Por la jornada de cuatro horas
Trabajar para otro / Opinar para otro
Desde las usinas de opinión constantemente se habla del “problema de los costos laborales”, “el precio retrasado del dólar”, “la distorsión de precios que generan los subsidios”, “el riesgo empresario”, etc. Todos temas insertos desde un interés particular: el de los grandes grupos económicos locales y sus socios internacionales. Pero reproducidos por millones de bocas de los sectores populares, que creen que están “opinando” sobre temas sensibles de nuestra sociedad. Pero, la realidad es que, como decía el célebre poeta y crítico literario Aldo Pellegrini “Los detentadores del poder fabrican la llamada opinión pública, y ésta actúa dócilmente en defensa de los intereses que propician la sumisión. La opinión pública es la opinión de los hombres sin opinión…”. Como también decía el filósofo argentino José Pablo Feinmann, haciendo referencia al concepto de existencia inauténtica de Martin Heidegger, quienes reproducen estos relatos creen que “están pensando”, pero lamentablemente no piensan, sino que están siendo pensados por otros. Pensados por los que llevan adelante la ingeniería social que modela la opinión y pensamiento de nuestra población en beneficio de intereses extranjeros y de minorías poderosas.
Condicionando y desnaturalizando así nuestra democracia en una plutocracia encubierta. Esto es así, porque reproducir estos relatos les da la sensación de ser ciudadanos activos, conscientes de las problemáticas de nuestra sociedad. Pero en realidad, lejos de ser sujetos conscientes de sí, terminan siendo meras bocinas o parlantes reproductores de relatos creados por los mismos sectores dominantes que los subordinan. Deshumanizándolos y transformándose en meros instrumentos del poder económico. Siendo, así, un lamentable eco de intereses que le son ajenos. La alienación propia del sistema capitalista en el cual estamos insertos, no sólo enajena al trabajo, sino también a la opinión de quienes trabajan.
La doble vara
Estos temas, que están súper instalados en la agenda y opinión pública, cuando los pensamos en una tónica a favor de los trabajadores, generan escándalo e indignación. Como si estuviéramos hablando de la curvatura de la tierra en plena Edad Media. En las redes sociales, ejércitos de “defensores de ricos”, empiezan a insultar a cualquiera que se atreva a discutir estos temas. Tratándolo de ridículo, ignorante y/o “zurdo” o comunista -como si fueran insultos-. Sin embargo, cuando las 24/7 los medios de comunicación hablan de la posibilidad de llevar la jornada de ocho a doce horas; instaurar un “banco de horas”, eliminando así la posibilidad de cobrar horas extras, desorganizándole la vida al trabajador o trabajadora; llevar el periodo de prueba de 3 meses a 6 meses -como ahora-, a 8 meses o incluso a 12 meses; nadie se indigna. Hasta parecieran “reformas necesarias” y/o un nuevo paso hacia la “modernización laboral”. Cuando en realidad, son discusiones medievales que quieren llevarnos a momentos anteriores a la ley de Jornada Laboral (Ley 11.544) promulgada el 12 de septiembre de 1929.
Se habla mucho, entonces, de “los costos laborales” empresarios, pero nunca se habla de los “costos que tienen los que trabajan para poder vivir dignamente”. De cuánto necesita una familia promedio para poder vivir una vida plena. Hoy una canasta básica alimentaria total, la referencia para no entrar en el umbral de la pobreza, que incluye no sólo las proteínas básicas para subsistir, sino también bienes y servicios. Pero que su forma de medición se encuentra desactualizada -no tiene en cuenta servicios indispensables hoy en día como el de internet y celulares- está en $1.213.799 mensuales [1], cuando el Salario Mínimo Vital y Móvil está en $322.200. ¿Por qué no empezamos a discutir esto, cuando el 72,3% de la población laboralmente activa y ocupada son trabajadores en relación de dependencia [2]?
Se habla mucho también del “riesgo empresario” ¿y el riesgo de los trabajadores y trabajadoras? ¿Acaso Los trabajadores y trabajadoras no corren riesgos? Si se quedan sin empleo y no pueden colocar su fuerza de trabajo, consumiéndose la misma inútil, él o ella y su familia no van a tener acceso al mercado de bienes y servicios. Quedando en riesgo de indigencia. ¿No es un mayor riesgo que el que corre un empresario, que a lo sumo tendría que empezar cerrando alguna sucursal, despidiendo a algún trabajador o trabajadora? Sin embargo, nada se hace para evitar ese riesgo que sufren los que trabajan. Al contrario, se buscan mecanismos para aumentarlo. Para que el empleador pueda “comerlo y descomerlo”, como decía el ex secretario de empleo del gobierno de Mauricio Macri, Miguel Ángel Ponte. Lo que se busca con estas reformas regresivas es únicamente disminuir el llamado “riesgo empresario” pero a costa de aumentar el “riesgo de los que trabajan”. Que como dijimos, “el riesgo empresario”, como mucho será tener que cerrar alguna sucursal o achicar personal -todos riesgos que significan un mayor perjuicio para el que trabaja- O tal vez, como lo más grave, lo que le puede pasar a un empleador sería ir a concurso y luego a quiebra. Para luego, generalmente con sus ahorros, tener que abrir otra empresa. El riesgo más grave de todos y que sucede rara vez, podría ser quedarse sin capital. ¿Y qué le pasaría, moriría? No, a lo sumo tendría que convertirse en otro asalariado y buscar trabajo como hace el 72,3% de la población económicamente activa y ocupada. En cambio, el mayor riesgo que sufre un trabajador o trabajadora es la posibilidad constantemente de quedarse en la calle. No tener para su sustento diario y el de su familia; perder un brazo o incluso, tal vez, la vida. Pero de lo que se habla y preocupa a la población desde los medios masivos de comunicación es “el riesgo empresario”.
Se habla demasiado también, de cómo supuestamente “los subsidios distorsionan la economía”. Pero nadie habla de cómo los incumplimientos de los empleadores lo hacen generando una competencia desleal. Nadie piensa que los trabajadores no registrados o “en negro”, están de alguna manera “subsidiando” con su propia sangre a estos empleadores incumplidores. No se habla de cómo pagar salarios de miseria, por debajo de lo que establecen las escalas de los convenios colectivos, distorsiona la economía, retrotrayendo así el consumo y perjudicando al mercado interno.
Es que no es sólo un problema de la subjetividad de los asalariados, que son los que más padecen los resultados de las políticas que son allanadas por estos discursos. También son los pequeños y medianos empresarios los que están colonizados por estos discursos contrarios a sus intereses. Porque, como dijimos, emanan de las grandes corporaciones económicas y de sus aliados extranjeros. Los subsidios, también beneficiaban a las pymes para poder ofrecer a mejores precios sus bienes y servicios. Y beneficiaban a sus trabajadores fungiendo como salario indirecto. Que la fuerza de trabajo tenga subsidios de transporte, también abarata los costos empresarios.
Se habla mucho de lo “retrasado que está el dólar”. Pero nadie habla en los medios de comunicación de lo retrasados que, como vimos, están los salarios. Sí vimos trabajadores indignados diciendo “qué vergüenza lo que pagábamos de luz”; “pagábamos muy poco”; “los precios de los servicios no pueden estar pisados”; “quiero pagar más!”. Sin embargo, hasta ahora nunca nos encontramos con un empleador que diga “Mis trabajadores están cobrando muy poco, su salario está retrasado, apenas les alcanza para vivir, ¡quiero pagarles más!”. Porque tiene bien en claro, al menos en ese punto, cuáles son sus intereses, no están alienados. En cambio, los trabajadores y trabajadoras, no sólo están insertos en una organización que le es ajena, trabajando para fines que le son ajenos. Sino que también están insertos en una estructura simbólica ajena, opinando para fines que le son ajenos. Esa es la doble faceta de la alienación, material y simbólica.
Es claro si vemos cómo se comportan los empresarios argentinos de las grandes corporaciones económicas. Pudimos ver durante años a Alperín, el dueño y fundador de Mercado Libre, hablando sobre las veleidades de la libertad de mercado -no por nada así se llama su empresa-, la meritocracia y de lo perjudiciales que son los subsidios. Sin embargo, nunca lo escuchamos quejarse por los millones de pesos que se ahorra con las exenciones impositivas que el Estado le otorga a través de la Ley 25.922 y posteriormente por la Ley 27.506 y mod. No sólo eso, ahora podemos ver al nuevo CEO de Mercado Libre reclamando al Estado más intervencionismo y proteccionismo ante el avance de los gigantes asiáticos como TEMU y SHEIN. ¿Pero cómo? ¿No son justamente ellos MERCADO LIBRE? Claro, sí. Son pro mercado cuando ellos son los grandes que se comen a los chiquitos. Pero cuando vienen unos más grandes, van corriendo a pedir la protección del Estado. Y está bien, estas grandes corporaciones económicas, tienen en claro cuáles son sus intereses, su opinión no está alienada como la de los trabajadores, empresarios pymes o ciudadanos promedios.
Los salarios y el tiempo de los trabajadores o “los costos laborales”
El trabajador sólo cuenta con su fuerza de trabajo. O sea, con su mismísimo ser, que también es tiempo vital, para poder trocarla por un salario y así poder participar socialmente del mercado de bienes y servicios. Al ser seres finitos, nuestro ser y nuestro tiempo son dos cosas inescindibles. Ser y tiempo, es lo que da el trabajador al dar su fuerza de trabajo a cambio de un salario. Si no logra trocar su fuerza de trabajo por un salario, esta se consume inútil y el trabajador no podrá tener acceso a los más indispensables bienes y servicios para subsistir. Pero resulta que, en el reino animal, las que meramente subsisten son las amebas. Los seres humanos tenemos otras pretensiones, otros deseos. Y nuestra fuerza de trabajo, no es mera fuerza maquinal, sino que es fuerza creadora. Justamente a partir de ella tenemos todo lo que nos hace humanos. Desde los puentes a los rascacielos, desde las partituras hasta las naves espaciales. Y para poder gozar de nuestra humanidad, necesitamos recursos y tiempo. Todo lo que nos quita una cosa y la otra, nos deshumaniza. Justamente, a esto, le llaman los empresarios “costos laborales”. Y esto es lo que quieren reducir. Tratando siempre de convertir al trabajador en una laboriosa ameba.
El salario del 2015 al 2025
En 2015, al finalizar el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, el Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) de los trabajadores argentinos, era por lejos el más alto de la región. Según un informe de la UNDAV [3], para noviembre del 2015 estaba en u$s589 (monto que varía según el dólar que se tenga en cuenta. Esta vez fue calculado en dólares corrientes), cuando el siguiente SMVM más alto era el de Ecuador de u$s354.
Según un estudio de CIFRA [4], teniendo en cuenta el poder de compra real del SMVM en 2015, para el 2025 quedó reducido a menos de la mitad e incluso quedó más bajo que en 1990.
Entre 2015 y 2025 el SMVM pasó de equivaler al 36% del salario promedio privado registrado a sólo el 18%. O sea que se partió a la mitad su peso relativo, quedando como un piso salarial cada vez más irrelevante.
En otro cuadro de su informe, CIFRA expresa el SMVM en pesos constantes de abril 2025. En esa misma unidad, en 2015 equivalía a $695.000. Si no hubiera perdido poder adquisitivo debería haber rondado para abril de 2025, que es cuando se hizo este informe, los $700.000. Sin embargo, estaba en $297.000. O sea tuvo una caída real del 57%. Con la última actualización de noviembre del 2025, en $322.200, la caída es de un 53,6%. Sigue por debajo de la mitad del 2015.
El último gráfico es el SMVM en relación a la Canasta Básica Alimentaria (CBA), línea de indigencia, y la Canasta Básica Total (CBT), línea de pobreza, para una familia tipo de enero del 2001 a octubre del 2025. Respecto a la primera es la capacidad de compra mínima para poder comprar las calorías y alimentos básicos para no ser indigente. La otra, representa los alimentos indispensables para la subsistencia más algunos bienes y servicios esenciales no alimentarios. El cómo se analiza esto está en discusión, ya que por ejemplo la CBA tradicionalmente mide las calorías mínimas que necesita una persona para subsistir, pero no analiza qué vitaminas y minerales para tener una vida
sana. Y respecto a la CBT se tienen en cuenta bienes y servicios que no están actualizados y que antes no eran considerados esenciales o que ni siquiera existían. Como los celulares o servicios de internet. Pero esa es otra discusión, vamos a hacerlo en base a conceptos habituales tomados en este trabajo que estamos citando.
Este último cuadro muestra con crudeza qué pasó con el salario mínimo frente a las canastas oficiales que miden indigencia y pobreza. En 2015, un SMVM alcanzaba para cubrir holgadamente la Canasta Básica Alimentaria. Equivalía al 143% de esa canasta, es decir, una familia tipo podía asegurar la comida mínima y todavía le quedaba un margen. Pero la caída posterior fue demoledora. Para abril de 2025 el salario mínimo cubre apenas el 58% de la canasta alimentaria, o sea que ni siquiera garantiza salir de la indigencia. Y si miramos la Canasta Básica Total, la línea de pobreza, el panorama es todavía peor. En 2015 el SMVM representaba el 60,7% de esa canasta; hoy se desplomó al 26,2%. O sea, con un salario mínimo una familia no llega ni a un tercio de lo necesario para no ser pobre; harían falta casi cuatro salarios mínimos para cubrir la CBT. Este es el verdadero “costo” que se esconde cuando se habla livianamente de costos laborales.
Los salarios están retrasados
Podemos ver, entonces, que según estos datos y no la opinión de quién escribe, los salarios de los trabajadores y trabajadoras argentinas están retrasados. ¿A cuánto deberían estar entonces? Bueno, si tenemos en cuenta que la remuneración nominal
bruta promedio de abril de 2025 fue de $1.679.334 [5] según datos SIPA. Según un estudio publicado el 23/2/2023 en Chequeado por José Gimenez [6], los salarios reales del sector privado entre 2015 y 2023 cayeron un 31% en su poder de compra. Luego, un informe de CIFRA[7] presentado el 18/03/2025 analiza otra caída de los salarios reales desde la asunción del gobierno de Milei hasta diciembre del 2024 en una caída superior 15%. Aunque luego tuvo un leve recupero. Por lo que, en síntesis, entre 2015 y 2025 el salario real promedio registrado perdió aproximadamente el 35% de poder de compra. Por lo que hoy, un salario bruto promedio debería estar en alrededor de $2.583.590 para poder recuperar el poder de compra perdido en 2015 ¿Entonces por qué no vemos que en los medios están hablando de “los salarios retrasados” en vez de hablar del “retraso del dólar”? Deberíamos estar hablando todos los días y a toda hora, de que esa diferencia -entre lo que percibía un trabajador en 2015 y lo que debería percibir ahora- es en realidad un “subsidio” que le están pagando los trabajadores a los empresarios. ¿O por qué más bien no escuchamos a los empleadores decir que “están pagando poco”? Como escuchamos decir muchas veces a los trabajadores respecto a los servicios que estaban subsidiados por el Estado. La respuesta es obvia, el oligopolio comunicacional no está manejado por los trabajadores, sino por las corporaciones económicas y sus socios extranjeros.
Reducción de jornada
Dijimos que lo que da el trabajador al vender su fuerza de trabajo es tiempo. Y que, en seres finitos, como somos los seres humanos, eso es también brindar parte de su ser. ¿Es entonces razonable que se esté discutiendo “flexibilizar” in peius -en perjuicio- la jornada de trabajadores que, como vimos, tienen los sueldos retrasados? Claramente no lo es.
Al contrario, si la idea es “modernizar” el empleo, difícilmente podríamos considerar que es razonable mantener una jornada que, como vimos, es propia de una norma promulgada en el año 1929 ¡de hace 96 años! Y muchísimo menos razonable sería pretender una jornada anterior a esa norma, que son las de 12 y 16 horas.
En cambio, lo que se está discutiendo a nivel mundial, son las jornadas reducidas. ¿Por qué entonces en vez de proponer una jornada de 12 horas, no proponemos una jornada de cuatro horas diarias y 24 horas semanales, sin reducción del salario? Que a los niveles de retraso que tienen hoy los salarios argentinos, mantenerlos bajando la jornada, sólo significarían una leve mejora económica para el trabajador, aunque un gran salto en calidad de vida y apenas un leve aumento de costos reales para el empleador. Significaría que vuelvan a niveles cercanos a la capacidad de consumo que tenían en el 2015.
También, en el mundo, se está discutiendo una baja en la carga semanal diaria. Con jornadas de 4 días semanales. Todo esto debería, claro, hacerse de manera progresiva como lo aconseja la Recomendación 116 sobre la reducción de la duración del trabajo de la OIT (1962).
No sólo desde la OIT se impulsa esto, sino también desde el sector privado. Como una mirada de modernización laboral basado en la producción y no en la sujeción horaria que las empresas reclaman al trabajador. Una de estas ONG más importantes es la llamada 4 Day Week Global, que fundaron Andrew Barnes (empresario neozelandés/británico) y Charlotte Lockhart (empresaria neozelandesa). Surgió tras el piloto pionero en la empresa Perpetual Guardian en 2018-2019. Ellos proponen una jornada de cuatro días, de 32 horas semanales, sin reducción de salario.
Sus pruebas pilotos en 70 empresas, con más de 3.300 empleados ya tuvo resultados. El 88% de los encuestados afirmó que la semana de cuatro días “está funcionando bien” para su negocio, al menos en esta etapa de la prueba. El 46% de los encuestados dice que la productividad de su negocio se ha “mantenido en el mismo nivel”, mientras que el 34% informa que ha “mejorado ligeramente” y el 15% dice que ha “mejorado significativamente”. Sobre cuán suave ha sido la transición a una semana de cuatro días (siendo 5 “extremadamente suave” y 1 “extremadamente desafiante”), el 29% de los encuestados seleccionó 5, el 49% seleccionó 4 y el 20% seleccionó 3. El 86% de los encuestados afirmó que, en este momento del ensayo, es “extremadamente probable” o “probable” que consideraran mantener la política de cuatro días por semana una vez finalizado el período de prueba. [8]
Pero como se ve, no es nada novedoso lo que estoy diciendo y ya hace mucho se está discutiendo en el mundo. En 1935 la OIT promovía una jornada de 40 horas semanales en su Convenio 47. ¡Y nosotros seguimos con la de 8 horas diarias y 48 semanales que ahora quieren aumentar o flexibilizar!
¡Pero por favor! Sos un soñador, eso es imposible. Sí, suena imposible porque justamente el marco de lo posible e imposible lo establece la clase dominante, la que es dueña de los medios de producción simbólica y determina cuales son los límites de la realidad social esperable. Es imposible por los mismos motivos por los cuales se discute el retraso cambiario y no el retraso en los sueldos.
Sin embargo, en 2023 la OIT sacó un informe que se llama “Tiempo de trabajo y conciliación de la vida laboral y personal en el mundo” que analiza cómo la cantidad de horas trabajadas afectan no solo al trabajo, sino a la vida entera: salud, tiempo familiar, ingresos, productividad, seguridad, empleo y hasta transporte y servicios públicos. Lo primero que detectó es que una gran proporción de trabajadores lleva adelante jornadas mayores a las 48hrs semanales. Que son jornadas propias de países subdesarrollados. Estas jornadas largas se asocian con peores resultados de salud, menos tiempo de vida y un equilibrio trabajo-vida imposible. En cambio, las jornadas más reducidas generan mayores niveles de productividad, menores riesgos de accidentes y aumentan la calidad de vida del trabajador.
La jornada de ocho horas, es una jornada que fue una conquista de la clase trabajadora, que antes llevaba adelante jornadas insalubres de entre 12 y 16 horas diarias. Pero fue una conquista en el marco de un sistema de producción de hace más de 100 años, donde el capitalismo se encontraba en una etapa hoy ya caduca. Donde todavía la mayor parte de la población de transportaba en carreta y aún ni en los más fantasiosos libros de ciencia ficción se pudo vislumbrar la revolución tecnológica y de las comunicaciones que vivimos.
Hoy cuando se habla de nuevo, a través de una contra revolución silenciosa y patronal, que se da en el campo de batalla del “sentido común”, a través de medios oligopólicos de comunicación y tecnologías comunicacionales, de la jornada de los que trabajan. Y se plantea volver a jornadas bizantinas de 12 o 13 horas y se plantea flexibilizarla con “bancos de horas”, no podemos dejar de plantear todo lo contrario. Una de las luchas obreras que no debe abandonarse es justamente la de la reducción de la jornada. De ocho horas, ya tendríamos que haber pasado a 6 horas, para llegar a 4 horas. Lucha obrera por la que murieron los Mártires de Chicago y millones de trabajadores en miles de marchas y huelgas. Porque no se trata sólo de la lucha por un salario digno, se trata también de la lucha por el poder trabajar para vivir y no vivir para trabajar.
[1] INDEC/ Informes técnicos del 12/11/25. Valorización mensual de la canasta básica alimentaria y de la canasta básica total. Octubre de 2025
[2] INDEC / Mercado de trabajo. Tasas e indicadores socioeconómicos (EPH) Cuarto trimestre de 2024
[3] UNDAV. OBSERVATORIO DE POLÍTICAS PÚBLICAS / MÓDULO DE POLÍTICAS ECONÓMICAS. INFOGRAFIA EL SALARIO EN ARGENTINA. Coordinador: Mg. Santiago Fraschina
[4] Informe sobre la evolución del Salario Mínimo, Vital y Móvil Abril de 2025 Informe elaborado por Mariana L. González
[5] Situación y evolución del trabajo registrado (SIPA) Julio de 2025 Datos de abril de 2025. Ministerio de Capital Humano.
[6] Economía/El Explicador/ Cómo evolucionó el poder de compra de los salarios registrados desde 2015
[7] Informes de Coyuntura/ Informe sobre salarios reales Por
Mariana L. González, Nicolás Bonofiglio, Leandro Bona/ 18 marzo, 2025
[8] Informe de perspectivas 2025 de ONG 4 DAY WEEK GLOBAL
