La némesis xeneize

16 de diciembre de 2023
Florencia Defelipe

Florencia Defelipe es periodista y locutora. 

Mañana Riquelme y Macri se disputan abiertamente el manejo del Club Boca Juniors, el lugar donde ambos conocieron la fama, uno en la cancha y el otro como presidente.

Boca Juniors es el club más importante del país. Esta escritora es profundamente consciente que este tipo de afirmaciones valdrían mucho hate en las redes sociales y también enojos en mesas familiares, pero lo es. Un ejemplo de eso, es que fue el único que puso en el sillón de Rivadavia a un presidente.

En las historias siempre hay héroes o villanos, personas que parecen estar destinadas a ser enemigos, antagónicos a pesar del paso del tiempo y a Boca – increíble-no le falta nada, porque también tiene eso. Irónicamente, Mauricio Macri comienza a ser presidente de Boca Juniors en 1995 y en noviembre de 1996, Juan Román Riquelme juega su primer partido como titular.

Mucho se habla sobre cómo el ex presidente comprende las relaciones humanas, los vínculos de trabajo que mantiene con su entorno: él es jefe, solo tiene empleados. Esto quedó absolutamente claro en las últimas elecciones nacionales. Se dedicó a quebrar a los propios y atarlos a los acuerdos que más le convenían.

Pero Riquelme, siempre fue Román. Nunca necesitó de la validación del presidente del club para convertirse en el ídolo máximo, a pesar de que el triunfo de Macri como presidente es a su vez, el ascenso del pibe de Torcuato como estrella, con el equipo imbatible de Carlos Bianchi.

Hasta “el virrey” fue víctima de Mauricio. Después de dejarlo solo en la conferencia de prensa donde quería apretarlo para que se quede como director técnico, la “vendetta” fue que nunca se lo convocara para dirigir a la Selección Argentina.

Macri estaba desesperado por vender a Román, quería extirparlo y disciplinar así al resto de los futbolistas. El 8 de abril del 2001 quedó en la historia del fútbol. El Xeneize goleó 3 a 0 a River, y al segundo gol se lo inmortalizó “el Topo Gigio”.

Para el festejo, Riquelme evitó el saludo de sus compañeros, corrió a la mitad de la cancha, se paró frente al palco de la comisión directiva del club y se puso las manos en las orejas, para que todos pudieran escuchar el júbilo de la Bombonera.

Porque a pesar del poder del presidente del club, “El 10” era el héroe, el más querido, el que había heredado la camiseta del mismísimo Diego Armando Maradona.

Esta enemistad escaló en los meses posteriores, cuando Patrón Bermúdez, Chelo Delgado, Chicho Serna, Hugo Benjamín Ibarra, Sebastián Battaglia y Román protagonizan un reclamo ante el club por un dinero adeudado, en medio de las definiciones por la Copas Libertadores.

Los jugadores reclamaban, en aquellos años de convertibilidad, 6.525.000 pesos o dólares. Además, horas antes del partido que debían disputar contra Palmeiras, el tesorero de Boca tildó a los jugadores de “histéricos” y los mandó “al psicólogo”.

A pesar del conflicto, los jugadores viajaron a Brasil, ganaron y antes de la definición por penales abrieron las puertas del vestuario, para que los periodistas pudieran escuchar los cánticos. “Boca va a salir campeón, el día que se vayan todos los hijos de puta de la Comisión” (directiva).

Riquelme finalmente dejó el club, pero en 2019 dio el batacazo: destronó a Angelici yendo como el vice de Ameal y el mismo año que el peronismo venció a Macri en las urnas, perdió el control de Boca.

Hoy, Macri respresenta el intento de los poderes concentrados de terminar con la democratización del fútbol. La propuesta de Javier Milei sobre crear sociedades anónimas no es casual, es un proyecto privatizador que se podría poner en marcha de ganar la lista de Ibarra en Boca.

“Cuenten con la motosierra sin dudas” respondió el presidente libertario al comentario de un usuario de Twitter sobre la necesidad de pasarla por el club. Riquelme sigue teniendo lo que tuvo siempre, el amor del pueblo xeneize que lo acompañó en un banderazo. Su juego simple y llano, dentro y fuera de la cancha: “quieren privatizar el club y usarlo para la política” asegura.

Álvaro García Linera en “Las tensiones creativas de la revolución” explica que en todo proceso hay un momento “jacobino” donde ambas fuerzas – la que representa al pueblo y a los poderes concentrados – se ven las caras frente a frente. A pesar de la capacidad de Macri de hacer jugar a la justicia, mañana habrá elecciones. Finalmente disputarán su poder de manera abierta, en el césped de la bombonera.