Trump, el fantasma del Mundial

13 de junio de 2026
Diego Arturo

Diego Hernán Arturo es comunicador social, socio fundador de la cooperativa EME contenidos, militante político y de la economía social.

Columna política y deportiva del Mundial 2026 por Diego “Vasco” Arturo.

Las políticas de gobierno de Trump complicaron la logística del Mundial 2026. El ICE, las visas y el transporte y los altos precios en las distintas ciudades generaron conflictos por doquier, sumado al poco interés yanqui por el fútbol.

La avanzada del gobierno de Donald Trump con el Israel sionista dejó un escenario abierto de una guerra durante su mandato. Ese pulso geopolítico, que incluyó los asesinatos de Qasem Soleimani, Alí Jamenei y más de 3000 iraníes, amenazó la continuidad de la selección iraní en el Mundial 2026. La FIFA ya analizó los posibles boicots o incidentes de seguridad si las tensiones se reavivan, tras las peticiones del país persa.

En Irak, la invasión estadounidense y el posterior desorden regional complicaron las relaciones internacionales. El bloqueo de visas impulsado por Trump afectó directamente a decenas de países que soñaban con asistir al Mundial. Naciones como Nigeria, Uzbekistán, Senegal, Argelia, Egipto, Colombia sufrieron la espera en las embajadas. La política de "extreme vetting" dejó un sistema consular colapsado. El mejor jugador de Irak fue detenido e interrogado durante más de siete horas.

El temor entre las federaciones de fútbol fue que millones de hinchas se queden sin poder ingresar a Estados Unidos. La FIFA presionó al gobierno actual para crear una ventanilla especial de visas mundialistas, pero los sectores trumpistas en el Congreso se opusieron ferozmente. Argumentaron que el evento deportivo no debe ser excusa para abrir las fronteras sin control. Al mejor árbitro de África, oriundo de Somalia, se le negó la entrada al país, impidiéndole arbitrar en el torneo.

El ICE, bajo las directrices de Trump, intensificó las redadas contra inmigrantes latinoamericanos y las deportaciones masivas. Ese clima de hostilidad persiste en gran parte del territorio estadounidense y desalienta a familias enteras a viajar al Mundial. En Kansas City hubo dos tiroteos, como también apuñalamientos en el MetLife Stadium de Nueva York.

La administración de Donald Trump utilizó los visados como arma política para ejercer control absoluto sobre la organización del Mundial, subordinando incluso a la FIFA.

Se señala que la FIFA, bajo la dirección de Gianni Infantino, no ha tomado medidas para proteger la participación de todas las selecciones y aficionados.

Las políticas migratorias de Trump incluyeron la separación de niños y padres en la frontera, algo que aún duele en la memoria colectiva. Se espera que cientos de miles de aficionados latinoamericanos crucen por tierra o aire hacia Estados Unidos. La presencia del ICE en aeropuertos y estaciones de autobús se convirtió en un factor disuasorio tremendo para el turismo futbolero.

El propio Trump ha dejado claro que no es un fanático del fútbol. Cuando se enteró de que las entradas para ver a Estados Unidos contra Paraguay se vendían a más de 2.000 dólares, declaró: "No sabía ese número. Ciertamente me gustaría estar allí, pero no lo pagaría".

Claro está que los precios excluyeron a la clase trabajadora.

Más allá del costo de las localidades, Trump ha mostrado en múltiples ocasiones su desinterés por el deporte más popular del planeta. Cuando le preguntaron sobre la posible participación de Irán en el torneo, respondió con un contundente: "Realmente no me importa".

Posteriormente matizó que la selección iraní "es bienvenida a la Copa del Mundo, pero realmente no creo que sea apropiado que estén allí, por su propia vida y seguridad". Las contradicciones y la falta de interés genuino por el fútbol contrastan con la enorme responsabilidad que recae sobre Estados Unidos como país anfitrión.

La selección de Irán tenía designado para armar su campamento en Tucson, Arizona. Pero las autoridades no permitieron que la selección de Irán se instalara en su territorio para el mundial. Irán tuvo que buscar una nueva sede, y ahí es donde aparece México: la selección de Irán se instalará ahí durante todo el mundial, pero tendrá que viajar para jugar cada partido de ida y de vuelta.

El fantasma de una guerra entre Israel e Irán sobrevoló cada reunión de planificación del Mundial 2026. La FIFA ya había considerado sedes alternativas en México y Canadá por si el conflicto escala en territorio estadounidense. Empresas de transporte y hotelería exigen seguros contra riesgos bélicos, lo que encarece los boletos y las entradas para los hinchas comunes.

El problema de los boletos de transporte público se agrava porque las empresas de trenes y autobuses no tienen flota suficiente para mover a millones de aficionados. Durante su gobierno, Trump recortó fondos para infraestructura y calificó al transporte urbano como "sucio e inseguro".

Las ciudades sede corrieron contrarreloj para alquilar vagones y cruceros ante la demanda masiva del Mundial. Sin embargo, el partido republicano, aún leal a Trump, bloqueó cualquier partida presupuestaria que beneficie lo que llaman "turismo masivo extranjero". El legado de Trump en política exterior, migratoria y de infraestructura se convirtió en un dolor de cabeza logístico para el peor mundial que veremos.