Todos delincuentes

21 de junio de 2025
Yesica Falcone

Así como a Neuquén se lo conoce por los paraísos cordilleranos en materia de turismo, o Vaca Muerta en materia de desarrollo industrial, en materia jurídica se destaca por su moderno Código Procesal Penal. Somos referencia en el resto del país en ámbitos judiciales y académicos gracias a nuestro código acusatorio modelo.

La semana pasada se aprobaron algunas modificaciones a esta norma: reiterancia para los delitos en general; denuncias anónimas, agente encubierto, informantes, allanamientos nocturnos para los delitos vinculados al narcomenudeo.

Se habla de una ola punitivista, de los discursos penales de emergencia, de su impacto en las normas, de los derechos y las garantías que pueden verse afectados por este parche mal cosido en nombre de la lucha contra la inseguridad. No quiero entrar en tecnicismos, está lleno de personas que hacen lo imposible para que el derecho quede lejos y suene dificilísimo. Quiero que pensemos cómo nos afecta que se vayan incorporando elementos que desnaturalizan una norma procesal.

Solemos ver al delito como algo ajeno, como eso que hacen las personas malas, y al delincuente como una entidad que viste pasamontaña empuñando un arma. Pero ¿si te dijera que pueden venir por vos, por tus amigos, por mi? Los códigos penal y procesal son las reglas del juego cuando vienen por nosotros. 

En la calle todos pudimos ver los QR y publicidades de la app “Neuquén te cuida” incitando la denuncia de venta de drogas ¿Cómo nos puede afectar toda esta apología a que la gente se mande al frente que estamos viviendo las neuquinas y neuquinos en sintonía con el resto del país?

¿Te imaginás que ese vecino que odia que escuches música hasta la madrugada y sabe que fumás marihuana haga una denuncia anónima? ¿Sabías que por esa denuncia podría iniciarse una investigación y en el marco de esta podrían allanar tu casa de noche? Si, asustándote a vos y a tu familia. Si no tenés antecedentes, no vas a quedar preso, a lo sumo detenido un rato. Abogado defensor de por medio probablemente va a estar todo bien con el correr del tiempo, pero el “garrón” lo atravesaste igual. 

Una vez tu primo a modo de chiste rompió los vidrios de la biblioteca de la ciudad con los amigos y los enganchó la policía. Para colmo tenían un frasquito de flores que dan gracia. Terminaron todos con una causa. A los pocos meses muere tu abuelo. El señor tenía un revólver, antiguo, llamativo, muy bonito, y el primo pide a la familia quedárselo de recuerdo. El día que lo traslada a su casa lo paran en un control policial. A la vista de todo el mundo, porque no tenía idea que transportar un arma antigua igual era delito de portación, le abren una nueva causa. Tiene dos en el transcurso de unos meses, y un juez considera esta reiterancia como suficiente para darle prisión preventiva ante el pedido del fiscal, al que poco le importó que tu primo más allá de medio nabo, es buen pibe. Va a tener que esperar a que se resuelva este asunto en la cárcel.

Tal vez discutiste en la calle y terminaste a los manotazos, o le dijiste a tu vecino que ibas a propinarle golpes de puño en la cara si su caniche volvía a hacer caca en tu vereda. En ambos casos, hay delito.

Ni hablar de aquellas cuestiones que acumulan detractores y simpatizantes. Si cortás la ruta protestando, tal vez porque te echaron del trabajo, hay delito y probablemente hay causa. Si por descuido generaste un accidente de tránsito y hubo heridos o víctimas fatales, también. Pagaste en efectivo sin factura por un jugoso descuento, y si, aunque no lo creas es delito. Si abortabas hasta hace apenas unos años, podías terminar con una causa.

¿Nunca supieron de un amigo, familiar, vecino al que “le plantaron” algo justo después de discutir con alguien vinculado a alguna fuerza de seguridad? A veces tenés un desencuentro con quien no debías y el delito que no cometiste llama a tu puerta.

No fumás cannabis, no bebés, no discutís, no manejás, jamás cortarías una calle, no se te ocurriría tener un arma, insistís con que nunca te va a tocar, ni sin querer, y que las fuerzas son incapaces de plantar algo. Buenísimo, felicitaciones. Pero ¿Te imaginás al fulano que vende cocaína a cuatro cuadras para el oeste de tu casa mandando a denunciar de manera anónima a la mengana que vende lo mismo siete cuadras para el otro lado? Se va a poner más difícil circular en el barrio cuando las ya existentes disputas territoriales se profundicen. Vas a odiar al narco, pero la escalada de violencia se pudo haber evitado con una mejor política criminal, y ni hablar social, educativa y sanitaria.

Hasta hace unos renglones estabas a salvo, las reformas penales y procesales no tenían nada que ver con tu mundo. Resulta que ahora sabés que son lo que contiene todo el Poder que el Estado - en este momento en manos de personas bastante inescrupulosas - nos puede tirar encima a las personitas comunes, y que no es lo mismo que un proceso tenga unas reglas u otras. Disculpá si te pinché la burbuja, pero en esta inquisición 2.0 hay que estar despiertos. Si, los buenos también, para defender lo que nos enorgullece, porque cuando un código procesal que es modelo a seguir empieza a teñirse de Malleus Maleficarum, hay que prender las alarmas y frenar la locura a tiempo. A fin de cuentas, todas y todos alguna vez, sin querer o queriendo, fuimos, somos o seremos delincuentes.