Saqueo petrolero en Malvinas: La conexión israelí-británica y el gas del genocidio

25 de julio de 2026
Mariano Luna

Mariano Luna es licenciado en comunicación social de la Universidad Nacional de la Patagonia (UNP). Ha colaborado en medios patagónicos en materia energética. 

Navitas Petroleum, la empresa israelí que explota ilegalmente los hidrocarburos de nuestra plataforma continental, tiene su origen en el mismo grupo que descubrió el yacimiento de Leviatán frente a Gaza. Su fundador, Gideon Tadmor, es un aliado histórico de Benjamin Netanyahu y su fortuna se construyó sobre el gas que hoy financia la maquinaria de guerra contra el pueblo palestino. Mientras Argentina declama soberanía, el saqueo avanza.

El Atlántico Sur está siendo testigo de una de las operaciones de despojo más descaradas del siglo XXI. Mientras la diplomacia argentina se pierde en comunicados y resoluciones sin valor, un cártel petrolero conformado por la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration avanza a paso firme sobre la Cuenca Malvinas Norte, con el objetivo de extraer más de 1.700 millones de barriles de petróleo de nuestra plataforma continental. El proyecto Sea Lion, que ya recibió la decisión final de inversión (FID) y planea su primer barril para 2028, no es solo un negocio: es la consolidación de un modelo colonial que subordina los recursos estratégicos argentinos a los intereses geopolíticos de dos potencias aliadas.

 

El plan de expansión de Navitas: más allá de Sea Lion

La estrategia de Navitas no se limita al yacimiento Sea Lion. La petrolera israelí, fundada y presidida por Gideon Tadmor, firmó en febrero de 2026 un acuerdo con la empresa canadiense JHI Associates Inc. para quedarse con el 65% de los derechos de la licencia PL001, un bloque de exploración contiguo a Sea Lion. Para ello, se comprometió a financiar hasta 14 millones de dólares en perforaciones exploratorias y a devolver todos los gastos históricos de la canadiense en la zona.

La maniobra técnica es aún más brutal: Navitas planea utilizar la técnica del "tie-back", que consiste en conectar los nuevos pozos mediante cañerías submarinas al buque factoría (FPSO) principal de Sea Lion, succionando el petróleo de distintas áreas a través de una única plataforma flotante. De esta forma, abaratan costos y amplían el área de explotación ilegal sin necesidad de construir nueva infraestructura. Pero el plan no termina allí. El 23 de julio de 2026, Agenda Malvinas reveló que JHI Associates fue recientemente absorbida por Eco (Atlantic) Oil & Gas Ltd., y que las tres corporaciones —Navitas, JHI/Eco Atlantic y Rockhopper— conforman un auténtico "cártel petrolero" que se reparte la totalidad de los recursos hidrocarburíferos de la Cuenca Malvinas Norte.

 

Gideon Tadmor: el nexo entre el gas de Gaza y el petróleo de Malvinas

El origen de Navitas Petroleum no puede desligarse de la historia del gas en el Mediterráneo oriental. Gideon Tadmor, su fundador y presidente, es una figura central en la industria energética israelí. En la década de 1990, convencido por los descubrimientos de gas en Egipto, Tadmor comenzó a perforar en aguas israelíes a través de su empresa Avner Oil and Gas, que más tarde pasó a formar parte del Grupo Delek. En 2009, su consorcio descubrió el yacimiento de Tamar y, al año siguiente, el de Leviatán, con 17 billones de pies cúbicos de gas a 50 kilómetros de la costa de Israel.

El problema es que Leviatán está parcialmente en tierras palestinas y "específicamente frente a la franja de Gaza y debajo de ella". El yacimiento de Gaza Marine, situado a unos 30 kilómetros de la costa palestina, quedó paralizado por la negativa de Israel a pagar precios de mercado a las autoridades de la Franja. La lógica es tan simple como brutal: el gas es palestino, pero quien tiene el poder de fuego —y el respaldo de Estados Unidos— decide quién se queda con la renta. Tadmor, que también fue CEO de Avner Oil y chairman de Delek Drilling, mantuvo una estrecha relación con el primer ministro Benjamin Netanyahu, participando en los megacontratos de gas que Netanyahu anunció con Egipto por 35.000 millones de dólares.

 

El gas que financia el genocidio

La conexión entre la fortuna de Tadmor y la guerra en Gaza no es circunstancial. El yacimiento de Leviatán, cuya explotación fue impulsada por el propio Netanyahu, se ha convertido en un pilar de la economía israelí y en un recurso estratégico para financiar la maquinaria de guerra. Diversos análisis internacionales han señalado que "la guerra genocida de Israel en Gaza también se trata de petróleo y gas". Las empresas que explotan estos recursos, incluyendo Chevron —que tomó la decisión final de inversión para expandir Leviatán en enero de 2026—, son cómplices de un sistema que "aviva el apartheid y los crímenes de guerra israelíes".

El propio OBELA (Observatorio Económico de América Latina) documentó que "los yacimientos de gas y petróleo en tierra y mar adentro, descubiertos en Egipto en la década de 1990, convencieron al empresario israelí Gideon Tadmor para comenzar a perforar". Esa decisión, tomada hace tres décadas, derivó en el control israelí de los recursos energéticos del Mediterráneo oriental y en la exclusión del pueblo palestino de cualquier beneficio. Hoy, el mismo Tadmor, a través de Navitas, extiende ese modelo de despojo al Atlántico Sur, operando bajo el amparo del gobierno colonial británico en Malvinas.

 

El cinismo de Milei y la complicidad del gobierno argentino

Mientras Navitas y Rockhopper avanzan con sus planes de expansión —que incluyen una segunda plataforma FPSO para elevar la producción total a 180.000 barriles diarios— el gobierno argentino se limita a emitir comunicados de repudio. El canciller Gerardo Werthein calificó las actividades de "ilegales e ilegítimas" y la Cancillería declaró a Rockhopper y Navitas como empresas "clandestinas". Pero las palabras no detienen los taladros.

La contradicción es aún más escandalosa cuando se recuerda que el presidente Javier Milei, que se define como “el presidente mas sionista del mundo" y prometió trasladar la embajada argentina a Jerusalén, se ha mostrado incapaz de ejercer presión real sobre Israel. En diciembre de 2025, Argentina criticó a Navitas y Rockhopper por anunciar un proyecto petrolero "ilegítimo" de 2.100 millones de dólares sin aprobación argentina. El gobierno israelí, a través de su canciller Gideon Sa'ar, se desligó del asunto, afirmando que no tenía control sobre las operaciones de una empresa pública. Una excusa que no resiste el más mínimo análisis: Navitas cotiza en la bolsa de Tel Aviv, su presidente es uno de los hombres más influyentes del establishment energético israelí, y sus negocios en Malvinas son imposibles sin el respaldo político de Londres y Jerusalén.

 

La Argentina colonial: recursos que se fugan, soberanía que se desvanece

El saqueo de Malvinas no es un hecho aislado. Es la continuidad del mismo modelo extractivista y dependiente que se consolida en Vaca Muerta, en el litio, en el RIGI y en la entrega de la Vía Navegable Troncal. Las mismas corporaciones que explotan nuestros recursos en el continente —Shell, BP, Harbour Energy— son las que, junto a Navitas, operan en Malvinas. El gobierno de Milei, lejos de oponerse a esta lógica, la profundiza: desregula, subordina la política exterior a los intereses de Washington, y reduce las fuerzas armadas mientras permite que potencias extranjeras controlen nuestros mares.

Mientras tanto, Navitas y Rockhopper ya iniciaron las obras de desarrollo en las islas: preparación del muelle y la base en tierra, construcción de alojamientos para trabajadores y fabricación de equipos de largo plazo. La perforación comenzará en 2027 y el primer petróleo está previsto para 2028. La Argentina, que perdió la guerra de 1982 en el campo de batalla, está perdiendo la batalla de los recursos en los escritorios de las corporaciones y las cancillerías.

El cártel petrolero que opera en Malvinas no es solo un negocio. Es una declaración de guerra económica. Y mientras el gobierno argentino se entretiene con discursos vacíos, el petróleo de nuestra plataforma continental se convierte en combustible para el genocidio en Gaza y en ganancia para los mismos actores que, desde hace décadas, nos han condenado a ser una colonia de recursos.