Fin del mundial: ganaron las apuestas

01 de agosto de 2026
Diego Arturo

Diego Hernán Arturo es comunicador social, socio fundador de la cooperativa EME contenidos, militante político y de la economía social.

Columna política y deportiva del Mundial 2026 por Diego “Vasco” Arturo.

Finalizó el Mundial 2026, cerrando el torneo más grande y conflictivo de la historia. No solo por las 48 selecciones o los tres países anfitriones, sino por una acumulación de tensiones que comenzaron mucho antes del primer partido. Terminó siendo un espejo de las grietas actuales: guerras activas, crisis migratorias, boicots simbólicos y fallos que rompieron el pacto de las reglas del juego. La sensación general indica que el fútbol ya no es un deporte sino un show, y que ya no puede fingir neutralidad en las estructuras fijas de decisión.

Donald Trump solicitó a Gianni Infantino la revisión de la tarjeta roja directa que el goleador estadounidense Folarin Balogun vio en octavos de final. La FIFA levantó la suspensión, la misma que premió con el Nobel de la paz a Trump. La selección de Irán debió trasladar su campamento en todas las jornadas de grupo de Tijuana, México, a Arizona. Por su parte, el árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, elegido mejor de África en 2025, fue vetado en el aeropuerto de Miami por la administración Trump.

Los problemas no fueron solo geopolíticos. Mucho antes de que rodara el balón, el acceso al torneo se convirtió en un filtro económico brutal. Los precios de las entradas, los vuelos y los hoteles, junto con la reventa y los paquetes oficiales, se dispararon. Lo que antes era una decisión emocional pasó a ser cálculo frío; muchas familias que ahorraron durante años simplemente no pudieron justificar el gasto. Esa escalada de costos dejó afuera a los hinchas de a pie.

Las grandes marcas patrocinadoras captaron millones, pero los ganadores fueron el entramado de corporaciones transnacionales, una élite político-empresarial que gestiona el negocio de la comunicación, la televisación, el entrenamiento y el espectáculo. No solo por el consumo sino porque el hincha de selecciones nacionales dejó de ser protagonista y pasó a ser cliente, además de un potencial enfermo de ludopatía con las masivas propuestas de las casas de apuestas para apostar.

El certamen hizo explotar las apuestas online mientras crece la preocupación por su impacto entre los adolescentes, desde la salud mental hasta el endeudamiento. Las publicidades que las fomentan se multiplican en un mercado que mueve miles de millones en el marco del Mundial de Fútbol. A falta de una ley nacional, un sector poblacional cada vez más joven cae en un juego que no solo mancha la pelota, sino que acarrea graves consecuencias.

Con el arranque de la cita internacional, las pantallas se inundaron de avisos que incentivan a jugar y divertirse. Incluso usaron IA para recrear a Diego Maradona, máximo referente del deporte, asociando el apostar con demostrar que “acá se juega con pelotas”, como si Diego dijera eso… miserables y canallas.

En cuanto a los partidos, estas plataformas permiten apostar no solo por resultados finales sino por múltiples variables: quién marcará, en qué minuto, si alguien remontará, tarjetas rojas, córners o laterales.

El encuentro avanza y lo que abonan las casas de apuestas por cada variable se incrementa o decrece segundo a segundo según la posesión del balón, o de forma exponencial si el marcador se modifica. Múltiples organismos vienen advirtiendo sobre el incremento de la ludopatía en segmentos cada vez más jóvenes y los nuevos desafíos que plantea la digitalización de las apuestas.

Ya no es necesario trasladarse a un lugar físico para apostar: todo se concentra en un celular con la posibilidad de jugar las 24 horas y con barreras franqueables para los menores de 18 años. A ello se suma que en Argentina el acceso a billeteras virtuales está habilitado desde los 13 años sin control parental obligatorio, lo cual facilita el desvío de dinero para poder apostar.

Un reciente estudio dio cuenta del impacto de estas publicidades durante las polémicas pausas de hidratación y su nexo directo con el aumento de búsquedas en google de casas de apuestas online. Durante el juego sus búsquedas caen a niveles mínimos, pero se disparan con la publicidad en los cooling break, llegando a ser hasta seis veces superiores a las generadas en el entretiempo.

Desde otro ángulo, las casas de apuestas deportivas durante las últimas semanas de este mundial, reportaron movimientos inusuales en los mercados relacionados con algunos partidos. Montos elevados colocados en minutos justo antes del inicio, apuestas concretas sobre el número de tarjetas mostradas o sobre si habría o no una revisión larga del VAR.

En este contexto adicional, aquello cobra todavía más sentido y más peso. Hay algo más que debe saber sobre el papel de las cadenas de televisión y los grandes patrocinadores. El mundial 2026 representa, según cifras públicas, contratos de transmisión y patrocinio que superan cualquier registro anterior, con marcas gigantescas invirtiendo fortunas en publicidad asociada al torneo.

Un escándalo de esta magnitud, si se confirma completamente, pone en riesgo la credibilidad de todo ese ecosistema comercial. Por eso es comprensible, aunque de ningún modo justificable, que la FIFA actúe con tanta cautela al reconocer públicamente la gravedad del problema. Admitir un esquema de manipulación arbitral organizado sacudiría los cimientos financieros del negocio futbolístico, algo que ningún directivo hará sin evaluar opciones para minimizar el daño.

¿Quién se beneficia realmente con manipular decisiones del VAR en un mundial? Pensemos con cabeza fría, sin caer en teorías locas, pero analizando la lógica y el sentido común. Primero, las apuestas deportivas mueven cifras astronómicas en cada certamen, con mercados que van desde el ganador hasta la cantidad de tarjetas. Si existe un grupo con información privilegiada sobre los fallos arbitrales antes del pitido inicial, el potencial de ganancia ilícita es brutal.

En segundo término, están los intereses comerciales de ciertas selecciones o patrocinadores con mayor peso económico, cuya presencia en rondas finales representa mucho más dinero en televisión y mercancía. Tercero, intereses políticos detrás, gobiernos que ven en el éxito deportivo de su selección una herramienta de popularidad que vale la pena asegurar, aunque sea de manera turbia.

Si sufrís o conoces a alguien que tenga consumos problemáticos con apuestas online podés llamar al Sedronar de manera gratuita y confidencial, las 24 horas, a la línea 141, escribirles por WhatsApp al 11-2662-0043 o por mail a info@sedronar.gob.ar