La cosecha se fue al exterior: cómo las grandes exportadoras se llevan los dólares que el país necesita

07 de noviembre de 2026
Mariano Luna

La Argentina acaba de batir un récord histórico de exportaciones. El campo, la minería y Vaca Muerta generaron más divisas que nunca. Pero un nuevo informe del IPyPP demuestra que ese “boom” es una fuga de capitales con otro nombre: las 24 empresas que concentran el 38% de las exportaciones triangulan operaciones en Uruguay y Países Bajos, subfacturan ventas, se endeudan con sus propias casas matrices y giran utilidades al exterior. El resultado es un país que produce dólares para que otros los disfruten. El extractivismo no es desarrollo: es la forma más sofisticada del saqueo.

El titular estaba en todos los portales. “Exportaciones récord: la Argentina superó los 27.000 millones de dólares en el primer semestre”. El gobierno lo celebró como la prueba definitiva de que el modelo funciona. Vaca Muerta batiendo marcas, el litio consolidándose como el segundo exportador mundial, el agro con cosechas históricas. La foto perfecta del “éxito” macroeconómico.

Pero había un detalle que ningún funcionario mencionó. Un nuevo informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP), titulado “Extractivismo: la disputa por los dólares y la renta”, acaba de desnudar la otra cara de ese récord: “la inserción exportadora no cumple meramente una función de abastecimiento de divisas para el balance comercial, sino que funciona de manera simultánea como el principal canal de transferencia de ingresos y riqueza hacia los centros decisorios globales y las jurisdicciones de baja o nula tributación”.

Traducido: los dólares entran, sí. Pero salen casi al mismo ritmo. Y lo hacen por la puerta grande, con nombre y apellido.

 

La cúpula que controla la llave de las divisas

El informe de Gustavo García Zanotti y Martín Schorr es una radiografía del poder económico argentino. “24 firmas pertenecientes a los sectores del agronegocio, el litio, el resto de la minería y los hidrocarburos concentran el 38% de las exportaciones del país”. No es un dato menor. En una economía con restricción externa crónica, ese puñado de empresas tiene en sus manos la llave de la estabilidad cambiaria.

El agronegocio está dominado por multinacionales (Cargill, Bunge, Dreyfus, Cofco) y por firmas locales como Molinos Agro, AGD y ACA. El litio, por “diversas empresas multinacionales” como Rio Tinto, Ganfeng Lithium y Lithium Argentina, con participaciones minoritarias de Jujuy Energía y Minería. La minería, por Barrick Gold, Newmont, AngloGold Ashanti y Hochschild. Y el petróleo, por una estructura heterogénea donde conviven YPF, Vista, Pan American Energy, Tecpetrol y Pluspetrol.

“Esta elevada concentración de las exportaciones en un número reducido de grandes empresas les otorga una posición estratégica en la provisión de divisas y puede condicionar significativamente el diseño y la implementación de las políticas públicas”, advierte el documento. No se trata solo de quién exporta. Se trata de quién decide cuándo y a qué precio se liquidan las divisas.

 

La triangulación: el mecanismo de la fuga

El informe revela los mecanismos concretos que utilizan estas corporaciones para llevarse las ganancias. El primero es la triangulación comercial con filiales en guaridas fiscales. “Una filial argentina puede vender su producción a una empresa vinculada radicada en el exterior a un precio inferior al de mercado. Posteriormente, esta última puede revender la mercancía a su precio de mercado y apropiarse de la diferencia”.

El caso de Molinos Agro es emblemático. La empresa canaliza sus exportaciones a través de Molinos Overseas, una sociedad radicada en la zona franca uruguaya donde no paga impuestos. Durante el ejercicio 2025-2026, “el equivalente a unos 108.376 millones de pesos fueron trasladados a Uruguay mediante diferencias en los precios de transferencia aplicados al comercio exterior, lo que equivale al 27% de la ganancia bruta de la empresa”. En el ejercicio anterior, el monto había sido de 70.973 millones.

El caso de Vista Energy es aún más escandaloso. La petrolera de Miguel Galuccio creó una filial en zona franca uruguaya hacia fines de 2025 “para canalizar la totalidad de las exportaciones realizadas por su empresa argentina”. Entre enero y septiembre de 2026, Vista exportó por 1.136 millones de dólares. Comparando los precios declarados con los de referencia internacional, el IPyPP estimó una “presunta subfacturación acumulada en unos 182 millones de dólares”, equivalente al 16% del valor total exportado.

Y en el litio, Minera Exar —controlada por Ganfeng Lithium (China) y Lithium Argentina (Canadá)— presenta un endeudamiento con su propia casa matriz radicada en Países Bajos. En 2025, “la filial argentina devengó intereses vinculados de su deuda intra-firma por unos 115 millones de dólares”, cuando su facturación fue de 271 millones. Es decir, “el elevado endeudamiento constituye una forma para remitir parte de las ganancias hacia el exterior, al mismo tiempo que se reduce la ganancia imponible en Argentina”.

 

La “puerta giratoria” de Vaca Muerta

El informe del IPyPP se complementa con la evidencia que viene relevando el Observatorio de Energía de EJES. “Las petroleras que operan en el yacimiento pidieron préstamos por 936 millones de dólares mensuales en promedio, una cifra superior a los 754 millones que generaron por exportaciones”. Es decir, “lo único que dejará Vaca Muerta son deudas”, como sintetiza el economista Marco Kofman.

Las empresas se endeudan en el exterior, traen dólares que sostienen la estabilidad cambiaria, y luego los giran al exterior vía pago de intereses, utilidades y servicios intrafirma. “El superávit de Vaca Muerta se usó para la dolarización del ahorro y el pago de dividendos”, confirma un informe del CESO: en lo que va de 2026 salieron del sistema casi 13.000 millones de dólares por compra de billetes y otros 3.200 millones por giro de dividendos.

 

El excedente que no se invierte

El informe del IPyPP analiza también el destino del excedente de las ocho principales empresas exportadoras. El resultado es contundente: “las firmas seleccionadas no registraron, en términos generales, un incremento significativo de sus inversiones productivas”. Mientras tanto, “el stock de inversión financiera aumentó de los 2.400 millones de dólares en 2024 a los 5.200 millones en 2026”.

“Los recursos excedentes se canalizan crecientemente hacia la acumulación de activos financieros externos e internos, la consolidación de pasivos en moneda extranjera y, fundamentalmente, diversas modalidades de salida de capitales”. La rentabilidad extraordinaria que generan los recursos naturales no se traduce en más fábricas, más empleo o más industrialización. Se traduce en más activos financieros y más fuga.

 

Conclusión: el extractivismo no es desarrollo

El informe del IPyPP cierra con una advertencia que suscribo sin reservas: “la configuración contemporánea del modelo primario-exportador argentino consolida un patrón de acumulación de carácter excluyente y regresivo”. Los sectores que el discurso oficial presenta como los “motores del desarrollo” “actúan, en los hechos, como epicentros de extracción de riqueza que debilitan al Estado en su capacidad de captación fiscal, profundizan la vulnerabilidad externa y obturan la posibilidad de construir un proceso de desarrollo industrial soberano”.

La Argentina no necesita más “récords” de exportación que se fugan por la ventana financiera. Necesita industrializar sus recursos, recuperar el control estatal de las cadenas de valor, gravar la renta extractiva y poner fin a la triangulación y la subfacturación. Mientras el país siga siendo un proveedor de materias primas baratas y un paraíso para la planificación fiscal agresiva, el “boom” exportador será una mala noticia disfrazada de buena. Los dólares se van. Las deudas quedan. Y el desarrollo, seguimos esperándolo.