La cuestión colonial, entre bobos y frikis

13 de diciembre de 2025
David Acuña

David Acuña, historiador, profesor y militante peronista. 

Ante la situación de colonialidad extrema por la que transita la Argentina, la historia y el presente se solapan en una batalla de sentidos.

En la política es posible discernir entre ideologías que responden a los intereses de las clases dominantes e ideologías contestatarias que expresan a sectores antagónicos. Bajo esta concepción, la historia es un campo de batalla política que, bajo ropajes del pasado, disputa posiciones en el presente. Por tanto, solo puede haber dos interpretaciones sobre el pasado sin importar el posicionamiento ideológico al que uno adhiera pues la piedra angular sobre la cual se manifiestan estos dos grandes campos de disputa es la cuestión colonial, de la cual deviene por añadidura todo lo demás.

Tanto aquellas interpretaciones de la historia que por un error conceptual no ven la cuestión colonial como la determinante principal de la estructuración de la Nación en sus formas materiales de desarrollo de propiedad, formas de producción y representación política, al igual de quienes la niegan exprofeso, son parte constitutiva de la ideología de aquellos sectores dominantes que por derechas e izquierdas, hunden sus raíces en el liberalismo decimonónico con sus ideas de civilización, orden, progreso, ciudadanía, libertad de empresa y libre mercado.

Enfrentado al campo de fuerzas anterior, surge el nacionalismo como la aspiración de cohesionar una comunidad independiente de la sujeción colonial o imperialista. A diferencia del nacionalismo de los países centrales, en Argentina, tiene un carácter defensivo y no colonial. Y valga la aclaración, como señalara Hernández Arregui, esto no es una cuestión de grado sino de esencia y sustancia con la cual fue forjado. El nacionalismo en Nuestra América es producto de las luchas de los pueblos contra los agresores de la Nación. En Europa y Estados Unidos, el nacionalismo es la justificante de su expansionismo depredador y supremacista.

Para que la oligarquía fuera capaz de llevar adelante su proyecto de Nación debió vencer por medio de una guerra civil a quienes le disputaban o ponían en cuestión su legitimidad. Así, a la derrota del federalismo le siguió la guerra de exterminio y policía de Mitre sobre el gauchaje; la destrucción de la autonomía paraguaya y la subordinación de las sociedades originarias de la Patagonia y el Chaco.

La unificación territorial, la organización del Estado y el modelo económico agroexportador, fueron los garantes de la reproducción social de la propia oligarquía, implicando una alianza con el mercado británico. La libre navegabilidad de nuestros ríos, hacer la vista gorda sobre la ocupación de Malvinas y las diversas concesiones a los capitales británicos radicados en el país conformando aquello que Arturo Jauretche denominó como “estatuto legal del coloniaje” dejando claro que es la cuestión colonial la que garantizó su progreso de clase. El liberalismo es la ideología de los sectores dominantes que se hacen del gobierno del Estado para su beneficio de clase. El liberalismo es pérdida de soberanía.

En el siglo XX, retomando el camino sanmartiniano de colocar al pueblo como actor protagónico de la su propia liberación, militares como Enrique Mosconi, fundador de YPF; Manuel Savio, forjador de la siderurgia nacional; Juan Ignacio de San Martín, padre de la aeronáutica; Hernán Pujato, pionero de nuestra presencia en la Antártida y Víctor Luis Vecat, referente de la industria militar, allanaron el camino para que la Revolución Justicialista que liderara el Gral. Juan Domingo Perón cambiara sustancialmente la fisonomía institucional y social del país bajo el desarrollo de un proyecto nacional contrapuesto al liberal. El nacionalismo es lo popular vuelto gobierno del Estado en beneficio de la comunidad. El nacionalismo popular es reafirmación soberana contra el agresor.

Este nacionalismo popular que se encarna en el peronismo originario no podría haberse realizado sin encontrar en el movimiento obrero y en los sectores industrialistas del ejército, los cuadros adecuados para llevar adelante el proceso de industrialización del país. La nacionalización de los depósitos bancarios, el control estatal sobre el comercio exterior y la nacionalización de los servicios públicos fueron el andamiaje donde el justicialismo construyó un modelo de desarrollo industrialista capaz de garantizar por primera vez en nuestra historia la independencia económica, y, con esta, la real soberanía política.

En todo esto es bueno tener en cuenta, que, sin la alianza de un sector de las fuerzas armadas con el movimiento obrero organizado, la industrialización del país, el bienestar de las masas y el afianzamiento de nuestra soberanía aprovechando una coyuntura internacional favorable, no se hubiera podido realizar.

Que el chauvinismo a lo bobo, que ve en la adquisición de aviones de museo un acto de reafirmación; como el progresismo friki, que sigue despreciando lo militar per se; ambos tributarios del liberalismo histórico, no nos confundan sobre el real problema que atraviesa la Argentina: su situación colonial extrema donde es sumamente imprescindible resolver su desarme cognitivo, carencia sustancial de cuadros patrióticos y explicitación de un proyecto de liberación que despabile al pueblo del hambre, la falta de trabajo, los palos y el algoritmo idiotizante.