La invasión de los timberos

25 de octubre de 2025
Fernando Gomez

Fernando Gómez es editor de InfoNativa. Vicepresidente de la Federación de Diarios y Comunicadores de la República Argentina (FADICCRA). Ex Director de la Revista Oveja Negra. Militante peronista. Abogado.

La situación es tan grave como impensable hace pocos años en Argentina. Una banda de delincuentes captura el Estado para llevar un poco más allá los límites del experimento que Estados Unidos pretende profundizar, sometiendo a nuestro Pueblo, desmantelandolo y saqueando alguna mínima idea de futuro digno que ande dando vueltas. Mientras, la dirigencia política sigue atrapada en la dinámica electoral, incapaz de resolver problemas reales.

Foto: (izq. a der.) Pablo Quirno, Facundo Gómez Minujín, Jamie Dimon, Javier Milei, Luis Caputo y Alfonso Aguirre.

Hace 20 años que Jamie Dimon es el presidente y director ejecutivo del JP Morgan Chase, el banco más grande los Estados Unidos, heredero de la Casa Morgan y su larga tradición de criminalidad económica en todo el mundo.

El 18 de octubre de 1907 tuvo lugar el cuarto día consecutivo de caídas brutales en la bolsa de Westinghouse. Se conoció a la crisis económica precedente y a la explosión de aquel octubre como el “pánico de 1907”, una de las crisis financieras más severas que azotó a los Estados Unidos a principios del siglo XX.

Especulación del sector minero en el mercado de valores, liberalismo absoluto en el sistema bancario que se encontraba totalmente desregulado, el sistema financiero norteamericano concentrado en muy pocas manos y una crisis de confianza que provocó un retiro masivo de ahorros, fueron los fundamentos de aquel pánico.

Sus consecuencias, la quiebra masiva de bancos, la caída de la actividad económica en los sectores industriales y productivos, el consecuente reflejo en desempleo y la perdida de confianza en el sistema financiero.

Y en medio de semejante crisis, un “salvador”. John Piermont Morgan, un banquero multimillonario, apareció para realizar un rescate bancario que fue anunciado un 24 de octubre de 1907.

El “salvataje” de John Piermont Morgan al sistema bancario importaba el rescate de la quiebra a Bancos que engrosaron su cartera y su inyección de confianza en el sistema, desencadenaron en la creación de una estructura regulatoria de las finanzas públicas en Estados Unidos moldeada para ser capturada y conducida por la banca privada a lo largo de la historia.

Una crisis fabulosa para el conjunto de los obreros y el desarrollo industrial de Estados Unidos, que fue aprovechada como oportunidad para John Piermont Morgan, para consolidar su posición dominante en el sistema financiero, condicionar los marcos regulatorios del funcionamiento económico del país y utilizar su posición hegemónica como trampolin de captura de negocios durante la primera guerra mundial.

118 años después de aquella bisagra en la historia del banquero más poderoso entre los yanquis, una veintena de aviones privados de lujo aterrizan en Buenos Aires para tomar por asalto la planificación financiera y, desde esa posición domianante, el condicionamiento económico y la captura política del Estado, en manos de un puñado de corporaciones económicas que parasitan sobre la crisis argentina con el objetivo de multiplicar ganancias y transformar al país en un enclave de los intereses geopolíticos de Estados Unidos.

 

Impensable

Tres aeronaves registradas a nombre de JP Morgan Chase Bank NA, aviones pertenecientes a Aramco, Inteligo Bank, Jet Aviation Business Jets, Jet Concierge Club, Bank of Utah Trustee y Panorama Jets, entre otros.

Un foro en la ciudad de Buenos Aires con la participación de los principales banqueros de los Estados Unidos, presidido por el buro del JP Morgan, que además de su presidente, incluye a personajes como el que pretende transformarse en virrey post Genocidio en Gaza, Tony Blair; la guerrerista asesora republicana yanqui, Condoleeza Rice; todos integrantes junto a opacos personajes del board del gran banco norteamericano.

Un coctel de lujo en el Teatro Colón en el que los personajes en cuestión “recibieron” a:  el dueño de Mercado Libre, Marcos Galperín, el presidente del grupo IRSA, Eduardo Elzstain; Horacio Marín (YPF), Marcelo Mindlin (Pampa Energía), Alejandro y Marcos Bulgheroni (PAE), Mariano Bosch (Adecoagro), Guillermo Cerviño (Comafi), Hugo y Martín Eurnekian (Corporación América), Bernardo Andrews (Genneia), Martin Migoya (Globant), Armando Loson (Albanesi), Juan Pablo Bagó (Bagó), Eduardo Escasany (Galicia), Federico Braun (La Anónima), Manuel Santos Uribelarrea (MSU) y Pierpaolo Barbieri (Ualá).

A los empleados del JP Morgan en funciones de gobierno, Caputo, Daza y el ahora canciller Pablo Quirno, se sumaron la figura de Mauricio Macri, quien acompañó con el empresario emiratí Khaldoon Al Mubarak, integrante del gobierno de su país y receptor de los fondos opacos del comercio no declarado del ex presidente Macri.

Cuando esta edición esté comenzando a circular, las autoridades del JP Morgan, que arrastran cuatro días en Buenos Aires, están invitados espcialmente para presenciar la final del abierto de Tortugas, prevista para el sábado, que enfrentará a los equipos La Natividad-La Dolfina contra Ellerstina-Indios Chapaleufú.

En el medio de los eventos de lujo, la enorme tarea de los lobbystas que acompañan a los turistas de peso económico y político, trabajan sobre la tarea de fortalecer el consenso político detrás del experimento de despojo del Estado que ejecuta la JP Morgan en el país, absolutamente exótico para la historia política argentina y comparable con capturas semejantes tras invasiones militares, como el caso de la apropiación de funciones estatales por la multinacional de la guerra BlackWater en Irak en el año 2003.

Una auténtica invasión de timberos y saqueadores, recibidos de brazos abiertos por una manada de miserables y soretes que se ofrecen como vasallos.

Una imagen impensable hace unos pocos años, al menos sin un paisaje de resistencia social al ciclo de entrega que se está gestando en nuestra Patria y que trasciende a la figura delirante del subnormal de Javier Milei y que sólo puede vehiculizarse ante la claudicación del sistema político argentino a pensar el país sin el tutelaje de los Estados Unidos.

 

Situación dramática

Una Patria sometida a la primarización de su economía, desmantelada del potencial histórico que lo transformó en motor industrial de la región, incapaz de proyectar un futuro digno para el horizonte de expectativas de su pueblo, sometida a un experimento político que destila crueldad, vanagloria el individualismo y exalta una cultura antinacional.

Una clase política impotente, atrapada en el denuncismo de las formas, inhábil para abandonar un manual escrito en el extranjero de gestión de una democracia atrapada en el sufragio e incapaz de resolver los problemas reales del país y su gente.

Un pueblo abandonado al vaciamiento de los instrumentos políticos que pongan sus urgencias y emergencias en el centro de las prioridades de la agenda pública.

Y en medio de ese panorama dramático, una elección de medio término, una narrativa de apariencia democrática dispuesta a esperar dos años para construir alguna transformación y una caterva de dirigentes con una boleta electoral impresa como gigantografía y pelotudeando en una campaña electoral para enseñar cómo votar, como refugio adecuado para no discutir política.

 

46 días

“En este momento Buenos Aires forma parte del Imperio Británico, y cuando consideramos las consecuencias resultantes de tal situación y sus posibilidades comerciales, así como también de su influencia política, no sabemos cómo expresarnos en términos adecuados a nuestra idea de las ventajas que se derivarán para la nación a partir de esta conquista” decía el Times de Londres ante la noticia que llegaba a la metrópolis de los acontecimientos del 25 de junio de 1806 en Buenos Aires.

Durante 46 días las tropas de Beresford ocuparon Buenos Aires durante las invasiones inglesas. Los Sarratea, los Escalada, y otros nombres tradicionales, se paseaban por sus calles del brazo a los ingleses que se jactaban de su dominio.

Pero fueron solo 46 días. Hasta que el pueblo humilde, desde las orillas se resolvió a echar al invasor y salir al encuentro con la propuesta política de resolverse a ser libres.

El teniente general invasor Whitelocke sostuvo en el juicio en su contra que “No hay un solo ejemplo en la historia, me atrevo a decir, que pueda igualarse a lo ocurrido en Buenos Aires, donde, sin exageración, todos los habitantes, libres o esclavos, combatieron con una resolución y una pertenencia que no podía esperarse ni del entusiasmo religioso o patriótico, ni del odio más inveterado. esperaba encontrar una gran porción de habitantes preparados a secundar nuestras miras. Pero resultó ser un país completamente hostil”

El Times de Londres, no tuvo mas remedio que sostener que “El ataque sobre Buenos Aires ha fracasado y hace ya tiempo que no queda un solo soldado británico en la parte española de Sudamérica. Los detalles de este desastre, quizás el más grande que ha sufrido este país desde el comienzo de la guerra revolucionaria, fueron publicados en el número anterior.”

46 días.

No es eterna la noche. Apenas oscura.

Hay que recuperar de nuestra historia los fundamentos para pensar un presente cargado de oportunidades geopolíticas.

Hay que motorizar un programa que nos permita derrotar definitivamente la invasión de timberos y saqueadores que pretende poner de rodillas el destino de nuestro Puebo.

Y mañana se vota. Y ninguno de éstos debates entra en una urna.