Vía libre a la sobre colonización sin reacción ni oposición política
En las últimas semanas se exhibieron momentos de brutal profundización del esquema neocolonial que gobierna la Argentina. Como nunca antes, las definiciones, planes y objetivos de las corporaciones transnacionales se desnudaron impunemente, al calor de una parálisis mental e inconciencia colectiva nutrida por la complicidad de todo el arco de la dirigencia local.
La dependencia financiera creciente, la exposición a un mayor saqueo de nuestros bienes comunes naturales, la entrega directa del territorio nacional, la intención descarada de destruir la moneda, el silencio atroz de la supuesta oposición que oculta su complicidad disimulando estar ocupada en temas absolutamente irrelevantes para el quehacer nacional, y la ausencia de reacción popular, son síntomas claros de un proceso de sobre colonización en pleno auge (política, económica y cultural).
En primer lugar, se anunció la confirmación de un nuevo aumento de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por 20.000 millones de dólares. En el mismo programa, se explicitan los deseos de moldear aún más, la matriz productiva nacional según los intereses de los Estados unidos.
Como parte de los condicionamientos, demanda reducir todos los programas de subsidios sociales, haciendo hincapié en los fondos para el sistema previsional (jubilaciones), ajustar el poder adquisitivo del salario del trabajador argentino (ajustes por debajo del índice de devaluación / inflación) y potenciar la explotación y exportación de minerales y energía. Sin vergüenza alguna, el FMI exige achicar el consumo del pueblo argentino a fin de aumentar el caudal de saldos exportables y así adquirir mayor cantidad de materias primas a bajo costo.
Luego de entregar dólares que volverán rápidamente, por la canaleta del “carry trade” y el giro de dividendos de corporaciones extranjeras que explotan nuestro suelo, el FMI somete a la Argentina a un nuevo programa de ajuste para pagar una estafa de la cual el pueblo no verá un solo dólar en desarrollo, inversión ni en generación de trabajo.
En segundo lugar de la lista de obscenidades neocoloniales, se dio la visita del secretario del tesoro norteamericano, Scott Bessent, para respaldar al gobierno de Javier Milei y enunciar que ayudarán con fondos adicionales en caso de problemas económicos fuera de los planes, a fin de garantizar la estabilidad monetaria que le otorga gobernabilidad a la banda de súbditos y estafadores que ostenta los cargos ejecutivos nacionales. En otras palabras, reafirma que, a los Estados Unidos, no le preocupa la cantidad de dólares que tenga que poner para asegurar la continuidad y aceleración del saqueo de nuestras riquezas naturales.
Tercero, percibiendo que vale todo, siendo consciente de su total impunidad, la propia directora del FMI, Georgieva Kristalina, declaró su apoyo a los candidatos de La Libertad Avanza en las próximas elecciones legislativas, manifestando descaradamente un interés extraordinario en que siga consolidándose un gobierno absolutamente subordinado a sus intereses geopolíticos.
Como hace 80 años, un alto directivo del imperialismo yanqui se mete de lleno en la campaña electoral (préstamo, programa y declaración); a diferencia de que hoy no encuentra oposición que represente un proyecto de liberación nacional. En las próximas elecciones se vota Braden o Braden.
Finalmente, y para remarcar que no es solo de orden político económico el dominio extranjero, Estados Unidos envió al representante del Comando Sur del Pentágono (Southcom), Alvin Holsey, para reafirmar el control físico y militar de un sector estratégico para sus intereses.
Luego de reuniones intranscendentes para la foto con Milei y Petri, mantuvo encuentros con sus subordinados, el jefe de las fuerzas armadas argentinas (Isaac), generales y oficiales, y llevó adelante una recorrida por la estratégica Tierra del Fuego, dándole continuidad al camino iniciado por Laura Richardson el año pasado: fortalecer el control del paso transoceánico, la exploración y explotación de los bienes comunes naturales de la región.
La fenomenal sobre colonización que sufrimos en carne propia se explica desde un evidente derrumbe hegemónico de los Estados Unidos. Aunque esto pueda sonar contradictorio, el imperio yanqui ataca, explota con más ferocidad sus territorios dominados como una maniobra defensiva ante la pérdida de poder global.
Solo para mencionar algunos datos: en 15 años, EEUU perdió participación en un 20% del comercio global, las reservas en dólares de los bancos centrales pasaron de representar un 80% a un 50% en todo el mundo y, hace 20 años, era el principal socio comercial del 60% de los países, hoy es del 30%.
La prioridad que le otorga el FMI (los mayores créditos de su historia y declaraciones electorales), el respaldo del Tesoro norteamericano como garante del proceso y la presencia del Pentágono en Tierra del Fuego, marcan la importancia estratégica que tiene la Argentina para los Estados Unidos.
El ajuste de nuestro pueblo y el saqueo de nuestros minerales, alimentos y energía están puestos al servicio exclusivo de sostener el poder económico del imperio en decadencia. Todo esto en un contexto global de emergencia del multipolarismo y fortalecimiento acelerado de las monedas y estados nacionales. Una sobre colonización totalmente a contramano de la orientación geopolítica.
La evidencia de crisis de representación política en el campo nacional y popular, la expuesta complicidad de aquellos que ostentan cargos dirigenciales, la adrede atomización de la militancia y la destrucción del tejido social comunitario generada por décadas de vigencia de un modelo de país anti industrial, ultra competitivo y empobrecedor, nos obliga a redoblar esfuerzos en trabajar, incansablemente, en más y mejor organización política popular.
Volver a encontrarnos con la liberación nacional como guía, construir comunidad ante la división planificada del enemigo, formar cuadros políticos en la militancia de un proyecto de desarrollo nacional que logre presentarse como una alternativa clara y visible ante las distintas formas de administración colonial que se disputan en las elecciones de la democracia liberal, recuperar las calles en la lucha contra el crimen del hambre y la pobreza en una Patria enormemente rica. Unión, hermandad, comunidad, sentimiento y pensamiento nacional ante el desamor e individualismo que impulsan para dominarnos.