Un Domingo perfecto: Paliza inolvidable y pase a semi
El Albinegro brindó una exhibición memorable en su reducto y superó ampliamente a su oponente por un marcador abultado que reflejó superioridad absoluta. Con esta victoria resonante, el conjunto rionegrino alimenta su ilusión, fortalece su confianza y proyecta ambiciones serias en la definición del certamen.
La Visera reventó y Cipolletti firmó una tarde que va directo al museo de las grandes gestas albinegras. Fue una goleada sin discusión, de esas que se gritan con el alma y se cuentan a los pibes durante años. El Capataz salió con hambre de gloria, mordiendo en cada pelota, empujado por una gente que hizo temblar el cemento.
Lo destrozó temprano y no dejó ni respirar al rival en ningún momento. A los cuatro minutos ya ganaba uno a cero - Acevedo, jugadon colectivo - y la popular explotó como nunca. A los siete llegó el segundo - Almiron, mano a mano y define por abajo - y el estadio se vino abajo con el alarido. A los veintiuno cayó el tercero - Peralta, cabezazo por arriba de arquero - y el partido quedó prácticamente sentenciado. El cuarto a los 33 - Recupera Nehuén García, pared con Acevedo, taco de García para Peralta que define al primer palo. Lapidario y contundente resultado, puro carnaval.
Pero no hubo piedad ni conformismo en el vestuario porque el complemento fue todavía más salvaje y arrollador. El Albinegro volvió con el cuchillo entre los dientes y siguió golpeando sin parar ni un segundo. A pesar del único gol de la visita – a los 11 Mendoza, golazo al ángulo-; Cayeron dos goles más – a los 15 Lucero y a los 19 Vellejos - que desataron una locura total en cada tribuna. Fue una segunda mitad perfecta, avasallante, con un equipo encendido que transformó el triunfo en una humillación histórica.
Desde temprano se sentía en el aire que podía ser una jornada distinta, de esas que el hincha presiente. Las banderas, el humo, el aliento que bajaba sin parar hicieron el resto para empujar al equipo. Cada gol se gritó como una final y cada corrida se festejó. La comunión entre tribuna y jugadores fue total y eso explica semejante paliza inolvidable.
Esta no es una goleada más, es de esas que quedan marcadas para siempre en la historia del club. Por el contexto, por el rival y por la forma en que se dio, con autoridad absoluta de principio a fin. Cipolletti jugó como juega su gente, con corazón, donde todo salió redondo y que confirma que este equipo está para cosas grandes. Ahora queda el recuerdo y la responsabilidad de transformar esta goleada en impulso anímico realmente para lo que viene. El Domingo de local contra Alvarado por la ida de semi final.
Estos triunfos históricos no solo suman puntos, construyen mística, levantan al grupo y meten miedo a cualquiera que pise La Visera. Cipolletti dio un golpe sobre la mesa y avisó que quiere ser protagonista. Fue una tarde gloriosa que nadie olvidará jamás.
