Salas de ahorcamiento y llamamiento al genocidio: el terror colonial de Israel se profundiza

22 de agosto de 2026
InfoNativa

La escalada del proyecto de exterminio y colonización total del Estado de Israel sobre el pueblo palestino ha alcanzado un nuevo y macabro umbral.

La escalada del proyecto de exterminio y colonización total del Estado de Israel sobre el pueblo palestino ha alcanzado un nuevo y macabro umbral. En una confluencia donde la retórica deshumanizante se traduce de inmediato en infraestructura punitiva y violencia de masas, el ministro de Seguridad Nacional israelí, el ultraderechista Itamar Ben-Gvir, anunció el inicio de la construcción de instalaciones de ahorcamiento destinadas a presos palestinos, al tiempo que instó públicamente a perpetrar el asesinato sistemático de decenas de personas cada noche en la Franja de Gaza.

A través de un video difundido en sus canales oficiales, el propio Ben-Gvir mostró los primeros armazones de madera y metal bajo una carpa donde se erige el patíbulo, celebrando la materialización de sus promesas: «Prometí empeorar las condiciones de los prisioneros en las cárceles, y lo hemos cumplido. Prometí aprobar la ley de la pena de muerte, y la hemos aprobado. Y ahora, también el pabellón de los condenados a muerte y el patíbulo comienzan a tomar forma». La infraestructura, según detalló el funcionario, incluirá «cabinas de observación» para presenciar las ejecuciones, exhibiendo una lógica de espectáculo punitivo y revanchismo estatal.

Este dispositivo de muerte formaliza el marco legal aprobado el 30 de marzo por la Knéset (Parlamento israelí), el cual impone por defecto la pena capital por ahorcamiento a los palestinos de Cisjordania juzgados por tribunales militares bajo figuras discrecionales de «terrorismo» o por «negar la existencia del Estado de Israel». La norma consagra abiertamente un régimen de apartheid judicial: mientras los ciudadanos israelíes y colonos procesados gozan del fuero civil, la población palestina bajo ocupación queda sujeta a tribunales castrenses con plazos de ejecución fijados en 90 días tras la sentencia.

 

«Ni siquiera son personas»: el discurso de aniquilación

Lejos de tratarse de exabruptos aislados, los anuncios forman parte de una doctrina de limpieza étnica explícita. Durante su participación en el pódcast 8 de Octubre, conducido por el exrehén Rom Braslavski, Ben-Gvir abogó por intensificar las operaciones letales sin distinción alguna: «Creo que deberían llevarse a cabo asesinatos selectivos en Gaza, eliminando entre 30 y 40 personas cada noche. No solo a quienes representan una amenaza inmediata; hay personas allí que no merecen vivir. No deberían vivir. Ni siquiera son personas».

En la misma línea, el ministro —con antecedentes por vinculación al movimiento extremista ilegalizado Kach— reafirmó la meta de vaciar el enclave y reinstalar asentamientos coloniales: «Toda Gaza es nuestra. Deberíamos tener asentamientos no solo en Gush Katif, sino en toda la Franja, fomentando la mayor emigración posible». Para quienes resistan o sean catalogados como enemigos, su directiva no admitió matices: «Simplemente matarlos uno por uno; poner el mundo patas arriba para que la muerte en la horca suceda».

Esta política se refleja de forma cotidiana en los centros penitenciarios, convertidos en verdaderos centros de tortura sistemática. Informes de la organización Médicos por los Derechos Humanos Israel (PHRI) revelan que más de un centenar de palestinos han muerto bajo custodia militar y penitenciaria israelí como resultado directo de golpizas, privación deliberada de alimentos, hacinamiento extremo y negligencia médica absoluta.

 

Terrorismo colono y complicidad estatal en Cisjordania

La maquinaria represiva no opera únicamente desde las instituciones formales, sino que se extiende al brazo paramilitar de la ocupación: los colonos armados. Desde la llegada de Ben-Gvir al gabinete en 2022, las licencias de armas de fuego expedidas por su cartera aumentaron un 126%, nutriendo cuadrillas de civiles armados que operan con total impunidad en Cisjordania ocupada.

De acuerdo con datos de las propias autoridades israelíes, los crímenes y ataques de colonos crecieron un 63% durante el primer semestre de 2026, contabilizándose 660 incidentes graves sin incluir las cotidianas agresiones invisibilizadas. Uno de los episodios más brutales tuvo lugar en la aldea de Al Tuba (Masafer Yatta), donde cerca de 40 colonos enmascarados atacaron a la comunidad incendiando viviendas con familias y niños dentro. En el asalto resultaron heridos de gravedad una mujer embarazada y menores como Razan, de 8 años, y Joud Mahmoud Awad, de 10 años, quien fue golpeado y estrangulado por los atacantes mientras el poblado ardía.

La relatora especial de la ONU para los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese, denunció con contundencia esta dinámica: «Israel ha subcontratado la coerción a los colonos y los está utilizando para promover la limpieza étnica. Esto es un crimen, es terrorismo puro y duro; estos invasores deben ser investigados y procesados». Pese a los testimonios, las fuerzas armadas israelíes suelen restringirse a custodiar a los agresores o a obstruir la ayuda humanitaria básica, como ocurrió en Qusra al bloquear camiones cisterna de UNICEF destinados a viviendas sitiadas, en paralelo a las constantes provocaciones en la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén Este.

 

Diplomacia de fachada y parálisis internacional

Mientras la cúpula israelí consolida campos de ejecución y acelera el despojo territorial, los intentos de mediación internacional continúan topándose con el rechazo deliberado de Tel Aviv. En El Cairo, reuniones entre emisarios estadounidenses, líderes palestinos y mediadores regionales intentaron destrabar la implementación de un plan de alto el fuego integral. No obstante, la negativa israelí a comprometerse con la retirada o con la segunda fase de la hoja de ruta motivó la condena conjunta de los ministerios de Relaciones Exteriores de Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Jordania, Indonesia, Pakistán, Turquía, Arabia Saudita y Egipto, quienes señalaron a Tel Aviv como el único responsable de obstaculizar la paz.

El contraste es absoluto: mientras las potencias occidentales dilatan medidas sancionatorias efectivas frente al genocidio en curso, el Estado de Israel levanta patíbulos a la vista del mundo, arma a milicias coloniales y proclama sin tapujos la eliminación física de la población palestina, confirmando que la ocupación ha entrado en su fase más descarnada de exterminio programado.