No odiamos lo suficiente a los yanquis
Un saludable pero sorpresivo repudio generalizado a las declaraciones injerencistas de Peter Lamelas. Sin embargo, declaraciones que no modifican la realidad y el padecimiento de un modelo económico extractivista y colonial que se concentra a pasos agigantados en Argentina. La necesidad urgente de construir un programa nacionalista y antiimperialista.
“No lo se Rick, parece robado”
El hombre apostó unos dólares en el Strip Casino de Las Vegas. Con la profundidad intelectual de una almeja, apretó los botones del tragamonedas hasta que consideró suficiente el desgaste. Tomó su muy pesado bolso, lo ubicó sobre su hombro, cruzó el Boulevard Las Vegas South hasta la tienda de empeños Gold & Silver Pawn Shop, atendida por su dueño Rick Harrison, el bolas tristes de “no lo se Rick, parece falso”.
El hombre abrió su bolso y extrajo una roca de 20 kg. El resultado de su estudio indicó que contenía 89% de hierro y 11% de níquel, lo que permitió identificar esa roca metálica como un fragmento de meteorito caído hace 4000 años en Campo del Cielo, en lo que hoy es el límite entre Chaco y Santiago del Estero.
4000 años atrás, una lluvia de meteoritos quedó diseminada a lo largo de 200 km que abarcan hoy los territorios de Chaco y Santiago del Estero. Los pueblos Tobas, Mocovíes y Matacos denominaban a la zona "Pigüen N'Onaxá", y en sus leyendas se incorporaban las lluvias incandescentes de piedras. Las rocas metálicas fueron por los españoles que arribaron en plan de saqueo en 1576 mientras buscaban el Dorado, tras identificar el origen de la punta metálica de las flechas que se usaban en la resistencia.
En el año 1985, Robert Alan Haag, un yanqui nacido en Texas, presentado en sus tierras como un coleccionista de meteoritos, se intentó robar un fragmento de Campo del Cielo de 37 toneladas. Fue detenido en la localidad de Charata, con la piedra cargada sobre un camión. Previo pago de una fianza de 20.000 dolares, fue liberado. Esa piedra, era apenas una de las tantas que había traficado en un incesante saqueo sobre un territorio que hoy se intenta proteger en la Reserva Natural Cultural Pigüen N'Onaxá.
Rick Harrison debatía con el vendedor acerca del precio. Finalmente, entre sonrisas, acordaron transaccionar 20 kg de meteorito robado de Argentina por la suma de 7.000 dolares. Lo transmitieron por TV en el programa conocido como “El precio de la historia”, uno de los tantos productos bizarros de la televisión basura yanqui “donde el grotesco se volvió hábito, donde el absurdo se estetizó y donde la razón fue desplazada por la risa grabada, la edición manipulada y la repetición patológica del sinsentido” como bien dice el gran Fernando Buen Abad.
Soja Go Home
Con muchos más dolares en juego, en el año 2024 se reanudaron las importaciones de soja desde Estados Unidos a la Argentina. Después de cinco años, nuestro país, que exporta el 80% de los granos de soja que produce, decidió gastar los dólares que no tiene para pagarse unos barcos desde el puerto de Nueva Orleans para comprar soja de los Estados Unidos.
La única razón por la que una operación tan descabellada tiene lugar en nuestro país, es porque el comercio exterior está cartelizado por un conjunto de multinacionales radicadas en paraísos fiscales que manejan la agroexportación al ritmo de la hegemonía que le marca la empresa norteamericana Cargill, la mayor exportadora de granos del país año tras año desde hace décadas.
Sobrefacturar importaciones que se pagan en dolares, pagar fletes en la misma moneda, subfacturar exportaciones y operar en forma sistemática sobre la dinámica de funcionamiento del sistema político argentino para impedir que el país nacionalice el comercio exterior, es la herramienta con la que el ecosistema corporativo que saquea nuestra economía encontró para fugar capitales y evadir impuestos.
El gusano Lamelas
Peter Lamelas se jacta de ser “estadounidense por la gracia de Dios” y cubano de nacimiento. Es un gusano que se escapó de Cuba junto a sus padres en un barco de la Cruz Roja.
“Cuando mi familia huyó de Cuba y emigró legalmente a Estados Unidos el régimen comunista nos quitó nuestras pocas posesiones, nos escupió y nos llamó gusanos” señaló esta semana en su presentación ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, tras haber sido designado embajador ante nuestro país.
Su hermano, Joseph Lamelas, en una entrevista brindada hace unos años, destacó haber llegado con su hermano, sus padres y sus abuelos a los Estados Unidos en los barcos de la Cruz Roja, hacia fines de 1962 “junto a los que sobrevivieron en la Bahía de Cochinos”, en referencia a la invasión que un año antes había protagonizado la CIA y Estados Unidos y que derivó en la dura derrota yanqui en Playa Girón.
En aquellos barcos, en efecto, regresaron en un intercambio los integrantes de la Brigada de Asalto 2506, un grupo de cubanos anticastristas entrenados y equipados por la CIA en 1960 y protagonistas de la invasión yanqui contra Cuba. Grupo de cipayos al servicio de una agencia extranjera, al que seguramente pertenecía el padre del actual embajador yanqui en nuestro país.
Con esas convicciones a cuesta, Lamelas realizó su carta de presentación ante el Senado norteamericano y expuso la forma en la que piensa intensificar la subordinación política de nuestro país hacia las pretensiones de conservación hegemónica de un Estados Unidos que atraviesa su decadencia intelectual, económica, política y cultural más grande de su historia, lo que le ha permitido perder su lugar como único polo de poder mundial.
Las formalidades de las cartas presentaciones, redactadas por algún asesor de ocasión, fueron dejadas de lado cuando comenzaron las preguntas de los senadores. Ted Cruz, el mismo que cree que tiene que defender a Israel porque se lo dice la Biblia evangelista que consume, le preguntó sobre su misión en Argentina, y allí Lamelas expuso en forma grotesca su perpectiva colonialista.
Habló de “garantizar” que la Justicia mantenga en prisión a Cristina Kirchner, a quien de paso le adjudicó la muerte de Nisman, y de impedir que la corrupción China golpee la puerta de las provincias argentinas, a quienes la Constitución Nacional de 1994 -fruto del consenso de Washington- le reconoce la propiedad de los recursos estratégicos, para asegurarse que lo hagan las empresas estadounidenses.
Sostuvo que su tarea es visitar el conjunto de las provincias argentinas y asegurar que los recursos estratégicos de nuestro país estén a disposición de Estados Unidos.
Con desparpajo, afirmó que “Estados Unidos no reconoce la soberanía sobre las islas ni para Argentina ni para Gran Bretaña” y que su tarea es “fomentar el diálogo continuo entre Gran Bretaña y Argentina”, pero que “si hubiera la oportunidad de viajar a las islas, estaría encantado de cooperar con la administración británica allí y hacer eso como una actividad de divulgación”. Acto seguido, lo terminó mandando al frente al subnormal que les tributa desde nuestra presidencia y señaló “Creo que Javier Milei tiene una buena perspectiva al respecto”.
Colonialismo, de hace rato
Las declaraciones injerencistas de Lamelas, habituales en la retórica actual de funcionarios yanquis -y argentinos, por cierto- tuvieron un altísimo impacto nacional, seguramente por las menciones a Cristina Fernandez de Kirchner, lo que motivó un sorpresivo repudio por parte de algunos dirigentes políticos que mostraron hasta el presente una fluída vinculacion con la estructura de injerencia norteamericana en nuestro país.
“Hasta donde sé, hoy soy el primer embajador de los Estados Unidos en haber visitado las 23 provincias de la Argentina” dijo en su despedida el ex embajador yanqui en nuestro país, Marc Stanley. De hecho, en sus habituales apariciones en redes sociales, Stanley marcaba en un mapa de las Argentina sus recorridas por cada una de las provincias de nuestro país. En cada territorio, era recibido por los gobernadores locales y los sectores empresarios que buscaban fortalecer la dependencia económica de nuestro país con Estados Unidos.
Resulta saludable el repudio injerencista de Lamelas, pero no deja de ser sorpresivo. Durante la representación diplomática de Stanley en nuestros país, las fotos de una multiplicidad de dirigentes peronistas en las instalaciones de la embajada yanqui, la agenda fluída de Wado de Pedro con el Council of América, la participación de ministros y funcionarios del gobierno de Alberto Fernández en los encuentros de la AmCham, marcaron un antes y un después en el desparpajo con la que la subordinación política era exhibida por dirigentes que estaban llamados a representar la fuerza política de representación nacionalista en la Argentina. La de Braden o Perón, sin ir más lejos.
Las visitas de la generala del Comando Sur de los Estados Unidos, celebradas por cada uno de los rincones de la pretendida grieta política argentina y que desembocaron en la pretensión de una Base Naval Integrada en Ushuaia, que ubica a la OTAN en un escenario de despliegue inédito en nuestro Atlántico Sur.
Los viajes fluídos a Canada y Estados Unidos de los gobernadores de las empresas mineras Marcelo Orrego (San Juan), Alfredo Cornejo (Mendoza), Claudio Vidal (Santa Cruz), Carlos Sadir (Jujuy), Raúl Jalil (Catamarca), y Ricardo Quintela (La Rioja), quienes pasaron vergüenza junto a Karina Milei en un foro realizado hace algunos meses tras. Los encuentros en los que Alberto Wereltineck (Río Negro), Ignacio Torrres (Chubut) y Rolando Figueroa (Neuquén) realizan a Texas para asegurar el destino de nuestros recursos hidrocarburíferos, son también el testimonio de una economía nacional enferma de colonialismo yanqui, que contagió hasta el paroxismo el sistema político argentino.
“Sostener un modelo económico que autorice que multinacionales de occidente hegemonicen nuestro comercio exterior, marquen el rumbo y sentido del modelo extractivista de nuestros bienes comunes, sostener leyes, decretos y resoluciones que bajo el pretexto del “aliento a las inversiones” autorice la fuga de capitales, la consolidación de rentabilidad en el extranjero, la baja tributación de multinacionales y elimine barreras que fortalezcan la extranjerización de las cadenas de valor de la enorme mayoría de bienes y servicios que produce nuestro país, también son testimonio impune y desvergonzado del colonialismo” sostuvieron en su repudio desde Encuentro Patriótico.
Y concluyeron “repudiemos a Lamelas, y recordemos la necesidad de enderezar un debate colectivo indispensable en el Movimiento Nacional, que nos permita construir un programa profundamente nacionalista, decididamente antiimperialista y que no quede en simple propaganda a la hora de gobernar los destinos de una Patria a la que este gobierno cipayo la conduce a una crisis de dimensiones históricas.”