Reivindicar la memoria en este museo de grandes novedades

22 de marzo de 2025
Fernando Gomez

Fernando Gómez es editor de InfoNativa. Vicepresidente de la Federación de Diarios y Comunicadores de la República Argentina (FADICCRA). Ex Director de la Revista Oveja Negra. Militante peronista. Abogado.

El palacio contuvo a las manos que aprobaron un decreto infame que autoriza a Javier Milei a contraer un nuevo préstamo con el FMI. La misma historia de siempre, desde la dictadura que repudiamos a 49 años de su instauración hasta nuestros días. Recibir guita para financiar la dolarización de las carteras de las multinacionales. Y clavar a nuestra gente con una deuda insoportable. Y aun así, continúa nuestro pueblo ejercitando la memoria, ese motor indispensable en la construcción del destino colectivo.

La nostalgia te atrapa en el pasado, te hace volver la mirada hacia atrás y perder el horizonte. Te atrapa en el dolor que dejan las ausencias, en la melancolía por un tiempo sin porvenir. La memoria no, la memoria es un arma cargada de futuro, te permite volver a pasar hechos y personas por el recuerdo y los sentimientos. La memoria es un motor indispensable en la construcción del destino colectivo.

Los héroes existen, irrumpen en la historia para garantizar la victoria de los humildes, para reparar los sueños rotos. Nuestros héroes son de carne y hueso, viven con la pasión aferrada al corazón, tanto que funden su existencia en el sacrificio de una vida digna de ser pasada una y otra vez por la memoria. Quizás por eso Walsh nos enseñaba que las clases dominantes pretenden que no tengamos historia, héroes ni mártires.

El 24 de marzo está caprichosamente enclavado en el calendario como oportunidad para pasar por la memoria esos héroes en su dimensión real. Sus nombres e historias, pero fundamentalmente sus convicciones, sus certezas ideológicas y las experiencias de organización política colectiva, como logística indispensable de nuestro Pueblo para imponer la liberación nacional como estrategia, la grandeza de la Patria como objetivo y la felicidad de nuestro Pueblo como destino irrenunciable.

Las banderas de verdad y justicia, imponen cada 24 de marzo recordar aquella fatalidad de nuestra historia en que se instauró la noche más oscura, la imposición política de un programa de miseria planificada, ejecutada por los hacedores de sombras y pesadillas que se apropiaron del ejército de San Martín para establecer un baño de sangre para beneficio exclusivo de las potencias extranjeras y los grupos económicos de adentro y de afuera que se creen dueños de nuestro destino.

El reseteo que sufre la Argentina de hoy, pergeñado por los mismo nombres que ocupaban entonces el poder económico, sus hijos y sus nietos, es un enorme museo de grandes novedades que se pretende moderno por su celebración de la nueva hegemonía tecnológica, pero huele a naftalina con cada iniciativa que apuesta a la extranjerización de nuestra economía, la dependencia de nuestras decisiones políticas y la injusticia social como destino inexorable para las mayorías populares.

 

Fotos en sepia, números en rojo

Así como los hilos de la dictadura y las corporaciones que los patrocinaron, permitían llevar el rastro hacia los Estados Unidos, la etapa actual de su redespliegue, ha develado hasta el último de los misterios.

Escenas de colonialismo explícito se viven en el nerviosismo geopolítico de la potencia amenazada por su ocaso. Romantización de la dependencia en los sistemas políticos de la periferia que se arrodillan ante un Occidente encayado en un subsuelo moral y la postración de su racionalidad que lo ubican en el paroxismo del oscurantismo civilizatorio.

El tecnooptimista vicepresidente de Estados Unidos, Vance, patrocinado por el adalid de la idiocracia Elon Musk, ha realizado una simplificación de la globalización que dicen combatir, que deja como un traficante de ilusiones a todo activo de inteligencia disfrazado de periodista que haya participado del edulcoramiento del sistema mundo impuesto por Estados Unidos en los últimos 50 años.

Palabras más, palabras menos, Vance sostuvo que la globalización fue pensada para que los países ricos se cualificaran tecnológicamente y los países pobres produjeran en procesos sencillos con mano de obra barata. Desde esa sencilla definición, señaló que países como China han estudiado la tecnología en los procesos sencillos ecomendados y la han mejorado; y además, sostuvo que las corporaciones económicas norteamericanas se han hecho “adictas” a la mano de obra barata.

Por esa razón, sostuvo, hay que terminar con la globalización. Desde su simplificación discursiva y chatura mental reafirmó la necesidad de que los países ricos sigan siendo ricos y los países pobres, sigan siendo pobres.

La memoria, sin lugar a dudas, nos permite repasar rigurosmente aquellos doce puntos anunciados por Martínez de Hoz. Cotejados a la luz del sincericidio de Vance, se hace sencillo concluír en que la única razón de ser de la dictadura fue desmantelar la capacidad de resistencia del movimiento nacional y popular, para vehiculizar el orden global que logró imponer Estados Unidos y rigió los destinos de esta tierra por los últimos cincuenta años.

Lo que resulta absolutamente descabellado es que, aún perdiendo el imperialismo sus mascaradas, el sistema político en la Argentina siga de rodillas y sin cuestionamientos los mandatos geopolíticos de una potencia que no encuentra piso en su decadencia.

Sin ir más lejos, los últimos ocho años se han caracterizado por la sumisión al Fondo Monetario Internacional. Desde aquel préstamo escandaloso que le fuera entregado al gobierno de Mauricio Macri, histórico por su número y por la ilegalidad de su concesión, pasando luego por la legalización y legitimación política otorgada por el gobierno del Frente de Todos hasta la postal triste de este miercoles en que se autoriza un nuevo préstamo con el aval del conjunto del sistema político que se retribuye el rol de los que piden el crédito o la refinanciación y los que cacarean en su contra.

 

Cartas vivas

Rodolfo Walsh, apenas un año después de instaurada la dictadura militar, elaboró una carta demoledora. Su último documento, escrito con el dolor del sacrificio de su hija, en el que reseñó los crímenes que hoy se siguen juzgando como delitos de lesa humanidad. Pero describió con mayor crudeza los objetivos económicos de los mandantes del genocidio:

"En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada" (…) "En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales.”

"Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, (…) elevando la desocupación al récord del 9%" (…) “Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares."

"Dictada por el Fondo Monetario Internacional (…) la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales" (…)"la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el ‘festín de los corruptos’".

Cotejar los números que Walsh y observando el agravamiento de los indicadores actuales en apenas año y monedas de paréntesis en la historia ofrendado al salvajismo político y la radicalidad ideológica de las potencias extranjeras y los grupos económicos, corresponde hacerse el mismo interrogante que se hacía Rodolfo: “Frente al conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales, dónde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideología que amenaza al ser nacional.”

El ciclo económico que hoy pretenden adjudicarle como ejecutor a un quemado de la cabeza como Milei y su banda de secuaces repetida en la histórica, son apenas una versión desmejorada, más profunda y menos edulcorada que aquel programa miserable encarnado por Martínez de Hoz.

Los doce puntos anunciados un 2 de abril de 1976 por aquel infame Ministro de Economía siguen constituyendo la columna vertebral del programa económico que las potencias extranjeras precisan para saquear nuestra soberanía y con ella nuestras riquezas. Aquel que precisan los grupos económicos para provocar una transferencia brutal de ingresos desde el bolsillo de las trabajadoras y los trabajadores hacia las finanzas de los poderosos. Aquel que sigue precisando la oligarquía local para someter a nuestro pueblo a trabajar para multiplicar sus riquezas y pagarles sueldos de hambre.

No había forma de implementar un programa economico de miseria sin antes aniquilar la capacidad de resistencia del Movimiento Nacional. El plan genocida de exterminio tenía como principal objetivo destruir la logìstica de ese Movimiento Nacional, que son sus militantes. Esa militancia capaz de llegar hasta el último barrio, a la última fábrica, de caminar escuelas y universidades para organizar cada día una porción  más grande de pueblo detrás de un destino de soberanía política, independencia económica y Justicia Social.

Por eso es indispensable que en este enclave del calendario reconstruyamos la radiografía de ese programa económico que hoy mantiene absoluta vigencia. Pero más aún, que reconstruyamos la enorme vocación militante de una generación que no sacrificaba las convicciones ideológicas en el altar del pragmatismo. Una militancia que hacía de la organización y lo colectivo, el sentido épico de su existencia. Una militancia que pensaba la política como un desafío constante de sentir el dolor ajeno como propio.

Es un tiempo de resignificación de lo que somos como Movimiento Nacional. De reconstruir programas esenciales, que pongan los anhelos de nuestros Pueblo, sus sueños y esperanzas, muy por encima de las expectativas de una clase dirigente que es responsable de desnaturalizar el movimiento político llamado a representar la agenda de urgencias de los más humildes en la Argentina.

Nuestro pueblo, esa brasa ardiente de memoria y dignidad, sigue encendiendo el fuego que aparece en el horizonte de nuestros sueños. Porque si hay algo que nos enseñó la historia, es que la noche no es eterna, tan solo oscura.