Peronismo, entre ortodoxos y progresistas
Volver a Perón. Volver al camino de una revolución nacional que ha quedado inconclusa, por la cual han dado su vida miles de hombres y mujeres.
El pasado 4 de enero el diario Página 12 publicó una nota de opinión del psicoanalista y escritor Jorge Alemán titulada “¿Peronismo hispano?” (https://www.pagina12.com.ar/701047-peronismo-hispanico). La misma comienza diciendo: “Siendo un adolescente acompañaba a mi querido padre a "tertulias peronistas" en el café Águila […] En aquel entonces, antes de la tormenta setentista, escuché a distintos caballeros situar al peronismo en una clara corriente hispánica. Según los distintos gustos argumentales, la cosa se presentaba de este modo; para algunos el mal radicaba en la Revolución Francesa, la Ilustración, y finalmente la Modernidad en sus distintas variantes. Todos giros históricos colonialistas que tocaban la raíz de la identidad católica de los pueblos latinoamericanos”. En resto de la nota persiste en un tenor similar respaldando su crítica en que, según Alemán, “en ningún texto de Perón se podía encontrar la más mínima huella de este peronismo volcado a una tradición hispánica antiliberal”.
La verdad, se podrían enumerar muchos discursos y escritos de Perón y Evita donde se reivindica la tradición hispánica como tronco fundamental de nuestra cultura nacional. Uno de ellos podría ser el discurso del presidente Perón en la Academia de Letras el 12/10/1947 conmemorando el “Día de la Raza”. También se podría abrevar a las varias intervenciones de Evita en la 1951 dando sus clases en la Escuela Superior Peronista donde critica al accionar de la burguesía en la Revolución Francesa, al espíritu plutocrático del capitalismo y al marxismo surgido como reacción a su antítesis occidental.
Obviamente, Alemán, todo esto lo sabe, pero prefiere callar. Su objetivo principal no es pegarles a supuestos grupos al interior del peronismo que en la actualidad mantienen posiciones hispanistas (¿anacrónicas?), sino el de seguir aportando al proceso de prostitución ideológica con que la clase política pejotista y el gorilismo desde 1983 vienen negando el origen revolucionario del peronismo.
Ya sea por supuestas ortodoxias o por lavajes progresistas, el peronismo en términos de acción política ha renunciado a la Revolución aceptando ser parte de una democracia liberal. Perón, sostenía claramente que el camino del Movimiento era otro muy distinto. En la Hora de los Pueblos, se expresa claramente que “así como la monarquía terminó con el feudalismo y la república terminó con la monarquía, la democracia popular terminará con la democracia liberal burguesas y sus distintas evoluciones democráticas de que hacen uso las plutocracias dominantes”.
Alemán y otros, posiblemente han olvidado, que surgida al interior de la la Revolución del 43, la acción de gobierno llevada adelante por Perón va a conjugar la visión de un nacionalismo militar industrialista con las reformas sociales exigidas por parte del movimiento obrero sindicalizado. Esta amalgama obrero-militar le permitirá a) cerrar el ciclo de entrega de la llamada Década Infame evitando la defección del ala más conservadora de la Revolución que veía una amenaza en el coronel “obrerista”; y, b) contar con la base de movilización social capaz de forzar una salida institucional y disputar así el gobierno del Estado. Tal conjunción se terminaría expresando en clave antimperialista bajo la consigna “Braden o Perón”.
Perón sostiene en el prólogo a “El Justicialismo. Doctrina y realidad perista” de Raúl Mende, que: “Una teoría se concibe, se explica y se enseña. Está destinada sólo al conocimiento. Una doctrina se interpreta, se inculca, se siente y se practica, porque está destinada también al espíritu. Por eso el peronismo es un sentimiento; y sus frutos, la acción nacida e impulsada a flujos de ese sentimiento. La doctrina sin la realidad, sería solo la mitad del peronismo”.
Evitando agitar los fantasmas de una ortodoxia pura en función de levantar progresismos de bidés, nuestra recomendación a los Alemán del momento es que vuelvan a Perón, que abandonen las miradas cándidas de la democracia y el statu quo, para volver al camino de una revolución nacional que ha quedado inconclusa allá por el 55 y por la cual han dado su vida miles de hombres y mujeres que nunca fueron a ninguna tertulia.