Ver en la oscuridad
Sospechas sobre el profundo desinterés a la reflexión y el pensamiento.
Un ejercicio habitual en la enseñanza de música es el de la apreciación. Tiene distintos objetivos depende qué aspectos de la música esté estudiando el alumno, si lo que se estudia es la ejecución de un instrumento será su tarea escuchar ese instrumento dentro de un ensamble, no importa el ritmo o estilo del ensamble, lo importante es poder identificar el instrumento y apreciar qué aporta al conjunto y a la pieza que se ejecuta. Otra finalidad posible del ejercicio de apreciación, en alumnos de una escuela, por ejemplo, es el poder hacer una escucha más valorativa, donde se puedan distinguir sonidos, bases rítmicas y melodías.
Más a allá del nivel de formación en la materia que pueda tener cada alumno en sus distintos ámbitos, el ejercicio de apreciación requiere concentración, abstracción y contemplación. Poder discernir entre un instrumento y otro nos puede hacer ver las cosas de otra manera y entender que esa canción, que es un todo, es la sumatoria de distintos componentes.
Para la iglesia católica el discernimiento (espiritual) es de suma importancia en la vida de los fieles: “Por eso formarse al discernimiento espiritual es esencial para la vida de la Iglesia, esencial para reconocer lo que el Señor dice a la Iglesia, para reconocer los llamados del Espíritu en una comunidad, una parroquia, y percibiendo el combate espiritual no dejarse engañar por el enemigo, el diablo” (padre Frédéric Fornos).
El discernimiento espiritual, para los católicos, se lleva a cabo a través de la oración, la reflexión y la búsqueda de guía en la Palabra de Dios, la Tradición de la Iglesia y la comunidad de fe.
Tanto en la enseñanza musical como en las prácticas espirituales de discernimiento poder escuchar un instrumento en particular o discernir cual es la voluntad de Dios sobre nosotros requiere de estudio, concentración, contemplación; de agudizar sentidos para poder descubrir aquello que buscamos.
Hoy, darnos el tiempo, permitirnos y asirnos de los medios que nos permitan concentrarnos, contemplar y estudiar (nos) parece imposible, demasiado ruido nos inunda, demasiado ruido nos generamos, hiperproductividad, pauperización de las condiciones de vida, hiperconectividad y una baja sustancial en los niveles de culturización y educación de una sociedad desmantelada con el fin de generar las condiciones necesarias para ser una colonia sin quejas hacen imposible que podamos ejercitar el discernimiento.
Estamos llamados a la pereza, a no pensar; toda la maquinaria tecnológica creada es una herramienta de sometimiento que nos reduce a meros consumidores en un mundo que solo nos permite reaccionar en redes sociales.
Y aún en aquellos que pueden acceder a ciertos niveles de contenidos culturales por los cuales se podría ejercitar el discernimiento y el pensamiento crítico los sesgos de confirmación bloquean la posibilidad de ampliar las búsquedas de miradas alternativas o análisis alternativos que mejoren la capacidad de interpretación de una realidad apabullante.
De la pereza de pensar, indefectiblemente, aparece la ausencia de conflictividad social, la ausencia de corporalidad para el reclamo y la opción de solo limitarse a expresar en redes sociales la indignación.
Cada hecho, cada realidad, cada mensaje esconde una pulsión, una cadencia, un ritmo que, de encontrarlos, nos pueden orientar mejor para arribar a ideas y conclusiones mas cercanas a la verdad. Escuchar entre el ruido, ver en la oscuridad de un mundo atroz la posibilidad de un mañana sin guerra, sin hambre ni dolor, es posible.
No, la receta para ello no está disponible en línea, debemos buscarla y encontrarla juntos, construyendo la comunidad que pretenden destruir. Escuchando al otro, contemplando los hechos y descubriendo la realidad que nos ocultan y la que no nos ocultan, pero para la cual no tenemos la capacidad de responder como pueblo.
