El Lobito: montonero y revolucionario
07 de octubre de 2023
En tiempos de “certezas lÃquidas y desertificación ideológica”, el profesor David Acuña rememora la actividad polÃtica y la militancia de Ricardo RodrÃguez Saa, “el lobito”, a pocos dÃas de cumplirse un nuevo aniversario de su asesinato.
El pasado 4 de octubre se cumplió un nuevo aniversario del asesinato de Ricardo RodrÃguez Saa, “El Lobito”, quien fue abatido en 1991 en la esquina de Aguirre y Aráoz, de la Ciudad de Buenos Aires.
Al Lobito se lo quiso implicar con una banda de piratas del asfalto y de andar armado; pero lo cierto es que su asesinato tuvo demasiado olor a polÃtico. De hecho, quien le dispara fue el suboficial Humberto Maldonado, miembro de la DEPOC, especie de sección antiterrorista de la PolicÃa Federal de ese entonces. ¿Desde cuándo el accionar de una división antiterrorista era seguir a presuntos ladrones? Un disparate. Es mucho más plausible pensar en una motivación polÃtica para haber abatido a un ex miembro de la organización peronista Montoneros.
Cuesta pensar desde el 2023 las prácticas de la violencia polÃtica del pasado, pero en la década del 90 habÃa una menor distancia y ruptura con los 60, 70 y 80, que lo que luego tuvo el noventismo con nuestro presente (cuestión que valÃa tanto para derechas como para izquierdas). Por eso mismo, no es descabellado pensar que la actividad polÃtica del Lobito de querer reconstruir las Unidades Básicas Revolucionarias provocara la tirria de las esferas del poder polÃtico que empezaban a disfrutar las mieses que el neoliberalismo menemista le dispensaba a cambio de bajar las viejas banderas doctrinales. Teniendo en cuenta el contexto de época, nos inclinamos a pensar que con en el asesinato del Lobito caÃa también una forma de pensar la polÃtica que tenÃa más que ver con ponerle el cuerpo a lo que se sostenÃa con la boca viviendo en consecuencia.
Posiblemente, en estos tiempos de certezas lÃquidas y desertificación ideológica todo esto suene a viejo o resulte incomprensivo. Sin embargo, alguna vez, el peronismo se vio asà mismo como un movimiento revolucionario y no como una máquina partidaria de ganar elecciones con candidatos genéricos distanciados de los sectores populares. Hay quienes seguimos pensando que, si el peronismo no deviene en Revolución, deviene en la nada… o, peor aún, en “un algo” lejano de aquello que alguna vez le dio origen: la lucha por la liberación nacional y social.
No es la intención de estas breves lÃneas de traer la figura militante de El Lobito como una anécdota o una excusa para hablar del pasado. Por el contrario, volver la mirada sobre prácticas polÃticas que apuntaban al cambio social profundo y concebÃan a la Revolución como un paso necesario en la procura de la justicia social, se nos vuelven sumamente necesarias en tiempos donde la polÃtica pareciera estar más cómoda con la gestión de lo existente.
Y, por otra parte, también quisimos hacer presente la praxis revolucionaria del Lobito como expresión de una generación ante el discurso de algunos caÃdos del catre, que siguen insistiendo con la TeorÃa de los Dos Demonios y un negacionismo del genocidio, que están más cercanos al ridÃculo que a la argumentación polÃtica.