El saqueo de la Patria por ríos y mares

01 de noviembre de 2025
David Acuña

David Acuña, historiador, profesor y militante peronista. 

"Mientras el peronismo no vuelva a verse a sí mismo como un movimiento de liberación nacional con intereses antagónicos a los anglosajones, verdadero enemigo de la Patria, sucumbirá a la tentación de parafrasear imperialistas"

Nuestro país posee una superficie total de 6.581.500 km2 en el agua y unos 3.761.274 km2 en tierra firme incluyendo islas del Atlántico Sur y Antártida. Esta realidad nos permite afirmar que somos un país marítimo del cual el 63% de su superficie es territorio marítimo.

La monarquía británica ha usurpado colonialmente casi la tercera parte de nuestra superficie bicontinental total, de la cual menos de 16.000 km² son tierras comprendidas por los archipiélagos de las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur. Ergo, Gran Bretaña también entiende que nuestra realidad es marítima y que parte de nuestra riqueza se encuentra sumergida.

Las licencias de pesca otorgadas ilegalmente por el giobierno colonial británico permiten colocar a los habitantes usurpadores de Malvinas dentro de los diez primeros PBI/per capita del mundo. Sin embargo, Gran Bretaña no es el único país que se beneficia con el saqueo de nuestros recursos. Las flotas pesqueras de España, Taiwán, Corea del Sur y China se benefician de esta situación, como así mismo lo hace Chile prestando logística desde Punta Arenas y asentando colonos en las islas.

En la vía troncal navegable Paraná-Paraguay (mal llamada Hidrovía) desde Puerto Cáceres (Brasil) hasta el puerto de Buenos Aires, existen más de un centenar de terminales portuarias, de las cuales en su gran mayoría están operadas por capitales multinacionales. El 80% de nuestras exportaciones agropecuarias transitan por esta vía. También lo hacen los productos del narcotráfico y el contrabando argentino-paraguayo, lo cual es posible por el retiro del Estado en su función de policía y fiscalización de los puertos.

En 1995 el gobierno de Carlos Menem entrega en concesión privada la operatoria de la vía troncal Paraná-Paraguay por 15 años a la empresa Hidrovía S.A. integrada mayoritariamente por capitales belgas. Durante el año 2010, el gobierno de Cristina Fernández extiende el contrato por diez años más ampliando tanto las condiciones del contrato como de la superficie de aplicación del mismo. Recién en septiembre del año 2021, durante la presidencia de Alberto Fernández, la operatoria pasó nuevamente a manos del Estado Nacional mediante la Administración General de Puertos hasta el momento.

El presidente Alberto Fernández, el mismo que recuperó la operatoria de la vía troncal Paraná-Paraguay (no por nacionalismo, sino por controversias licitatorias), mostraría su verdadera hilacha al recular en chancletas ante la posibilidad de hacerse cargo de la empresa Vicentin e intervenir en el mercado agroexportador defendiendo la mesa de los argentinos. Nobleza obliga, hay que señalar, que su falta de patriotismo no es un acto de individualismo, sino a una coherencia de procedencia, ya que su espacio político partidario (Frente Renovador) fue parido por la propia embajada estadounidense y bautizado por Macri en Davos.

En el drenado de nuestras riquezas por el Paraná, resulta clave la logística brindada por el puerto de Montevideo facilitando operaciones de triangulación, evasión impositiva y reabastecimiento de los buques procedentes de China, Corea, Taiwán y España, que luego retornar a los límites de la milla 200, frente al Golfo San Jorge.

Durante el año 2013 la operatoria del puerto de Montevideo se vio comprometida cuando la presidenta Cristina Fernández prohibió los transbordos de mercaderías argentinas en puertos uruguayos, dificultándose la recepción de cargas de frutas y pescado del sur argentino. Durante la gestión de Macri, se dio marcha atrás con esta medida y Montevideo volvió a ser el segundo mayor puerto receptor de pesca ilegal en el mundo constituyéndose en la puerta de entrada y salida de cargas refrigeradas con destino final a la Unión Europea y China.

Las cuestiones planteadas pueden parecer, si se las mira superficialmente, como controversias en torno al ejercicio de la soberanía, pero no lo son. Son apenas, controversias entre capitales multinacionales que operan geopolíticamente en el tablero de América del Sur: Argentina, Uruguay, Chile, Paraguay y Brasil, son terrenos de disputas de las multinacionales.

La concreción del Canal Magdalena contribuiría a la integración territorial de nuestro país sólo si se lo piensa bajo una lógica complementaria de un renacimiento de nuestra flota pesquera y mercante, de un control efectivo del Estado de nuestras aguas y de lo que por ella se transporta. Sino, solo volvería a ser una pieza más en el tablero de disputa entre capitales.

Pensar hoy la secesión de alguna provincia argentina es algo improbable. Pero si ante el somero cuadro de situación descrito en los puntos anteriores, nos ponemos a pensar que el intervencionismo extranjero, sobre todo el anglosajón, llegó a nuestra casa por los mares y ríos que conforman nuestro territorio no es una locura pensarlo.

Gran Bretaña ha ambicionado nuestras tierras mucho antes y después de las invasiones de 1086 y 1807. Su intervencionismo económico quedó de manifiesto con el empréstito amañado de la Baring Brothers en 1824 y su diplomacia colonialista encontró abyectos genuflexos que le ayudaron a separar a la Banda Oriental del resto de las Provincias Unidas.

Una vez más apareció en escena con sus bayonetas caladas cuando usurpó Malvinas en 1833, luego de que tropas estadounidenses atacaran Puerto Soledad dos años anotes. La ambición de la burguesía londinense se mostró en Vuelta de Obligado en 1845 y luego hizo fluir su oro garantizando la destrucción del Paraguay e imponiendo a toda la Cuenca del Plata un mismo modelo económico: el agroexportador; y un mismo modelo de gobierno: la república oligárquica.

Hasta el derrocamiento de Perón en 1955 tuvo aroma inglés, no solo por el origen de las bombas que cayeron sobre Plaza de Mayo, sino por la comprensión de Winston Churchill al señalar que de no acabar con la Revolución Justicialista había riesgo de que el resto de Sudamérica se le uniera perjudicando la política colonial británica en la región.

Podríamos seguir hablando de Gran Bretaña en 1982 y lo que significó para nosotros los Acuerdos de Madrid y la democracia de baja intensidad de vivimos desde 1983, verdadero producto de posguerra. Pero lo que sí hemos intentado dejar en claro, es que la diplomacia anglosajona ha sido muy hábil en el fomento de la fragmentación territorial de los espacios geográficos nacionales que le han dado pelea históricamente logrado conformar países pequeños, frágiles y con clases dominantes dóciles.

Hoy nos gobierna Javier Milei, que, a pesar de tener evidentes problemas mentales, hace bien su papel de administrador de intereses foráneos. Sin embargo, lo que en él se presenta como alineamiento natural a los intereses anglosajones, volviéndolo un amante lambiscón de Donald Trump, Margaret Tatcher o Winston Churchill, en su oposición aparece como falta de coraje y patriotismo.

Mientras el peronismo no vuelva a verse a sí mismo como un movimiento de liberación nacional con intereses antagónicos a los anglosajones, verdadero enemigo de la Patria, sucumbirá a la tentación de parafrasear imperialistas o presentarse como el buen socio de negocios que garantiza la paz social al extranjero.

Mientras más lejos de los yanquis, británicos e israelíes estemos, más libre será la Argentina. Y si desde el peronismo hay alguien que así no lo cree o siente, es porque se ha pasado al enemigo.