistemas comunicacionales emancipados, independientes de los monopolios mediáticos, capaces de narrar desde la perspectiva de los oprimidos.
Esto implica también una crítica radical a la idea liberal de “libertad de expresión”entendida como libertad del capital para decir lo que quiera. La verdadera libertad de comunicación sólo existe cuando los pueblos tienen acceso pleno a los medios, cuando pueden producir sus propios discursos, cuando no son silenciados por la censura de mercado.
6. Filosofía de la Semiosis y ética de la comunicación
Nuestra Filosofía de la Semiosis nos brinda herramientas para profundizar esta reflexión. Cada signo participa de una lucha de sentidos. No hay palabra inocente. No hay imagen neutral. Todo mensaje comunica desde un lugar en la lucha de clases.
La ética de la comunicación, entendida desde la Filosofía de la Semiosis, consiste en asumir la responsabilidad de los signos: no permitir que sean utilizados para deshumanizar, para justificar masacres, para legitimar genocidios. Consiste en producir signos que sirvan a la vida, que refuercen la memoria de los pueblos, que acompañen las luchas emancipadoras.
Esto no es fácil ni inmediato. Requiere organización, formación crítica, construcción de aparatos comunicacionales propios. Requiere también valentía, porque enfrentar los discursos dominantes en tiempos deguerra es arriesgar la propia vida. Pero no hay ética posible si no se asume ese riesgo.
7. El horizonte de un nuevo humanismo
Nuestra ética de la comunicación, en tiempos de conflagraciones mundiales y genocidios, no puede contentarse con denunciar. Debe proponer. Debe señalar un horizonte de nuevo humanismo, donde la comunicación sea herramienta de fraternidad, de solidaridad, de construcción de paz con justicia.
Ese horizonte sólo puede construirse fuera del capitalismo, porque el capital necesita la guerra y necesita el genocidio. La paz verdadera no es compatible con el imperialismo.
La ética de la comunicación, por tanto, debe inscribirse en un proyecto histórico más amplio: el de la emancipación socialista, el de una sociedad donde la vida valga más que el lucro, donde la comunicación sea un derecho y no un negocio. En ese horizonte, la comunicación pasa de ser instrumento de propaganda para convertirse en espacio de diálogo auténtico; dejar de ser mercancía para convertirse en bien común; dejará de ser cómplice de genocidios para convertirse en memoria viva de los pueblos.
El lugar de la ética de la comunicación ante las conflagraciones mundiales y los genocidios es, en suma, un lugar de combate. No se trata de contemplar desde afuera, sino de intervenir desde adentro. La ética de la comunicación no es neutralidad, es compromiso. No es silencio, es denuncia. No es obediencia, es rebeldía.
Ante cada genocidio, la ética de la comunicación debe gritar que no aceptamos el exterminio. Ante cada guerra,debe denunciar a quienes la organizan y la legitiman. Ante cada manipulación mediática, debe desenmascarar el fetiche y mostrar la verdad.
La humanidad necesita una comunicación que esté a la altura de su dignidad. Y eso significa, en tiempos de barbarie, construir una ética comunicacional revolucionaria, capaz de enfrentarse a los aparatos de guerra simbólica del capital, y capaz de abrir caminos hacia un nuevo orden de justicia, de igualdad y de paz verdadera.
La comunicación, en su dimensión ética, no es accesorio ni ornamento. Está frente a la batalla. Y en ese frente, cada palabra,cada imagen, cada signo, puede ser arma de opresión o arma de liberación. De nosotros depende elegir y actuar.
La guerra burguesa asesina. No es una tragedia natural ni un accidente histórico inevitable: es una política deliberada inscrita en un orden social que vive de la acumulación por desposesión, la competencia interimperial y la reproducción del capital mediante violencia organizada.
Cualquier ética que se limite a lamentar “las pérdidas humanas” sin nombrar causas, sus responsables y esas estructuras están participando de la anestesia moral que permite que las masacres continúen.
Por eso la primera exigencia ética es un gesto cognitivo y político: nombrar con precisión. Llamar “guerra” a la guerra, “genocidio” al genocidio, “ocupación” a la ocupación; identificar actores estatales, corporativos y mediáticos que planifican, sus apoyos financieros y justifican la violencia.
No existe neutralidad cuando las palabras pueden salvar o condenar vidas.
Fundamento moral: la inviolabilidad de la vida y la responsabilidad estructural
Esta ética que necesitamos urgentemente parte de una premisa sencilla y no negociable: la vida humana tiene una dignidad irreductible que impide su instrumentalización para multas de ganancia o poder. Sobre esa base, la guerra burguesa es moralmente indefendible porque convierte seres humanos en recursos —territorios para explotar, mano de obra para disciplinar, poblaciones para controlar—y porque hace de la muerte un medio para la reconfiguración del poder y la acumulación.
Pero la condena moral aislada no basta; exige una teoría de la responsabilidad que alcance a los actores estructurales: Estados, alianzas militares, empresas armamentistas, instituciones financieras, medios oligopólicos, y las élites que se benefician del mercado de la guerra.
La responsabilidad ética debe ser amplia y compleja: individual (comandantes, funcionarios, ejecutivos, periodistas que falsean), colectiva (partidos, gobiernos,corporaciones), y estructural (el sistema económico que incentiva y remunera la violencia).
La crítica política: guerra burguesa como forma de reproducción del capital
Desde una perspectiva materialista: las guerras contemporáneas no son aberraciones del sistema capitalista; son operaciones funcionales a él. Generan mercados —armas, reconstrucción, contratos de seguridad— crean territorios de extracción, disciplinan clases trabajadoras y fortalecen aparatos autoritarios que protegen intereses acumulativos.
La“paz” que venden los poderosos es, con frecuencia, una paz de negocios: garantías para la inversión, seguridad para redes logísticas, instituciones dóciles.
Una ética coherente nos obliga a ver la guerra como instrumento de reproducción.capitalista y, por tanto, a situar la resistencia en el terreno de la desarticulación de esas funciones: cortar financiamientos,exponer contratos, boicotear legitimidades.
Ética de la comunicación: deberes no negociables en tiempo de guerra
La comunicación ante la guerra no es un oficio técnico: es una práctica ético-política. Los deberes mínimos son concretos y exigentes:
- Nombrar y contextualizar: evitar eufemismos (“operación”, “enfrentamientos”, “bajas colaterales”);explicar causas estructurales; identificar responsabilidades estatales y corporativas.
- -Verificación rigurosa: priorizar fuentes primarias verificables, documentar violaciones y contrastarVersiones antes de reproducir narrativas oficiales.
- -Priorizar la vida sobre la neutralidad formal: la pretensión de una “objetividad” que iguala verdugo y víctima es moralmente tóxica cuando la evidencia muestra asimetrías de poder y crimen. La ética exige posicionarse del lado de la vida, no de la versión dominante.
- -Amplificar voces de las víctimas y de la resistencia civil: no reproducir solo voces oficiales; dar espacio a testimonios locales y a investigadores independientes.
- -Denunciar la propaganda y la desinformación: desmontar operaciones de guerra cognitiva (falsas banderas,narrativas de amenaza, criminalización de la protesta).
- -Proteger a fuentes y testigos: adoptar protocolos de seguridad para evitar represalias (cifrado, anonimato,redes de apoyo).
- -Rechazar la espectacularización de la violencia: no convertir el sufrimiento ajeno en mercancía mediática.Mostrar evidencia cuando sea necesario para la prueba y la denuncia; evitar la pornografia del horror.
- Compromiso con la memoria y la reparación: documental crímenes, preservar pruebas y colaborar con procesos de justicia transicional. Prácticas comunicacionales concretas que salvan vidas.No basta con enunciar deberes: es preciso delinear praxis inmediata y replicable por periodistas, comunicadores populares, ONGs y movimientos.
- -Crear y sostener redes de verificación independientes (redes ciudadanas, alianzas universitarias) que actúen como observatorios: registrar violaciones, geolocalizar ataques, mantener bases de datos abiertas.
- -Desarrollar protocolos de emergencia informativos: pautas sobre cómo difundir alertas de protección civil,rutas de evacuación y puntos de ayuda, sin exponer a personas a represalias.
- -Establecer canales seguros para víctimas y denunciantes (VPNs, mensajería cifrada, nodos de recepción internacional).
- -Montar cadenas de solidaridad mediática: cuando un gran medio silencia, otras plataformas (radios comunitarias, blogs, redes de activistas) deben amplificar y traducir la información para audiencias globales.
- -Implementar cartografías de impunidad: mapas que muestren vínculos entre empresas, contratos militares y actores políticos; hacer públicas las rutas financieras.
- -Llevar evidencia a tribunales y organismos internacionales: fotos, videos, testimonios certificados por peritos independientes para sostener demandas y sanciones. Acción política y sanciones éticas contra los responsables
Nuestra ética exige medidas coercitivas cuando la ley es insuficiente. Entre las tácticas éticas y estratégicas que las sociedades y los movimientos pueden desplegar están:
- Deslegitimación pública: boicot económico y político contra empresas y funcionarios implicados en la maquinaria bélica; campañas para retirar licencias, clientes e inversiones.-
- Acciones legales y litigio estratégico: demandas civiles y penales a ejecutivos, intermediarios y contratistas;uso de jurisdicciones que permiten el enjuiciamiento por crímenes de guerra o financiación de violaciones.
- -Congelamiento de activos y sanciones dirigidas: promoción de sanciones internacionales sobre activos dequienes financian y se benefician de la guerra.
- -Desconexión institucional: presionar a instituciones financieras y aseguradoras para que rompan contratoscon empresas de guerra; exponer la cadena de suministro armamentista.
- -Movilización internacional de la opinión pública: construir coaliciones transnacionales que generen costoreputacional a Estados y empresas.
Moral de la resistencia y límites de la violencia revolucionaria
Una ética comprometida no simplifica la complejidad de la acción: condena la guerra burguesa y, simultáneamente, debe discutir la legitimidad y los límites de la violencia en la resistencia.
Dos principios deben guiar la reflexión:
-Primacía de la defensa de la vida: toda acción debe evaluar sus consecuencias sobre civiles; la protección deinocentes no pueden ser sacrificados por cálculos tácticos que reproduzcan el daño mayor.
-Proporcionalidad y objetivos claros: la violencia como táctica ha de ser valorada según metas políticas precisas y su capacidad de contribuir a la emancipación colectiva, no como instrumento de venganza o acumulación de poder. Sus guerras burguesas no se combaten únicamente con armas: se la desactivan mediante estrategia política,alianzas sociales, sabotaje económico de sus bases y construcción de hegemonía moral. La ética revolucionaria, por tanto, integra medios y multas: métodos que protejan vidas, que deslegitiman al enemigo, que fortalezcan a los sujetos sociales capaces de gobernar democráticamente después del conflicto.
Educación, formación y artefactos normativos.
Para que una ética de la comunicación y de la acción sea sostenible se requiere formación estructural:
-Programas formativos en ética aplicados para periodistas, comunicadores y activistas: módulos sobreverificación, seguridad digital, documentación de crímenes, derechos humanos y marco jurídicointernacional.
-Currícula en escuelas y universidades que enseñe historia crítica de las guerras burguesas y que forme enpensamiento estratégico.
-Creación de códigos deontológicos vinculantes en medios y organizaciones que incluyen sanciones internas por complicidad con la propaganda bélica .
-Incentivos institucionales para medios comunitarios y cooperativos: fondos públicos y mecanismos deprotección que rompen la dependencia financiera de conglomerados.
Justicia transicional y reparación: de la ética al derecho
Nuestra ética exige transformar la indignación en procesos jurídicos y de reparación: tribunales ad hoc, comisiones de la verdad, restitución de tierras, garantías de no repetición. Las responsabilidades deben ser trazables y ejecutables. El derecho internacional debe recibir evidencia y los movimientos deben empujar para que, donde el sistema jurídico sea cooptado, se utilicen espacios alternativos (tribunales ciudadanos, comisiones de investigación independientes) que documentan y expongan la impunidad. La exigencia ética es también una exigencia por reparación.efectiva: compensaciones, rehabilitación, garantías sociales que impiden la reproducción de la violencia.Solidaridad internacional: un principio operativo frente a guerras que se inscriben en geopolíticas complejas, la ética requiere internacionalismo activo: coordinación entre, presión simultánea en múltiples capitales, intercambio de inteligencia jurídica y movimientos mediática, apoyo logístico a refugiados y perseguidos políticos.
La solidaridad no es caridad; es un instrumento político que reducen la capacidad del poder para fragmentar resistencias.
Estrategias de largo plazo: desmilitarización y democracia material
Nuestra ética plantea metas estructurales: desmilitarización progresiva, control civil democrático sobre presupuestos y fuerzas de seguridad, prohibición de la industria militar privada, reconversión productiva orientada a necesidades humanas (salud, vivienda, educación).
La paz duradera se basa en justicia material: distribución efectiva de recursos, acceso equitativo a servicios, soberanía popular sobre decisiones estratégicas. Cualquier ética que no mire a la transformación del modo de producción corre el riesgo de administrar paliativos mientras la máquina de la guerra se regenera.Lenguaje, memoria y formación de sentido: combatir la semiótica de la guerra .
Sus guerras burguesas sobreviven también por el dominio semiótico: naturalización del enemigo, heroicidad.militar, “intervención humanitaria” como eufemismo. La ética de la comunicación tiene la tarea de desmontar esos mitos.mediante memoria activa, educación crítica, creación de narrativas que restituyen la dignidad de los pueblos atacados y que evidencian los vínculos entre riqueza y violencia. Esto implica producir desde la cultura —cine, literatura, música,teatro—material que haga inteligible la barbarie y que forme conciencia colectiva.
Tareas inmediatas —un plan operativo en diez puntos—
Para que la ética deje de ser discurso, propongo 10 acciones ejecutables en plazos cortos por colectivos, medios y organizaciones:
1- Crear observatorios ciudadanos en áreas de conflicto para documentar crímenes con protocolos de cadena decustodia.
2- Lanzar campañas globales de deslegitimación contra empresas armamentistas específicas (nombres, pruebas ydemandas públicas).
3- Cooperar con abogados internacionales para preparar expedientes contra responsables políticos y corporativos.
4- Constituir redes de apoyo para refugiados con rutas seguras, documentación y presión para asilo.
5- Organizar boicots coordinados a productos y mercados vinculados a la guerra.
6- Establecer radios y plataformas independientes para contrarrestar la narrativa oficial en zonas afectadas.
7- Promover huelgas políticas que interrumpen la reproducción normal del capital en sectores clave (puertos,transportes, finanzas).
8- Impulsar legislaciones locales que veten contratos con empresas implicadas en violaciones de derechoshumanos.
9- Formar brigadas legales y médicas listas para intervenir y proteger comunidades bajo ataque.
10- Difundir manuales educativos para escuelas y sindicatos sobre cómo documentar y resistir la propaganda de guerra.Nuestra ética frente a las guerras burguesas y el asesinato de inocentes no admite neutralismos cómodos ni retóricas emotivas que no modifican las relaciones de fuerza. Es una ética de combate: exige nombrar, exponer, actuar y transformar.
Su núcleo es la defensa incondicional de la vida humana y la irreductible obligación de responsabilizar a los culpables —individuales y estructurales— hasta donde el derecho y la movilización social lo permiten. Requerir instituciones de memoria y justicia, redes de comunicación libres y solidarias, y una política que convertirá la condena moral en capacidad material de freno a la violencia.
No hay ética que prospere en abstracto: la ética que salva vidas es práctica, organizada y rigurosa. las guerras burguesas se mantienen porque intereses concentrados las reproducen; se desactivarán cuando esos intereses pierdan legitimidad, mercados y alianzas.
Por eso la tarea ética es doble: debilitar materialmente a los poderes de la guerra y construir institucionalmente las condiciones de una paz no mercantilizada —una paz fundada sobre la justicia social, la material de igualdad y democracia. No más genocidios.


