Saqueo extraordinario
Reforma Laboral, baja de la imputabilidad y el negocio minero de las multinacionales son la síntesis de estas sesiones extraordinarias. Respuestas de la democracia liberal, la única que se ha podido edificar luego de la dictadura genocida, y que ya no da para más.
Joaquín Alberto Benegas Lynch alzó los dos brazos, buscó con la mirada a Patricia Bullrich y se fundió en un abrazo. Ambos celebraban que durante la tarde de ayer se transformaba en ley la baja de edad de imputabilidad a los 14 años.
Benegas Lynch, el senador nacional que comparte apellido, familia y negocios con el propietario del Banco CMF, allanado hace un año apenas por albergar en sus cajas de seguridad dólares obtenidos del lavado de activo de personajes vinculados al Cártel de Sinaloa. El mismo que también comparte apellido, familia y negocios con Esteban Benegas Lynch, ex jefe de operaciones de bolsa del JP Morgan, denunciado por el ex banquero Hernan Arbizu como uno de los arquitectos de la evasión fiscal, fuga de capitales y lavado de activos de las grandes fortunas de la Argentina.
Joaquín Benegas Lynch, primo del actual diputado Bertie Benegas Lynch, quien afirmó “a los ricos nos están masacrando” hace apenas un año atrás, al tocarle en suerte justificar los fundamentos por los que Javier Milei vetó la recomposición y movilidad de las jubilaciones y pensiones. “Esta cuestión de que el rico es rico porque el pobre es pobre y vos sos el postergado y yo me pongo la capa de justiciero y hablo de la justicia social y le saco a unos para darle a otros. Esa es la corrosión de la sociedad”, dijo en aquella oportunidad.
Benegas Lynch, que celebraba que en la Argentina se considere héroes a los que fugan capitales, evaden impuestos, cometen delitos cambiarios o lavan activos provenientes del narcotráfico, es el que se abrazaba con sus cómplices de bancada para que un pibe de 14 años que comete un delito contra la propiedad, pueda ser criminalizado.
En una sociedad donde los pobres son la enorme mayoría, donde los niños entre 14 y 16 años tienen una incidencia ínfima en relación a cualquier estadística del delito que se examine, en la que los ricos y millonarios son una minoría intelectualmente vulgar, éticamente despreciable y su moralidad se asemeja a una cloaca, que los Benegas Lynch circulen alegremente por la calle, es toda una señal de disfuncionalidad. Pero que sea Senador, y transforme en arquitectura legal su extraviado sentido común, es el síntoma del profundo desmoronamiento que atraviesa la dinámica de producción social, cultural, política y económica de una Patria condenada a vivir una distopía insoportable.
La ley de los miserables
Cuando esta edición comience a circular, la Argentina tendrá una nueva legislación que regule las relaciones laborales de poco más del 40% de los trabajadores del país. Una reforma laboral que no contiene excusas, diseñada en cada artículo para cagarle la vida a los laburantes y conformar una arquitectura de las relaciones del trabajo que maximice la rentabilidad de los patrones.
El último refugio de una clase trabajadora que a lo largo de los últimos diez años no dejó de retroceder. Una reforma que transforma en ley una parte de la extrema explotación laboral que padece con el cuerpo la mayoría asalariada que no tiene su trabajo correctamente registrado.
Una reforma laboral que se implementa hace tiempo, se redactó de mil modos y avanzó sigilosamente ante cada retroceso del Estado en poner orden en el descalabro laboral que forjó el sector empresario en cada oportunidad que tuvo para consolidar sus mezquindades.
Desde hace años, un ejército de trabajadores “en negro” circulan por las calles de las grandes ciudades del país con mochilas que identifican una empresa, la misma que por gestión de algoritmos le dice a dónde tiene que ir, qué tiene que llevar, cuánto tiene que cobar, en qué tiempo lo tiene que hacer y le aplica sanciones si no cumple con dichas directivas. El Estado estaba ahí, mirando la implementación de facto de un nuevo modelo de explotación laboral sin ningún tipo de ley. Incapaz de hacer cumplir el mínimo de la ley a empresas multinacionales que vendían la fuerza de trabajo de los argentinos.
Es cierto que la reforma laboral encarada en este tiempo contó con la complicidad de diputados, senadores, gobernadores y funcionarios de toda calaña que habían sido votados en la expectativa de oponerse a este tipo de regulaciones. Es cierto que la vulgaridad e idiotización exagerada que inunda este tiempo de producción política de nuestro país, hace aún mas vulgar la forma en que se terminó de consumar esta condena social.
Sin embargo, la derrota arrastra tiempo. A lo sumo, se exhibe aún mas profunda ante la cristalización de la incapacidad del movimiento nacional para vertebrar una frontera al avance salvaje del programa de miseria planificada y la mansedumbre bovina con que se contempla socialmente el rumbo inexorable hacia el matadero.
La buena salud de la democracia liberal
Diputados y senadores que reciben muchísima más plata por mes de los grupos económicos cuyos intereses protegen, que del sueldo que se les paga por haberse atornillado en una banca tras ingresar al parlamento escondidos en alguna lista sábana y dejar que el deteriorado instrumento del sufragio de representantes, legitimara su filibusterismo.
Actos de corrupción a plena luz del día. Compensaciones políticas y pagos con designaciones ejecutadas con la desvergüenza de quien sabe qué, la corrupción es un acto que sólo indigna al que se encuentra en la vereda de enfrente, que también está dispuesto a convalidar ese mismo acto, cuando ocurre en su rincón de la historia. Una suerte de ofensa por no estar en el bando de los que cobran, aún antes que un acto de cinismo.
Sesiones plagadas de debates sin fundamentos, discursos pensados para la autopromoción desvergonzada de la acción individual de quien ocupa la banca. Una oposición abrazada al denuncismo, apelando a llorar frente al saqueo como estrategia de victimización frente a un altar ético donde flashean una República que hace rato se la llevó puesta la extranjerización de nuestra economía y la subordinación política que autorizó durante décadas un funcionamiento sistémico que no permitiera mucho más que administrar en forma próspera una colonia.
Legisladores que dicen una cosa y votan de la manera contraria en apenas minutos o en capítulos distintos de una misma ley, sin que dicha actitud genere el mínimo anticuerpo, testimonia la salud de la democracia liberal.
En alguna medida, se sigue sin comprender que en la sociedades de la “Civilización Occidental Judeo Cristiana” -como suelen decir los ignorantes que se pasean victoriosos sobre las ruinas de la guerra cognitiva- mentir no tiene ningún tipo de penalización social y edulcorar falsedades forma parte de la vida política cotidiana.
La democracia liberal, con su acumulado de décadas de travestismo político, no aparece como otra cosa que para lo que fue diseñada. Su dinámica nos demuestra, sin atisbo de duda, que en su forma de producir política, la verdad no existe. Todo es interpretable. Un político puede decir lo que piensa y su contrario. No hay consecuencias: todo es narrativa y relato. Gana el que convence, sin más.
Ésta democracia, la única que pudo edificarse a la salida de la dictadura genocida, funcionó más como dique de contención para que las fuerzas nacionales no pudieran desmoronar el funcionamiento del colonialismo y su estatuto legal, que como instrumento popular para organizar la vida política de la Argentina de forma tal de trazar un recorrido hacia la grandeza de nuestra Nación y la felicidad de nuestro Pueblo.
Cada vez que se posterga una inicativa política, cada vez que se censura la exclamación de una certeza ideológica, cada vez que se paraliza la acción de resistencia, cada vez que se retranca el avance popular para esperar los tiempos de las elecciones, o para cuidar el funcionamiento de la República, lo que se busca es garantizar un mejor funcionamiento de esa democracia liberal que nos repugna cuando la vemos en clave de avance.
Un peronismo en el desierto
“El peronismo tiene que perdonarse” dijo Miguel Ángel Picheto en un acto descabellado, ante un puñado de personas, luego de reunirse con Cristina Fernández de Kirchner; mientras Axel Kicillof discutía con La Cámpora por el acomode de los espacios institucionales en la Legislatura bonaerense; y gobernadores que asaltan la identidad del peronismo canjeaban con el gobierno alguna rotonda o 10 cuadras de asfalto a cambio del futuro de los argentinos; o, peor aún: negociaban con una multinacional la venta de sánguches de miga como servicio al saqueo de nuestra riqueza por el camino del negocio extractivista.
Y la verdad que no. El peronismo tiene que dejar de perdonar algunas cosas. El problema de andar fingiendo perdones, es de los dirigentes que buscan amucharse para ver si siguen atornillados en algún cargo sin tener que laburar o hacer fuerza para algo más que para cagar.
Hay que parar la pelota un poco. El peronismo no tiene que proclamar la necesidad de reconstruir su sentido histórico, o convocar a grandes epopeyas que no se conquistan nunca. Al menos, tiene que dejar de ser todo lo contrario a lo que está llamado a ser. Con eso sólo, es un montón.
El peronismo siempre fue más fácil explicarlo por lo que no es, que por lo que es. Lo que el peronismo es, estará siempre en disputa, como todo movimiento nacional. Ahora, el peronismo no es un instrumento político para subordinar los intereses nacionales a las pretensiones geopolíticas de una potencia extranjera. Es todo lo contrario.
El peronismo no es el instrumento político con el que cuentan los patrones para transferir recursos económicos a sus balances desde los bolsillos de los trabajadores. Es todo lo contrario.
No es tan difícil. Lo difícil es asumir que el peronismo hace años que no para de producir política en un sentido contrario a lo que está llamado a representar, o en el mejor de los casos, a exponer sus prerrogativa en el más absoluto testimonio de impotencia y cobardía.
La desertificación ideológica del peronismo, combinada con la impotencia política que caracteriza su actualidad, están poniendo en riesgo la integridad de la única heramienta política que tuvo nuestro pueblo en los últimos 80 años con capacidad de condensar poder para satisfacer parcialmente sus necesidades.
Sesiones extraordinarias
Reforma Laboral, baja de la imputabilidad y el negocio minero de las multinacionales son la síntesis de estas sesiones extraordinarias.
Postales de un saqueo que exhibe el funcionamiento de un sistema democrático que, así como fue formulado en la Constitución nacida del pacto de Olivos, consolida aquella máxima de que el pueblo no gobierna ni delibera a través de sus representantes. Y esos representantes, cuando logran escapar del protectorado que les ofrece Estados Unidos, son rápidamente señalados como antidemocráticos.
Asumir que el problema principal de la Argentina es la extranjerización de su economía y el colonialismo político que atraviesa las entrañas de un sistema pensado y actualizado por los Estados Unidos para una región que considera vital para sus intereses geopolíticos, nos enfrenta a la responsabilidad histórica de trazar una estrategia eficaz para conquistar la liberación nacional.
Como sostuvimos en el último editorial de InfoNativa: “Aún en tiempos oscuros, lo más interesante que se produce en la política argentina, tiene que ver con la militancia y su vocación de no ser parte de un coro de llorones que esgrimen denuncias en el medio del saqueo, ficcionando una democracia a la que se le cayó la careta hace varias cuadras.
La incipiente resistencia frente al Senado y luego en Diputados, la movilización popular y los conflictos precedentes que fueron anticipando el rechazo al programa de miseria planificada que están imponiendo a la sombra del experimiento Milei, es la referencia ineludible con la que va a contar un pueblo que empieza a sufrir severamente las consecuencias del brutal ajuste desplegado en este tiempo.
La experiencia de articulación en la calle es el espacio adecuado para reflexionar más allá de una fatídica coyuntura en la que producción de conflicto y salida de la crisis, deben atravesar los debates urgentes; y en la que también debe empezar a diseñar un proyecto político nacional con fuerte convicción ideológica, que construya certezas firmes para el futuro próximo de una Argentina que tendrá que zanjar las heridas abiertas en este experimiento, y sea inflexible en desconocer las condiciones de dependencia que se están materilizando en éste paréntesis infame de nuestra historia.”
