El nuevo capítulo de la colonización energética de Vaca Muerta
Washington exige a la cooperativa neuquina CALF que cancele su contrato con la empresa china Huawei. Amenaza con revocar visas. China acusa "chantaje". El gobierno de Milei calla. Mientras tanto, el embajador Lamelas define qué tecnología puede usarse en el corazón de Vaca Muerta. No es un conflicto comercial. Es la consolidación de un modelo de enclave: la Argentina como reserva energética de Estados Unidos.
Lo que comenzó como una compra habitual de materiales para el tendido de fibra óptica en Neuquén se convirtió en un choque diplomático entre China y Estados Unidos que expone, sin disimulo, el carácter colonial del modelo energético argentino. La Cooperativa Provincial de Servicios Públicos de Neuquén (CALF), una empresa que presta servicios eléctricos y de telecomunicaciones en la capital neuquina, firmó un contrato con el gigante tecnológico chino Huawei para desplegar infraestructura de fibra óptica en la provincia.
La respuesta de Washington fue inmediata y brutal. El encargado de Asuntos Económicos de la Embajada de Estados Unidos, Andrew Dilts, comenzó a enviar mensajes de WhatsApp al gerente de Tecnologías de la Información de CALF, Sergio Fernández Novoa, con un tono que el propio directivo calificó como "intimidante" y "nada grato". "Estimado Sergio. El motivo de mi solicitud urgente de una llamada es que el gobierno estadounidense está implementando una nueva política que restringe o revoca visas para los directivos que expanden las operaciones de Huawei en Argentina".
La amenaza era explícita: si CALF mantenía su contrato con Huawei, sus directivos perderían el derecho a viajar a Estados Unidos. No hubo un comunicado formal ni un procedimiento diplomático. Fue un mensaje de WhatsApp. Una advertencia directa de una potencia extranjera a una cooperativa argentina.
"Si contratan a Huawei, contratan al Ejército chino"
No es la primera vez que la embajada estadounidense presiona en Neuquén. Según fuentes en reserva, el mismo Dilts había planteado en una visita a la ciudad que "si contratan a Huawei, están contratando al Ejército chino". La postura de Washington es clara: cualquier presencia tecnológica china en Vaca Muerta es una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos.
El embajador Peter Lamelas fue aún más lejos en el AmCham Energy Forum de Buenos Aires. "Cualquier dato que pasa por su tecnología y sus redes de IA es todo controlado por el Partido Comunista Chino. Esto no vale y tampoco va a ayudar a atraer inversores extranjeros a Vaca Muerta". Y remató: "Pregúntense por qué en uno de los países más capitalistas y más libres del mundo, los Estados Unidos, no se puede comprar ni vender equipos de Huawei".
El argumento central de Washington es que la infraestructura de telecomunicaciones en Vaca Muerta es "información crítica" y que su control forma parte de la "seguridad nacional" de ambos países. "La seguridad energética de los datos es seguridad nacional de ambos países", afirmó Lamelas. No dijo "seguridad de Argentina". Dijo "seguridad de ambos países". Como si los datos de Vaca Muerta fueran tan estratégicos para Washington como para Buenos Aires.
China responde: "chantaje de visados" y "prácticas hegemónicas"
La respuesta de China no tardó en llegar. A través de un duro comunicado, la Embajada de China acusó a Estados Unidos de "arrogancia", "hipocresía" y de incurrir en un "chantaje de visados". Denunció que Washington "ha avivado deliberadamente la teoría de la amenaza china y generalizado el concepto de seguridad nacional para impedir de forma descarada que una empresa argentina tenga una cooperación normal con Huawei".
El comunicado chino enfatizó que estas maniobras representan "un grave menoscabo de los principios del libre mercado" y una injerencia en la soberanía de terceros países. Instó a la Casa Blanca a poner fin a sus "prácticas hegemónicas".
La cooperativa CALF, por su parte, reclamó neutralidad y elevó su reclamo a la Cancillería argentina. En la Legislatura neuquina, los proyectos presentados para repudiar las presiones de la Embajada de Estados Unidos no consiguieron tratamiento sobre tablas y fueron girados a comisión. La política provincial, alineada con los intereses de las corporaciones y de Washington, optó por el silencio.
El silencio cómplice del gobierno argentino
El gobierno de Javier Milei no emitió un comunicado oficial. No repudió la injerencia. No defendió la soberanía tecnológica de una cooperativa argentina. Mientras el embajador de Estados Unidos definía qué empresas pueden operar en Vaca Muerta, la Cancillería argentina miraba hacia otro lado.
No es casualidad. El gobierno de Milei ha alineado explícitamente la política energética con los intereses de Washington. El RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones) fue diseñado para atraer capitales estadounidenses y europeos, y las empresas de EE.UU. ya están desembarcando con fuerza en Vaca Muerta. La cooperación militar en el Atlántico Sur, el acuerdo de minerales críticos y la sumisión al FMI son parte del mismo paquete: la Argentina como colonia de recursos.
El modelo de enclave: Vaca Muerta como reserva energética de EE.UU.
El caso CALF-Huawei no es un conflicto aislado. Es la expresión más cruda de un modelo que concibe a Vaca Muerta como una reserva energética de Estados Unidos. Washington no tolera que la tecnología china tenga acceso a los datos de una formación que considera estratégica para su seguridad nacional. No importa que la infraestructura sea de una cooperativa neuquina. No importa que la decisión deba ser soberana. Estados Unidos impone su veto y el gobierno argentino acepta.
Esta es la esencia del modelo de enclave: la Argentina aporta el territorio, el recurso y la mano de obra. Las corporaciones extranjeras —con el respaldo de sus gobiernos— se llevan la renta, el control y la decisión sobre el destino del recurso. Y ahora también definen qué tecnología puede usarse, qué empresas pueden operar y qué datos son "sensibles". La soberanía tecnológica es la última frontera que se entrega.
La hipocresía del imperio: lo que EE.UU. acusa a China, lo ejecuta en Argentina
El caso CALF-Huawei revela una contradicción profunda en la política estadounidense: mientras Washington acusa a China de querer controlar los datos y la infraestructura tecnológica de otros países, el propio gobierno de Estados Unidos ejerce ese mismo control sobre Argentina con una ferocidad que no admite eufemismos. No se trata de seguridad nacional. Se trata de dominio geopolítico.
La hipocresía de Washington se hace evidente cuando se analiza el conflicto entre el Pentágono y la empresa de inteligencia artificial Anthropic. En julio de 2025, Anthropic firmó un contrato por 200 millones de dólares con el Departamento de Defensa de EE.UU. para proveer su modelo Claude en operaciones militares clasificadas. La empresa aceptó que su tecnología se usara para inteligencia, análisis y apoyo a decisiones tácticas, pero estableció una línea roja: prohibió el uso de su IA para "operaciones letales autónomas" y "vigilancia masiva de la población civil".
La respuesta del Pentágono fue un ultimátum. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, exigió a Anthropic que eliminara todas las restricciones de uso y concediera "acceso total" a sus modelos. Amenazó con excluir a la empresa de la cadena de suministro militar o incluso invocar la Ley de Producción de Defensa, una herramienta de la Guerra Fría que permite al presidente controlar la industria nacional en nombre de la "seguridad nacional". El gobierno estadounidense no toleraba que una empresa privada pusiera límites éticos al uso de su tecnología por parte del ejército.
Finalmente, Anthropic fue expulsada de las cadenas de suministro del Pentágono por negarse a ceder el control total. El Pentágono, entonces, cerró acuerdos con otras siete empresas tecnológicas que sí aceptaron las condiciones de Washington. La lección es clara: para Estados Unidos, el control de los datos y la tecnología es un imperativo militar. No hay espacio para la soberanía tecnológica de terceros, ni siquiera para las empresas que la desarrollan.
Palantir y Peter Thiel: el vigilante global que ya está en Argentina
El otro eslabón de esta cadena de control es Palantir, la empresa de análisis masivo de datos fundada por Peter Thiel. Palantir es el brazo tecnológico del complejo militar-industrial estadounidense. La empresa ha recibido contratos millonarios del Pentágono, incluyendo un contrato por 1.300 millones de dólares para el proyecto Maven, que utiliza IA para procesar información de inteligencia en tiempo real. El Ejército de EE.UU. consolidó acuerdos con Palantir por cientos de millones de dólares en 2025. Su negocio es la vigilancia, la guerra y la represión, tal como lo describe el manifiesto de la empresa.
Peter Thiel no es un turista tecnológico. El cofundador de PayPal y Palantir llegó a Argentina en abril de 2026 y decidió radicarse temporalmente en el país. Compró una mansión de 1.600 metros cuadrados en el exclusivo Barrio Parque por 12 millones de dólares. Se reunió con el ministro de Economía, Luis Caputo, el presidente del BCRA, Santiago Bausili, y el propio Javier Milei. El gobierno argentino, a través del "Súper RIGI", está diseñando un régimen especial para atraer a empresas del complejo tecnomilitar de EE.UU., entre las que se destaca Palantir.
Thiel no cree en la democracia. En su ensayo "The Education of a Libertarian", afirmó sin ambigüedades: "Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles". Su visión propone un mundo donde los Estados se gestionen como corporaciones y donde los derechos ciudadanos sean reemplazados por una eficiencia algorítmica dictada por élites tecnológicas. Que un gobierno que dice defender la "libertad" reciba con alfombra roja a quien considera que la democracia es un experimento fallido es, al menos, una contradicción que debería preocupar a cualquier persona que defienda valores democráticos.
La amenaza real: el control de los datos argentinos
El gobierno de Milei, alineado con Washington, está entregando la infraestructura digital del país a una empresa que concibe la tecnología como herramienta de control. Palantir no vende software de oficina. Vende sistemas de vigilancia masiva, análisis predictivo de conductas y herramientas de inteligencia para la represión. Su desembarco en Argentina no es para vender planillas de cálculo, sino para "penetrar en el sistema de seguridad nacional".
Mientras Estados Unidos acusa a China de querer controlar los datos de Vaca Muerta a través de Huawei, el gobierno de Milei está abriendo las puertas a Palantir para que acceda a los datos de todo el Estado argentino. No es una teoría conspirativa. Es el manifiesto explícito de la empresa y la agenda declarada de su fundador. La misma lógica que Washington denuncia en Pekín, la aplica sin pudor en Buenos Aires.
Conclusión: la dependencia como programa
Lo que ocurre en Neuquén no es un desvío. Es la consolidación de un programa de dependencia absoluta. El gobierno de Milei, alineado con Washington, no solo entrega los recursos energéticos: entrega también la capacidad de decidir sobre la infraestructura crítica que los sostiene. La presión de Estados Unidos sobre CALF es el síntoma de una enfermedad más profunda: la Argentina ha dejado de ser un país soberano para convertirse en un apéndice energético de las potencias extranjeras.
El embajador Lamelas define qué tecnología es aceptable en Vaca Muerta. El gobierno argentino calla. La cooperativa neuquina es amenazada con perder visas. China denuncia "chantaje". Y mientras tanto, los pozos siguen extrayendo petróleo y gas que se exporta sin valor agregado, mientras los neuquinos pagan la garrafa más cara de la historia y la pobreza en la provincia alcanza al 44,6% de la población.
El colonialismo energético no es una teoría. Es una práctica que se ejerce todos los días, en cada contrato, en cada presión diplomática, en cada silencio cómplice. Y mientras el gobierno de Milei sigue celebrando la "libertad", la Argentina se convierte en una colonia cada vez más perfecta.
