Mar del Plata 2005: la Batalla del ALCA

08 de noviembre de 2025
David Acuña

David Acuña, historiador, profesor y militante peronista. 

20 años después del “No al ALCA”, Argentina sigue estando en el centro de atención, pero por razones diametralmente opuestas a la de aquel tiempo. Un repaso por la política exterior de los Estados Unidos que pretendió, históricamente, subordinar a Nuestra América.

Desde sus inicios como nación independiente, los Estados Unidos ha llevado adelante una política expansionista territorial y de subordinación política sobre Nuestra América en forma sostenida.

Henry Kissinger (arquitecto de matanzas, diseñador de golpes de Estado y galardonado con el Premio Nobel de la Paz por su desempeño en la Guerra de Vietnam) sostuvo que entre el discurso de despedida George Washington en 1796 y los principios declarados por James Monroe en 1823, la doctrina exterior estadounidense sienta sus bases. Enriquecida con corolarios posteriores, el imperialismo yanque no solo actuó en forma desembozada a los ojos de todo el mundo, sino que se ufanó al decir que su accionar siempre ha sido en nombre de la libertad.

El 1 de enero de 1994 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional se levanta en armas coincidiendo con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC). Este momento puede ser considerado como el inicio de una serie de luchas populares a nivel continental que se dieron contra las políticas neoliberales diseñadas por Washington para Nuestra América.

Hace 20 años, una de esas batallas se terminó de librar en nuestro país. Por entonces, los Estados Unidos trataba de poner en vigor el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) reduciendo al mínimo las barreras arancelarias y los mecanismos de regulación económica de los estados nuestroamericanos. Esta acción de prosperar hubiera transformado a los Estados de derechos en simples semicolonias bajo administración indirecta de la Casa Blanca.

Si bien este proyecto no tenía nada de novedoso, las exigencias de reducción de las estructuras estatales, desnacionalización económica-productiva por medio de privatizaciones y el acrecentamiento de la fuga de capitales por vía de endeudamiento con el Banco Mundial y el FMI, hubiera significado un punto de casi no retorno para nuestros pueblos. El 5 de noviembre de 2005, los pueblos de Nuestra América dieron un golpe contundente al imperialismo yanque y a favor de la emancipación.

Aquel día cinco presidentes sudamericanos, en comunión con la acción de calle de los movimientos sociales, tuvieron el coraje de decir “No al ALCA” terminando con una larga década neoliberal de las llamadas “relaciones carnales”, “consenso de Washington” y “fin de la historia” a lo Fukuyama.

Néstor Kirchner, ante la cara de odio de George Bush (h), fue el encargado de demoler la argumentación imperialista con dos frases contundentes: “Igual tratamiento entre países poderosos y débiles; entre economías altamente desarrolladas y economías emergentes, no solo es una mentira, sino que, además, resulta una trampa mortal”, agregando luego, “la integración posible será aquella que reconozca las asimetrías y permita los beneficios mutuos. Un acuerdo no puede ser un camino de prosperidad en una sola dirección. Un acuerdo no puede resultar de una imposición en base a las relativas posiciones de fuerza”.

Por todo esto, no se trató de tan solo un “No al ALCA”, sino una arremetida de la Patria Grande contra el panamericanismo yanqui y su Doctrina Monroe. Fue el puntapié inicial que coronaría en un proceso de integración reflejado en la creación de la UNASUR y la CELAC. Y todo en un contexto camino al Bicentenario de las revoluciones de independencia en nuestro continente; fue como si la senda marcada por San Martín y Bolívar, como la realidad de integración efectiva de Perón, Vargas e Ibáñez se concretara.
En estos tiempos de revancha liberal, es bueno refrescar en nuestra memoria la Batalla de Mar del Plata porque muestra que de la dispersión y la derrota se puede pasar a la ofensiva si se organiza la voluntad de los que luchan.

Hoy por derecha se degrada la democracia y se impone la dictadura del algoritmo idiotizante, pero por izquierda se confía demasiado en ir de compras al almacén con el manual del almacenero. La democracia reducida a la práctica del sufragio solo sirve para reproducir el sistema partidocrático que convalida inequidades.

Néstor Kirchner, quien asumió la presidencia de la Nación en clara minoría supo organizar el descontento fronteras adentro y aunar esfuerzos con Lula y Chávez para cambiar la correlación de fuerzas mostrando que la misma solo es modificable en las propias batallas que se dan y no en el tiempismo de los satisfechos.

Ojalá que la larga “Década Pavada” iniciada en el 2015 sea sepultada por la voluntad organizada de los que están dispuestos a defender la Patria y la vida.