La bicicleta corporativa

30 de mayo de 2026
Yasmin Alarcam

Yasmin Alarcam es estudiante de comunicación social en la UNCOMA, integrante del equipo de InfoNativa

Un informe del IPyPP revela que las grandes corporaciones argentinas aumentaron su deuda externa en 10.000 millones de dólares durante el gobierno de Milei. Lejos de destinarse a producir más, los fondos se fueron a comprar activos financieros y empresas existentes. Las ganancias se duplicaron. El modelo neoliberal, una vez más: la rentabilidad privada se construye sobre la fragilidad colectiva.

Hay una frase que se repite como un mantra en los gobiernos neoliberales: "primero hay que crecer, después se distribuye". La historia argentina demuestra lo contrario. El crecimiento de unos pocos nunca derrama. Y el informe que acaba de publicar el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) titulado "El endeudamiento de las Grandes Empresas en el gobierno de Milei", viene a confirmarlo con números contundentes.

Bajo la administración de Javier Milei, las grandes corporaciones argentinas protagonizaron un nuevo ciclo de endeudamiento externo. Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025, el stock de deuda financiera externa del sector privado concentrado aumentó en aproximadamente 10.000 millones de dólares. Y el 80% de ese incremento corresponde a un solo sector: el de hidrocarburos.

Pero el dato más revelador no es cuánto se endeudaron, sino para qué usaron esa plata. Y ahí aparece la grieta definitiva entre la economía real y la economía financiera.

 

El negocio del endeudamiento barato

El informe del IPyPP, elaborado por Gustavo García Zanotti y Martín Schorr, parte de una constatación histórica: "En la historia argentina cada administración de orientación neoliberal ha inaugurado un ciclo de endeudamiento corporativo: desde la última dictadura hasta el gobierno actual de Javier Milei se han repetido las experiencias".

En esta nueva fase, las condiciones fueron ideales para las grandes empresas. El blanqueo de capitales inyectó miles de millones de dólares al sistema financiero local. Los bancos, con excedentes de divisas por las restricciones cambiarias, ofrecieron financiamiento en moneda extranjera a tasas bajas. Y el atraso cambiario hizo que endeudarse en dólares fuera "barato" en comparación con hacerlo en pesos.

El resultado fue una verdadera fiesta de colocación de Obligaciones Negociables (ON). Entre enero de 2024 y marzo de 2026, las empresas argentinas emitieron cerca de 29.000 millones de dólares en bonos corporativos. Y como suele ocurrir en estos procesos, la emisión estuvo altamente concentrada: las diez empresas más grandes explicaron dos tercios del total.

El podio de los endeudados lo encabeza YPF (17% del total emitido), seguida por Telecom (9%), Pampa Energía (7%), Vista Energy (7%), Pluspetrol (5%), Tecpetrol (5%) y Pan American Energy (5%). El informe lo dice sin vueltas: "Se trata de empresas de capitales de origen nacional, entre las que se destacan YPF y otras controladas o vinculadas a grupos económicos como Clarín (Telecom), Mindlin (Pampa Energía, TGS), Galuccio (Vista), Rodríguez/Rev (Pluspetrol), Techint (Tecpetrol), Bulgheroni (Pan American Energy) y Vila/Manzano (Edenor)".

 

La productividad fantasma: más finanzas que fábricas

Si una empresa se endeuda, lo lógico sería pensar que necesita fondos para invertir, para ampliar su capacidad productiva, para generar más empleo. Pero el informe del IPyPP demuestra que ese no fue el caso. Los autores son taxativos: "Lejos de una distribución sectorial equilibrada, estos pasivos se concentran de manera asimétrica en producciones extractivas y algunas de infraestructura, donde un núcleo reducido de firmas ha liderado las colocaciones de bonos corporativos".

Y más adelante agregan: "El destino de estos flujos de capital revela que el endeudamiento no se traduce necesariamente en una expansión de la formación de capital fijo. Una parte del financiamiento obtenido se orienta hacia estrategias de centralización del capital mediante la adquisición de activos existentes y a la gestión de carteras financieras".

¿Qué significa esto en criollo? Que la plata no se usó para abrir nuevas fábricas, contratar más trabajadores o desarrollar tecnología. Se usó para comprar empresas que ya existían (como la compra de Telefónica por parte de Telecom, o los activos de ExxonMobil y Petronas por parte de Pluspetrol y Vista), o directamente para hacer inversiones financieras: fondos comunes de inversión, títulos públicos, acciones, bonos.

Los números son elocuentes. Las empresas analizadas en el informe incrementaron sus tenencias de activos financieros de 5.400 millones de dólares en 2023 a 7.700 millones en 2025. El caso más extremo es el de Transportadora de Gas del Sur (TGS), que acumuló activos financieros por 1.033 millones de dólares, equivalentes a más del 33% de sus activos totales. Al mismo tiempo, la empresa distribuyó dividendos por 158 millones de dólares. Es decir, se endeudó, acumuló liquidez y repartió ganancias, mientras la inversión productiva de la firma cayó en el período.

 

Ganancias récord en medio del ajuste

Mientras los salarios se derrumbaban y la pobreza trepaba, las grandes corporaciones incrementaron sus ganancias de manera fenomenal. El informe del IPyPP muestra que los resultados operativos de las empresas analizadas se duplicaron entre 2023 y 2025, pasando de 5.526 millones de pesos (a valores constantes) a más de 10.105 millones. Y la rentabilidad promedio (ganancias sobre ventas) saltó del 9,6% al 16,3% en apenas dos años.

¿Qué explica este boom de ganancias en un contexto de recesión? Los autores lo atribuyen a las políticas del gobierno de Milei: "el shock devaluatorio inicial, la suba de tarifas de servicios públicos, la puesta en marcha del RIGI y diversas medidas de 'desregulación' económica". En otras palabras, el ajuste lo pagaron los trabajadores y los sectores populares, mientras las corporaciones se beneficiaron con precios relativos más favorables y una transferencia de ingresos desde el conjunto de la sociedad hacia los sectores concentrados.

 

El problema de los vencimientos: la bomba de tiempo que viene

El endeudamiento no es gratis. Tarde o temprano hay que pagarlo. Y aquí aparece el otro gran problema que señala el informe: el perfil de vencimientos de esta deuda corporativa es una verdadera bomba de tiempo.

Solo en 2026, las principales empresas analizadas enfrentan vencimientos por cerca de 5.000 millones de dólares. Y de 2027 en adelante, los compromisos ascienden a más de 24.000 millones de dólares. El informe advierte que "este escenario plantea potenciales tensiones sobre la capacidad de refinanciación y repago, especialmente en un contexto de restricción externa persistente y elevada dependencia del acceso al financiamiento en moneda extranjera".

En criollo: cuando estas empresas tengan que pagar sus deudas, van a necesitar dólares. Y los dólares en la Argentina son un recurso escaso, que el país obtiene con dificultad a través de las exportaciones. Si las reservas del Banco Central no alcanzan, el gobierno nacional tendrá que intervenir -como ya ocurrió en 1982 y en 2001- para rescatar a las empresas endeudadas, socializando las pérdidas y privatizando las ganancias.

 

El patrón que se repite

El informe del IPyPP tiene el enorme mérito de poner el foco en un aspecto central del modelo económico actual que suele quedar oculto detrás del debate sobre el déficit fiscal o la inflación. La Argentina no sólo tiene un problema de deuda pública. También tiene un problema de deuda privada concentrada, que ante cualquier sacudida externa se transforma en un problema de todos.

Los autores lo resumen con claridad: "El nuevo ciclo de endeudamiento corporativo enmarcado en el programa económico de La Libertad Avanza constituye una nueva fase de un proceso de financiarización que ha caracterizado históricamente a los experimentos neoliberales en el país".

No es nuevo. Ocurrió durante la dictadura, ocurrió en los noventa, ocurrió con Macri. Y siempre terminó de la misma manera: crisis cambiaria, fuga de capitales, devaluación y un ajuste que pagan los mismos de siempre. Mientras tanto, las grandes empresas -las mismas que hoy festejan sus ganancias récord y reparten dividendos- ya están preparando la salida.

La moraleja de esta historia es antigua pero sigue siendo ignorada: en el modelo neoliberal, la rentabilidad privada se construye sobre la fragilidad colectiva. Y cuando la bomba explota, los que la desactivamos con nuestros impuestos, nuestro trabajo y nuestra paciencia somos todos los demás.